Autor: Fernández Rodríguez, Juan B.. 
   Defensa de Tierno Galván     
 
 La Nueva España.    23/02/1986.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Domingo, 23 de febrero de 1986

Defensa de Tierno Galván

Quiero referirme a la carta que firma José Ramón López Fernández -Monchy- de Pravia publicada en LA NUEVA ESPAÑA del 28-1-1986.

Su carta, desde el principio al final, está llena de contradicciones, y de unas aseveraciones tan personales como absurdas y faltas de realidad. Debe de ser usted una de las pocas personas que se atreve a «juzgar» a don Enrique Tierno Calvan, como un mal alcalde, cuando la inmensa mayoría dice todo lo contrario.

Usted mismo lo testimonia en su carta. Por eso digo que se contradice, en todo momento. ¿No padecerá usted el síndrome de narcisismo literario cronista?

Le atribuye, como tolerante, ¿o causante?, al señor Tiarno el paro, la homosexualidad, la prostitución, el raterismo, etcétera. Esto es muy grave, señor López; de la integridad ética, moral y humana del señor Tierno, no cabe la menor duda que tendríamos mucho que aprender todos los españoles, incluido usted.

Esos factores negativos que usted enumera y que de ningún modo son atribuibles al magnífico ex alcalde, se dan en todas las ciudades, y tanto más cuanto mayores son éstas. En el año 1956, por una disposición del Gobierno, quedó abolida la prostitución en España (para los ingenuos, claro). Desde ese momento es cuando empezó a aumentar, de forma alarmante y peligrosa. Ya no había estadísticas de tal dedicación. Desapareció el control sanitario periódico y empiezan lis cifras oficiales alarmantes, de las enfermedades venéreas. ¡Pero no había prostitución en España...!

Y ahora, una minúscula síntesis de lo que hizo el ex alcalde señor Tierrio, por la illa de Madrid, una de las capitales europeas con mayor densidad cultural. Se lanzó a un ambicioso plan de reformas urbanas:

Atocha, el Planetario, Sol, el Manzanares, la Vaguada. Conde Duque, etcétera, no continuó por cuestión de espacio. Tenemos que remontarnos a Carlos III, el Rey-alcalde, para encontrar una figura que haya hecho tanto por la ciudad de Madrid.

Yo siempre he sentido un gran, respeto hacia las personas que en su vida lo han practicado con todos los semejantes. Por eso me dan pena algunas de sus expre siones tan incoherentes y que cabría calificarlas de «recochineo». Dice usted: «Son evidentes su bondad, inteligencia, etcétera. Si es así yo pido a quien deba y pueda sea propuesto para llevar a los altares». Sabe muy bien que una de sus múltiples virtudes, fue siempre su sencillez. Por otra parte, él se definió agnóstico; pero eso sí, fue siempre respetuoso con todas las ideologías y creencias. El propio arzobispo de Madrid así lo. admitía. Su exquisita condición humana, le llevó a la práctica de una política social digna de encomio. Asi, gentes de toda condición y etnia, le dieron, con emoción, afecto y cariño, el último adiós.

Le diré, también, que es usted un atrevido, porque al final de su carta y en un monólogo, también de «recochineo», se atreve a auto contestarse en nombre de una persona de la que tendría mucho que aprender.

Por último, y sin afán de polemízar, pues yo no tocaré más este tema, el contenido de su carta, le autodescalifica rotundamente. Como se dice en Asturias, se ve de qué pie cojea usted; pero también con personas así, él tenía diferencias.

Juan B. FERNANDEZ RODRÍGUEZ

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