Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Kissinger apoya la democratización española     
 
 Informaciones.    24/01/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Kissinger apoya la democratización española

Por Abel HERNÁNDEZ

HENRY Kissinger, que esta tarde firma en el palacio de Santa Cruz con el señor Areilza el primer tratado defensivo hispano-norteamericano, trae en su cartera un discurso de apoyo al proceso de democratización política iniciado en España por el Gobierno de la Monarquía.

fiere así el Jefe de la diplomacia U. S. A. dejar constancia exta del respaldo de Washington Rey Juan Carlos y a su proto de pasar del franquismo a colinas de la democracia sin turas peligrosas. Al mismo npo desea demostrar su coniza en el programa del presite Arias, bien conocido de anciano en sus líneas generales por Departamento de Estado. Es evidente que los dirigentes norteamericanos no hacen conce nes por pura filantropía, sino que les interesa. En primer lur, les interesa seguir disfrutando las bases militares en suelo español. Y esto sólo es posible, a su icio, con una estabilidad política en España. Esta estabilidad, as la muerte de Franco, no puede estar sustentada en una dictara, cuyos riesgos para la misma abilidad, dada la presión popular , son patentes. Mucho menos vendria a Washington una ortugalización" del caso español, se trata de evitar a toda costa, esta eventual radicalización de la situación española —y es la segunda razón poderosa— pondría en peligro el equilibrio geoestratégíco Europa. Tampoco son desdeñables los intereses económicos de Norteamérica en España.

Este tratado defensivo trae como más visible consecuencia una considerable modernización de los Ejércitos españoles. En efecto, de los 1.275 millones de dólares —que este es el "pago" de las bases—, unos 1.150 millones se van a destinar a material militar, ultramoderno y usado, a partes Iguales. Este impulso puede colocar al Ejército español al mismo nivel material que el de la O.T.A.N. No faltan observadores que interpretan esto como un deseo de Washington de que el "gesto" sirva para que el Ejército español apoye con mas entusiasmo la reforma política proyectada.

Se da la circunstancia de que el Congreso U, S. A. ratificará el tratado si se ve clara la evolución politica española hacia la democracia. Una paralización del proceso haría muy problemática la obtención de los dos tercios favorables en el Senado.

En el tratado se ha encontrado una fórmula ecléctica entre pacto de "defensa mutua", tal como quería Madrid, y que hubiera levanta-

do serias susceptibilidades, y un frío acuerdo de "do ut des", como hasta ahora, sin que quedara clara la independencia del Estado español. En una cláusula se reconoce la "vital importancia" de España para el sistema defensivo occidental. Al mismo tiempo se deja constancia de que éste será presumiblemente el último acuerdo defensivo hispano - norteamericano (por un período de cinco años), ya que antes de cumplir ese plazo se piensa, con fundamento, que España estará integrada en la O. T. A. N. Ahora el propósito de Washington es ir acercando a nuestro país a la Alianza Atlántica.

Los observadores estiman que el impulso político de Estados Unidos al proceso español va a estar completado con el impulso proveniente de los países europeos. En la reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de la C. E. E. el pasado lunes, en la que se decidió desbloquear la negociación comercial hispano-comunitaria, quedó claro que los «nueve» no están dispuestos a entablar conversaciones formales con España para nuestro ingreso en el Mercado Común hasta que no se confirme el proceso democratizador aquí dentro.

En resumidas cuentas, la proyección de España hacia el exterior va a ser el termómetro de la evolución democrática en el interior, y viceversa. La aceptación plena del Estado español por la Europa occidental, ámbito inmediato de convivencia supranacional e incluso por Estados Unidos, sólo se logrará cuando aquí se hayan llevado a cabo las reformas políticas precisas para que exista una constitución y unos comportamientos similares —con las peculiaridades precisas— a los que rigen en el Viejo Continente.

La diferencia es que, mientras los Estados Unidos se han jugado ya sus dólares y su cheque político en blanco a la nueva situación española, los «nueve» del Mercado Común (exceptuando quizá Alemania Federal y Francia) no quieren apostar hasta que en Madrid no estén todas las cartas boca arriba.

 

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