Discurso de Don Manuel Fraga en las Cortes. 
 Una obra como la de Cánovas y no como la de Caetano     
 
 Informaciones.    23/01/1976.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

DISCURSO DE DON MANUEL FRAGA EN LAS CORTES

"UNA OBRA COMO LA DE CANOVAS

Y NO COMO LA DE CAETANO"

MADRID, 23. (INFORMACIONES.) — «La idea de Continuidad se opone, desde luego, a la de ruptura, pero también se opone a la de inmovilismo (...). Espera de nosotros (la historia) una obra, pienso, como la de Cánovas, y no, con todos los respetos, como la del señor Caetano (.,.]. Frente al desafio insensato de los que creen que nos pueden empujar a la raptara, a la catástrofe, nosotros hemos de continuar nuestro camino sin prisa pero sin pausa.» Estas fueron algunas de las afirmaciones de don Manuel Fraga, ministro de la Gobernación y vicepresidente del Interior, ante la Comisión de Gobernación de las Cortes, en el acto de presentación de la reforma de la disposición transitoria primera del Estatuto de Régimen Local.

Tras un largo preámbulo, este es el texto íntegro del discurso del profesor Fraga:

«En estos mismos momentos está reunido en otra aula de este palacio el Consejo del Reino, para considerar lo que corresponda aconsejar a Su Majestad el Rey sobre la prórroga de la legislatura, cuya Iniciativa ha solicitado el Gobierno. Basta este simple dato para recordarnos que vivimos tiempos importantes, horas decisivas, minutos de parto, instantes de desafío histórico, que hemos de saber estar a su altura, como, sin duda, lo hemos de estar; que vivimos un momento de consolidación y, también, de perfeccionamientos profundos; que en ellos hemos de mantener la iniciativa a toda costa para hacer imposible toda ruptura, asegurando la continuidad asentada en las reformas necesarias.

Es, pues, esta para mí, señores procuradores, una ocasión muy importante de la que me siento plenamente responsable y en la que me atrevo a solicitar de entrada vuestra cordial benevolencia y simpatía.

Pues bien, dicho esto, ¿de qué se trata?, ¿cuál es la motivación del proyecto de ley que me honro en presentar en nombre del Gobierno? Se puede reducir a mía sola frase: hacer que una ley excelente y oportuna que vosotros habéis aprobado, no sea puesta en causa y retrasada en sus benéficos resultados por el efecto de una sola de sus disposiciones transitorias, que os propongo reconsideréis.

Señores procuradores, en el proceso de actualización de nuestras instituciones públicas, la reforma del Régimen Local ha ocupado siempre, y sigue ocupando, un lugar preferente. Con mayor o menor énfasis, es un tema que ha figurado en la agenda de, prácticamente, todos los Gobiernos, y tras una serie de vicisitudes que han cubierto las correspondientes y legítimas etapas, ha cristalizado en el momento presente en la reciente ley 41-1975 de 19 de noviembre, aprobatoria de las bases del Estatuto de Régimen Local.

El proyecto que, como miembro del Gobierno me cumple presentar a vuestra consideración, pretende llevar a cabo, como bien sabéis, un pequeño, aunque importante retoque en aquella ley de bases. Pero no quisiera que mi intervención se limitara a una justificación estrictamente técnica del proyecto. Me preocupa más su inspiración política, y ello no sólo por incidir en uña norma que apenas ha cumplido dos meses de vigencia, sino, ante todo, por constituir el primer eslabón de un conjunto de medidas que el Gobierno tiene el propósito de someter a esta Cámara. Quisiera, por ello, dejar muy claras las ideas maestras de las que el proyecto arranea.

Pienso, señores procuradores, que hay modos equivocados —o al menos superficiales— de entender la continuidad y la lealtad, a los que no desearía referirme. Pero hay también, por fortuna, modos

eminentes y profundos. La idea de continuidad se opone, desde luego, a la de ruptura; pero también se opone a la de inmovilismo. La vida social es dinámica pura, y no tolera de las instituciones otras respuestas que la adaptación o la muerte. En términos más simples, la continuidad, la lealtad al pasado sólo son compatibles con el cambio, con la reforma, precisamente porque sólo se reforma aquello que quiere conservarse. Más íntimamente: sólo se reforma aquello en lo que de verdad se cree.

A mi Juicio, son estas las coordenadas, tan simples y tan hondas a la vez, desde las que ha de enjuiciarse tanto el proyecto de ley que hoy os presento, como la prórroga de la legislatura que el Gobierno ha decidido solicitar de S. M. el Rey, como muchas de las medidas que habréis de considerar, y eso constituye especial responsabilidad para estas Cortes en los próximos meses. La prórroga no es otra cosa que la concesión de un plazo razonable para acometer unas reformas necesarias; pero reformas en un ordenamiento que vosotros hicisteis y que, por tanto, nosotros tenemos la obligación de adaptar a los nuevos requerimientos de la nación. El Gobierno, sin duda, hubiera podido limitarse a contemplar el proceso electoral y someter sus propósitos reformistas a unas nuevas Cortes, que quizá no se sintieran solidarias con esta ley de Régimen Local. Pero ha preferido enfrentaros con vuestra propia responsabilidad de legisladores, formulando una Invitación que sabe no dejaréis de recoger, seguro como está de que sois plenamente conscientes del compromiso que supone vuestra legitima representación del pueblo español y de vuestras irrenunciables obligaciones en esta capital coyuntura histórica.

Con este ánimo y esta confianza os presento este proyecto de modificación parcialísirna de la ley de bases del Estatuto de Régimen Local; una ley que considero, dicho sea sin embages, positiva; un buen ejemplo de ley reformista, de las muchas que el régimen ha sido capaz de hacer, como fueron en su día la ley de Prensa, tan querida para mí, la de libertad religiosa, las leyes de descolonización y tantas otras. Una ley que sorprende y por ello se os ha de felicitar por el sutil equilibrio que mantiene entre las bases y las disposiciones transitorias, y a la que no se puede negar su carácter progresivo en lo que afecta al aspecto electoral.

En este punto —y no sin que ello tropezase con las naturales resistencias y dificultades— esa ley modifica sustancialmente el procedimiento de designación de los concejales y de los alcaldes, con el consiguiente reflejo posterior en las corporaciones provinciales. Se matiza adecuadamente el sistema calificado de orgánico, segun el cual cada

uno de los grupos representativos elegía separadamente sus representantes, y se generaliza un verdadero sistema de sufragio universal en el que participan todos los vecinos del municipio para la elección de todos los concejales que componen la corporación municipal. Esta elegirá después, a su vez, al alcalde que ha de presidirla.

UN PLAZO PERENTORIO

Por otro lado, tanto el Gobierno en su proyecto como posteriormente las Cortes en la discusión del mismo han considerado que era urgente la puesta en práctica del nuevo sistema, dando para ello, con carácter general, un plazo que puede calificarse de perentorio. Efectivamente, el texto articulado de la totalidad de la ley debe estar publicado dentro del plazo de un año de la promulgación de la misma. Esto significa que a fines de 1976 estará en vigor la nueva estructuración local prevista por la citada ley 41/1975.

Hay, sin embargo, lo que el Gobierno ha considerado una importante excepción a dicho principio, contenida en las disposiciones transitorias referentes a la puesta en práctica de las nuevas modalidades electorales y que, en opinión del Gobierno, constituye un aspecto de obligada revisión del nuevo sistema.

De acuerdo con la disposición transitoria primera, y limitándonos ahora al punto de los presidentes de Diputaciones y Cabildos insulares y alcaldes, la total i d a d de aquéllos, asi como la de los alcaldes de capital de provincia y de ciudades de más decien mil habitantes y de los restantes municipios, vana ser o han sido inmediatamente elegidos, y permanecerán en el cargo hasta la segunda renovación de las respectivas corporaciones. De ello resulta que si bien en noviembre de 1976, parece que la renovación de una mitad de las corporaciones municipales va a poder hacerse de acuerdo con el nuevo sistema, los alcaldes que van a presidirlas, sin embargo, serán nombrados por las actuales corporaciones, todavía elegídas de acuerdo con el viejo sistema y van a continuar en el ejercicio del cargo hasta el año 1979, cuando ya la totalidad de las respectivas corporaciones serán elegidas conforme a la nueva ley. Este resultado, que se deriva del mecanismo de la citada disposición transitoria primera del texto legal, se ha prestado a críticas de tanta mayor relevancia cuanto que el papel que corresponde a los presidentes de 1as corporaciones es, obviamente, de primordial importancia en el funcionamiento de éstas.

En la consideración del problema, el Gobierno hubiera podido considerar la más inmediata puesta en vigor de la totalidad del nuevo sistema con todas sus consecuencias, pero esto ofrecía dificultades graves derivadas de la articulación del propio proceso electoral en su conjunto y de la necesidad, que con razón habéis previsto, de garantizar la continuidad en el funcionamiento de las Corporaciones, pero, en cambio, ha pensado que no resulta justificada la permanencia en el cargo de los alcaldes y presidentes elegidos por las Corporaciones del anterior sistema durante mayor tiempo del indispensable para el tránsito a la nueva regulación.

Es cierto que el Gobierno ha considerado que el acierto de su gestión hará que muchos serán renovados después. Es cierto también que es breve el tiempo transcurrido desde que la ley de Bases del Estatuto de Régimen Local ha sido aprobada en esta Cámara. Pero no cabe ocultar que en este breve tiempo hemos comenzado una nueva etapa de la historia de España, anunciada por Su Majestad el Rey en el primer mensaje de la Corona, etapa en la que habremos de desarrollar, para bien de la patria, las directrices regias de hacer cada día más cierta y eficaz la participación de todos en los foros de decisión, dando así satisfacción a las esperanzas de un pueblo que ni merece ni puede ser defraudado.

Cuando esta Cámara aprobó la ley de Bases de Régimen Local consagró con gran acierto y sensibilidad los deseos de protagonismo de nuestros conciudadanos en las corporaciones locales. En esta nueva etapa, reconocido así tal protagonismo, se impone arbitrar todas las medidas oportunas, en evitación de demoras que retarden su necesario ejercicio.

Se ha considerado por ello que requería modificación este punto de la ley, aunque limitada a reducir el mandato de los alcaldes y presidentes ahora elegidos hasta la inmediata renovación. Con ello creemos que pueden quedar satisfechas las voces que manifestaron el deseo de la inmediata puesta en práctica Su criterio electivo en el nombramiento de alcaldes y presidentes de Diputación, con la conveniencia de que tal elección se realice lo antes posible por Corporaciones constituidas en consonancia con el nuevo procedimiento electoral previsto en la ley de Bases del Estatuto de Régimen Local.

CÁNOVAS Y NO CAETANO

Y termino, señores procuradores. Los años próximos nos han de juzgar por nuestra capacidad de preparar el futuro. Espera de nosotros una obra, pienso, como la de Cánovas y no, con todos los respetos, como la del señor Caetano; una obra, como he dicho, a la vez de consolidación, de reforma y de mantenimiento de valores fundamentales, pero incorporando a ellos nuevas fórmulas apoyadas en nuevos modos, y sobre todo, más de una vez. en personas renovadas.

Los molinos de Dios, en la historia de los pueblos, muelen muy despacio, pero muelen muy fino. El seguir el metabolismo de la sociedad es esencial en toda obra política duradera. Frente al desafío inmediato de los que creen que nos pueden empujar a la ruptura, a la catástrofe, nosotros hemos de continuar nuestro camino sin prisa, pero sin pausa, seguros como estamos de servir al pueblo español. A él hemos de dar una voz principal frente a los totalitarios qué quieren negársela.

La Monarquía de España terminó en 1931 con unas elecciones municipales. Ha de comenzar ahora su nuevo contacto popular, dentro de este año, con lo que estas Cortes, previsora y sabiamente, han previsto. Haced que pueda ser con todas las consecuencias hasta el nivel de los presidentes de esas corporaciones municipales y provinciales cuando ya estén también las asociaciones políticas en pleno desarrollo y funcionamiento y consolidando así un binomio de auténtica legitimidad v representación.

Os pido, pues, al presentaros este proyecto de ley, escaso en dimensiones, pero muy importante por lo que representa de coherencia y de propósitos de autenticidad, que lo recibáis con simpatía y le deis vuestro calido apoyo.

Va a corresponder a estas Cortes, si se aprueba, como decía antes, la prórroga solicitada por el Gobierno, una tarea histórica: la de configurar el futuro Institucional de nuestro país adecuándolo al régimen de nuestra sociedad y de sus anhelos de normalización. En esta primera cuestión tenéis conciencia plena, estoy seguro, de que es un buen ejemplo de las otras tareas de más importancia que os esperan. Una gran ola de opinión nacional, llena de esperanza, os va a contemplar en el acierto de vuestros trabajos. Estoy seguro de que al realizarlos los haréis con esa plena conciencia de la importancia y responsabilidad del cometido. Muchísimas gracias por vuestra atención.»

23 de enero de 1976

INFORMACIONES

 

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