Joaquín Garrigues Walker. 
 El gobierno tiene que superar el pasado     
 
 Informaciones.    24/01/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 30. 

JOAQUÍN GARRIGUES WALKER:

"El Gobierno tiene que superar el pasado"

«NOS GUSTE O NO, EL HECHO ES QUE LA BANDERA DE LA LIBERTAD, DE LA AMNISTÍA Y DE LA RECONCILIACIÓN ESTA EN MANOS DE LA IZQUIERDA.»

«PERO ESTA ES UNA SITUACIÓN COYUNTURAL. EN POCO TIEMPO SE ACABARA EL VERBALISMO DE IZQUIERDA Y HABRÁ MAS GENTE A LA DERECHA DE LO QUE AHORA SE PIENSA.»

HA pasado hace piteo los cuarenta años y, por tanto, no ha votado nunca en este país. Joaquín Garrigues Walker estudió Derecho, carrera que ejerció hasta 1963, fecha en que fue nombrado consejero-delegado de Liga Financiera, S. A., sociedad «holding» que agrupa a diversas empresas y en la que participan entidades bancarias nacionales y extranjeras. Miembro de una familia vinculada tradicionalmente a la abogacía, se especializó en temas financieros y empresariales a partir de un «stage» en un importante Banco de Nueva York.

Del mismo modo que había dejado de participar en otros Consejos cuando entró en el Consejo de Administración de Liga Financiera, abandonó este último cargo y otros consecuentes (SER, Autopistas Concesionaria Española, Autopistas de Cataluña y Aragón, AISA —camiones—, SATO —construcción—, etc.) a raíz de su dedicación activa a la política. Esto ocurría hace poco más de un año.

En junio de 1974 había organizado la famosa «cena de Aravaca», que fue un primer intento informal de poner de acuerdo a grupos y personas de diversas tendencias y partidos. Justamente, el «pacto» está en la base de las teorías políticas del señor Garrigues Walker. A finales del pasado año pone en pie el Partido Demócrata, basado en la organización a nivel regional y local que habíato logrado las sociedades de estudios Libra, S. A. El Partido Demócrata que preside don Joaquín Garrigues Walker se declara, naturalmente, democrático, liberal, social y con vocación europea. En pocas palabras, podría calificársele como un partido pensado para la gran clase media española, entre el centro y la derecha liberal.

Desde que abandonó sus actividades empresariales propiamente dichas, el señor Garrigues Walker ha venido ejerciendo intensamente su actividad política: viajes, discursos, artículos y entrevistas. Esta que les ofrecemos es, creemos, uno en la que quedan más claros su programa, sus ideas y sus diferencias políticas con, su padre, señor Garrigues y Díaz-Cañabate, y su suegro el señor Areilza.

—¿Cuáles son sus aspiraciones personales concretas?

—Yo no tengo ni he tenido nunca antes otra aspiración política que fe a» ayudar a organizar y formar parte de un partido político que represente los intereses de todo tipo de un determinado sector del país. Si hubiera pretendido otra cosa, pienso que habría tenido bastantes oportunidades durante el Régimen de Franco por el simple hecho de pertenecer a un cierto «status» social y económico. Pero mi actitud política ha sido y seguirá siendo Critica de cualquier fórmula autoritaria de gobierno, aunque al actuar «sí desaparezcan mis posibilidades Concretas de formar parte de un Gobierno d« ese tipo. Porque pienso que la política es algo más que ser ministro o director general en un momento dado.

—¿Y si la formula de selección de la oíase política no se modifica en el futuro?

—A mi, este supuesto me parece Impensable, pero si ese fuese el caso, yo seguiré como hasta ahora, intentando que se modifique el «status quo». Al elegir la vía del sufragio universal, soy consciente de que bien pudiera ocurrir que las cosas que digo no tuvieran eco alguno en el país, en cuyo caso mi futuro político personal acabaría antes de empezar. En otro caso, aspiro a llegar lo más arriba posible. En eso no tengo límite ni pongo techo, porque creo que el limite nos lo Van a poner a los aspirantes al Poder todos los españoles mayores de dieciocho años.

CLARIFICACIÓN POLÍTICA

—¿Existe realmente una «operación política de la derecha», que abarcaría amplios sectores de lo que se ha dado en llamar «derecha civilizada»?

—En el futuro inmediato habrá aquí, como en todos los países democráticos del mundo, partidos políticos a la derecha y a la Izquierda. En estos momentos, que yo sepa, no existe una operación política de la derecha, porque, entre otras razones, eso que se llama la derecha en términos amplios se habla sentido representada por Franco y había delegado en él, tácita en unos casos y explícitamente en otros, su representación política. En otras palabras, la derecha durante estos últimos treinta y cinco años no ha sentido la necesidad de organizarse y ahora tiene la sensación de que puede «pagar» el precio de no haberlo hecho. Se da la circunstancia, además, de que las asociaciones han complicado aún mas las posibilidades de que se organice esa derecha, pues algunos —quizá de buena fe— han pensado que esa podría ser una solución. Pero lo que en realidad se ha conseguido con el Estatuto de Asociaciones es fraccionar a esa derecha. Yo espero que esta situación no se prolongue mucho tiempo y que la derecha se convenza, de una vez por todas, que no se puede ni se debe renunciar a la libertad de todos ni al ejercicio del autogobierno sin pagar, tarde o temprano, las consecuencias de esa renuncia.

Ahora, un sector importante de esa derecha teme la salida de este Régimen, porque ha gobernado durante muchos años por la fuerza, silenciando a las fuerzas de izquierda. Nos guste o no, el hecho es que la bandera de la liberta de de la amnistía y de la reconciliación está hoy por hoy en manos de la izquierda. Y es lógico. Ella tiene los líderes con prestigio, los hombres que han estado en la cárcel por defender sus Ideales. El propio Partido Comunista —cuyo historial en el mundo que domina no es precisamente ejemplar— otorga en nuestro país patentes de democracia, diciendo quién es demócrata y quién no. Pero ya digo que esta es una situación coyuntural. En muy poco tiempo se acabará el verbalismo de Izquierda y habrá mucha más gente a la derecha de lo que ahora se piensa.

—¿Qué papel jugaría el llamado Partido Demócrata dentro de esa operación?

—El Partido Demócrata aspira a representar los intereses de un amplio sector de la clase media española. Y a representarlos precisamente en un marco político de libertades con el mayor grado posible de justicia social y orden público. Esa clase media a la que se dirige el Partido Demócrata, cada día con mayor eco y respuesta, está Integrada por profesionales de todos los oficios y condiciones y por el sector del mundo del trabajo que ha alcanzado un nivel de vida que debe ser aumentado y debe mejorar de calidad en el contexto de una economía de Iniciativa privada. Y a todos aquellos que entiendan, en definitiva, que las libertades individuales están hoy más que nunca amenazadas por el creciente poderío del Estado. En realidad, lo que Intentamos es construir un gran partido de cuadras liberales y base conservadora.

ELITISMO

—A ustedes, sin embargo, se les acusa de elitistas y de defender los intereses del gran capital.

—Nosotros no pretendemos representar a eso que se llama la oligarquía financiera o económica del país, porque esa oligarquía ni nos necesita ni nosotros nos prestaríamos a esa operación. Esa acusación yo diría que va fundamentalmente dirigida contra mí, porque en este momento soy la persona, dentro de

nuestra organización, que tiene una mayor presencia pública. Y es el caso que yo tengo una imagen pública condicionada por las circunstancias familiares, por mi previa actividad profesional y por un determinado «status» social. Todo esto, como es natural, repercute en mi Imagen política. Este es en cierto modo mi «handicap», pero todo hombre público tiene un «handicap» que superar. Fraga, supongo que tiene que superar su autoritarismo y su pasado histórico. Areilza, su historial político y ser un aristócrata. Ruiz-Giménez y Gil-Robles algún «handicap» tendrán. Y en la Izquierda supongo que Carrillo, Tierno y Felipe González tendrán alguna faceta negativa. En la vida política nadie puede tirar la primera piedra. En este terreno, todos cojeamos de algún pie, y el país en un sistema de gobierno democrático acaba eligiendo a los menos malos. Y elige, en definitiva, a hombres y mujeres con virtudes y defectos que aciertan y se equivocan y que están dispuestos a someterse al juicio de los demás.

Pero, aparte de mi circunstancia política, es un hecho evidente que los cuadros políticos del Partido Demócrata no responden a esa imagen elitista. Los hombres y mujeres que forman parte de nuestra organización pertenecen a esos sectores de la clase media que he definido antes. Y esos hombres y mujeres en muy poco tiempo tendrán, en mi opinión, una gran audiencia pública, porque están conectados con una base sociológica real. Si en el momento de unas elecciones, mi imagen perjudica al partido, yo mismo pasaré a un segundo plano, y si no lo hago por voluntad propia, el partido se encargará de sustituirme, eligiendo a los hombres y mujeres que mejor representen a esa base.

—¿Cuál es en la actualidad la organización del Partido Demócrata? ¿Y las sociedades de estudios Libra?

—El Partido Demócrata es, en realidad, una federación de partidos y como tal funciona. Con esta organización no estamos pronunciándonos sobre la forma de Estado. Lo que estamos es respondiendo a una problemática regional real, y cada día más acusada de la diversidad geográfica, sociocultural e histórica de los pueblos de España. Y en este sentido, el Partido Demócrata canario, valenciano o gallego, pongo por caso, son partidos autónomos, con BUS partidarios y simpa-

* «No hay que alarmarse porque ahora proliferen los partidos. Estamos viviendo una situación irreal.»

* «Tiene mérito el esfuerzo que e realizando hombres como Fraga Areílza, pero es muy difícil que gan éxito.»

ta situación, que quedaba bastante bien reflejada en estos mismas páginas de INFORMACIONES hace unas semanas, produce un sinnúmero de partidos o, mejor dicho, de proyectos de partidos con siglas para todos los gustos. Porque es muy fácil preparar un idearlo político, reunir seis o siete amigos y proclamar a los cuatro vientos que se ha constituido un partido. Cuando al nombre de la calle se le dice que hay veinte o treinta partidos, se alarma y piensa que este país no tiene solución. Pero como digo, nuestra situación en este momento es ficticia. Hasta que no haya elecciones de verdad no sabremos cuantos partidos tienen auténtica base. Y en ese momento yo pienso que de verdad sólo contarán tres o cuatro. Quizá cinco, pero ni uno más. En Portugal, por ejemplo, entre el Partido Socialista y el P.P.D. sumaron el 75 por 10 del electorado, y con el Partido Comunista y e1 C.D.S. pasaban del 90 por 100. Y se presentaron a las elecciones

12 partidos. En Italia creo que hay 17 partidos, y en Francia cerca de 30, pero en uno y otro país, de verdad, sólo cuentan tres o cuatro partidos. Por eso pienso que no hay que alarmarse porque ahora proliferen los partidos, porque estamos viviendo una situación irreal, y cuando llegue la hora de la verdad, se producirán fusiones entre partidos similares, otros desaparecerán y aquí, en definitiva, pasara Igual que en el resto de Europa.

—¿Qué opinión le merecen las decisiones que ha tomado el Gobierno hasta ahora?

—Este Gobierno tiene que llevar a cabo una operación política muy difícil, casi, casi imposible. En este sentido tiene bastante mérito el esfuerzo que están realizando hombres como Areilza y Fraga, aunque es muy difícil que tengan éxito. Y es difícil porque tienen que luchar simultáneamente contra el «bunker» y los extremismos de Izquierda, y porque además la sociedad española, en su conjunto ha estado asfixiada durante muchos anos y ahora quiere salír a la superficie y respirar de golpe todas las libertades que no tuvo.

El Gobierno quiere, además, cumplir las Leyes Fundamentales y tener calma para estudiar las reformas con prudencia y llevarlas a cabo en unos plazos —dos semanas, dos meses, dos años—, y los españoles las queremos ya. Y por si esto fuera poco, la situación económica es mala y no será mejor durante 1976, y la Inflación no da respiro a la inmensa mayoría de los españoles.

Y además, el regionalismo está en su hora punta y añade aún mayores tensiones al conjunto de la vida pública. En estas circunstancias de tensión acelerada y creciente, el Gobierno se encuentra con unas instituciones del Estado que no le sirven, que tiene que remodelar a toda prisa y que tiene que hacerlo agobiado por el reloj y por los problemas de cada día. Y yo pienso que cuanto más tiempo tardemos en entrar en el proceso constituyente, más difícil será resolver los problemas políticos del país.

EVOLUCIÓN Y RUPTURA

—¿No cree entonces viable la evolución? ¿Piensa usted en términos de ruptura?

—Yo entiendo que esa alternativa semántica —evolución o ruptura— es equívoca y confusa. Y es que, en cierto modo y durante muchos años, el lenguaje político, como ha dicho el profesor Aranguren, ha sido secuestrado. Aquí todos utilizamos las mismas palabras con significados distintos.

Para muchísimos españolea, la ruptura, eso que «e llama la ruptura democrática, significa poco menos que la revolución. Y yo diría que la revolución no la quiere prácticamente nadie en nuestro país. Por otra parte, todos los políticos del mundo occidental que nos visitan en masa desde hace algunos meses, nos aconsejan la evolución, porque el caso de Portugal ha producido una gran alarma en Europa. Pero en realidad, la evolución de que habla el propio Gobierno —partidos políticos, sufragio universal, etcétera— es una ruptura con el pasado.

En otras palabras, si el Gobierno es sincero en sus proyectos, tiene que romper con el pasado, tiene realmente que abrir un proceso constituyente. Yo pienso que si lo hace de verdad pone en peligro a corto plazo su propia supervivencia. Pero quizá logre así salvar esta etapa de transición y con ella al Estado. Y si no lo hace de verdad, tendrá que dar marcha atrás en seguida y desencadenar la violencia desde él Poder para intentar sobrevivir y defender «con uñas y dientes» las instituciones del Estado del 18 de julio. Pero en este caso el riesgo grave es de revolución no de ruptura, porque como digo, evolución y ruptura pueden ser de hecho términos sinónimos.

—¿Cuál será, en su opinión, la actuación de las fuerzas políticas de ultraderecha? ¿Podría llegarse a una situación de violencia?

—Supongo que la ultraderecha es-

tá pensando desde hace tiempo que tiene que tomar cartas en el asunto para salvar a España de los peligros de la democracia. Pero si el Ejército y el ministro de la Gobernación están a la altura de las circunstancias y no caen en la trampa, Impedirán que ese «mesianismo» nos mete otra vez en un callejón sin salida.

Ahora, por ejemplo, tenemos huelgas, manifestaciones pidiendo amnistía y situaciones de tensión pública todos los días. Igual que en Francia, en Inglaterra o en Alemania. Lo cual demuestra únicamente que la libertad —aunque sea tan precaria como lo es todavía en nuestro país— es más ruidosa que la dictadura. Ayer y hoy, los problemas en nuestro país eran los mismos.

La diferencia es que hoy salen a la luz pública y ayer se silenciaban. Si se reconstruyen las instituciones del Estado para que estos problemas tengan solución con luz y taquígrafos, se comprobará que los españoles no somos distintos del resto de Europa. Porque grupos de ultraderecha y de izquierda revolucionaria existen también en todos los países de Europa. Lo que se ha conseguido allí es que no tengan eco en la gran mayoría y que vivan marginados como vivirán aquí si, como digo, no perdemos los nervios por sus provocaciones.

- Usted ha hablado en una conferencia en Barcelona de tres pactas —nacional, político y social—. ¿Podría precisar los límites de esos pactos?

—En resumen, yo dije en Barcelona que el establecimiento de la democracia en nuestro país pasa inexorablemente por esos tres pactos.

Un pacto social entre los empleadores y los empleados, entre los empresarios y los trabajadores, en de-

finitiva, entre el capital . Y este pacto pasa y transformación del sindica cal en sindicatos libres e dientes del Estado y que presentatlvos a todos los ni la clase trabajadora.

Un pacto político entre los dos de derecha, izquierda ; para que entren todos a formar parte de la vida política. Yo e este pacto exige el reconocer de los partidos políticos de no, porque, como dije en encima guerra civil no acaba que aquellos que la han pe: queden integrados en el politico».

Y un pacto nacional, es entre el Estado y las regiones que integran esta comunidad llama España. Y en este ) deben incluir determinadas mías políticas económicas admnistrativas de las regiones las, porque seguir ignorar tema con el fantasma del mismo es un riesgo grave.

Ninguno de esos tres pacto de llevar a cabo, pero que quiere ser libre tiene enfrentarse con esos tres para evitar malee mayores corto plazo.

—¿Coincide con las idea clara de su padre? ¿Y con su

—Yo he discrepado político con mi padre desde que te de razón, como le ocurre a c hijo de vecino. Ahora estar distanciados que nunca, mente hablando, pero siento como hombre una gran adi y como hijo un afecto que encima de cualquier diferente politica. Con mi suegro, las cías políticas no interfieren do alguno la relación personal

LIBERALISMO: IDEOLOGL DEL CIUDADANO

Por Miguel HERRERO DE MIÑÓN

El liberalismo puede definirse como la fe en el individuo. Su raíz ahonda en axiomas metafísicos —la consideración del hombre como un fin en sí— y sus consecuencias alcanzan a la economía —ajuste automático a través del mercado—, a la sociedad —tolerancia— y a la política —libertades públicas, autogobierno y respeto a la oposición.

En este sentido amplio, el liberalismo, máxima novedad en el siglo XVIII y punta de lanza de las batallas políticas del XIX, es hoy día el ambiente respirado por todas las ideologías y formas políticas, a excepción del fascismo. Todos los partidos políticos, tanto conservadores como socialistas, tienen su ala liberal y son los principios del Individualismo político los que sirven de base a las formaciones de derecha democrática, a la democracia cristiana y a los socialdemócratas.

Pero, además, el liberalismo es la ideología de una serie de partidos políticos concretos —los partidos liberales—, incluso ínternacionalmente vinculados y cuya cotización puede considerarse en alza. Frente a la tendencia de la primera mitad de este siglo, caracterizada por la decadencia —caso británico— e incluso desaparición —cago español— de los viejos partidos liberales, hoy asistimos a un nuevo auge de las formaciones políticas de esta Índole.

En términos absolutos y a escala europea el Incremento de los votos liberales es lento, aunque continuo —un incremento del 3,7 por 100 en los últimos veinte años—. Por otra parte, los liberales se encuentran en minoría por doquier, aunque frecuentemente sean las alas liberales de los partidos mayoritarios las que acceden al Poder. Sin embargo, pese a la actual modestia de sus efectivos electorales, en todas las grandes democracias europeas, con excepción de 3 líberalismo goza de una privilegiada e incluso despejada a sus votos en las el parlamentarias.

Así, por en Francia, su más acredi presentante, Giscard d´Esta pierna al pala «desde el y ha conseguido someter servadurismo tradicional, en la Asamblea, a su ría presidencial». En Alemania. F.D.P. (Partido Liberal), con la socialdemocrata ocupado la Presidencia Federal oposiciones claves en el G En Gran Bretaña, el Par peral o una coalición nací a cual la minoría liberal vértice, se muestra como i alternativa del laborismo.

El liberal británico ha crecido lentamente hasta triplicarse en las ultimas dos elecciones, aun sistema electoral perjudicialmente a este tercer parte Escandinavia, y especialmente Suecia, el socialismo opulento de a provocar una reacción admirable a la ideología y los liberales —el popular y el . Solamente en Italia

(Pasa a la pág. sig

 

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