Autor: Sentís, José A.. 
 Referéndum OTAN. 
 Felipe González abandonó la bandera anti-OTAN cuando ganó las elecciones  :   
 Su principal dificultad fue convencer a los votantes socialistas. 
 ABC.    13/03/1986.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

XVI/ABC

REFERENDUM OTAN

Consecuentemente con esta campaña antiOTAN, el PSOE prometió en su programa electoral de 1982 un referéndum para salir de la Organización atlántica, aunque después «olvidara» su intención de abandonar la OTAN e insistiera en que se había limitado a proponer una consulta popular.

Lo cierto es que con ia llegada del PSOE al Poder, el sarampión antiotanista comenzó á perder virulencia. Pero el giro era paulatino, lleno de ambigüedades y, como siempre, no alcanzaba por igual a todos tos socialistas en puestos dirigentes. Fue el propio Felipe González el que comenzó a destilar las primeras matizaciones respecto a la relación con la Alianza Atlántica, aunque miembros de su Gobierno y de su partido no supieron captar desde un primer momento el cambio que se estaba operando. Ni siquiera Alfonso Guerra, tan próximo a Felipe González, que todavía en 1983 aseguraba que el Gobierno apoyaría en el referéndum la salida de la OTAN.

La ambigüedad calculada

Pero Felipe González estaba cambiando, y así lo dejaba caer en un proceso que se definió como de «ambigüedad calculada». Primero fue fa necesidad de colaboración de España con la seguridad occidental. Después se apoyó en la relación entre OTAN y CEE, y dejó caer cómo la permanencia era moneda de cambio favorable a España ante los países europeos, que serían más proclives a aceptar a España en el club europeo si nuestro país se mantenía como socio defensivo.

Todavía más tarde, el presidente del Gobierno exponía^su pretensión de negociar la presencia militar de Estados Unidos- en España, mientras tranquilizaba a sus votantes de izquierda afirmando que había cumplido su compromiso electoral de «congelar» la integración en la estructu.a militar de la OTAN y la mencionada de convocar el referéndum.

Dos años después del mitin de la Ciudad Universitaria, cuando Felipe González recordó que los peligrosos no eran los atlantis-tas convencidos, sino los «conversos», porque to hacían por lograr beneficio políticos, nadie dudaba ya que el presidente del Gobierno quería permanecer en la OTAN, pero sí existían interrogantes sobre la forma en que lo plantearía a sus electores.

Las dudas se referían al modo, pero también a la fecha. Respecto a lo primero, Felipe González lo aclaró en e! debate sobre el Estado de la nación, donde propuso un «decálogo», cuyas condiciones fundamentales iban a marcar la pregunta del referéndum. Quedaba entonces la elección del momento oportuno para celebrar la consulta, y Felipe González utilizó una vez más la estrategia de la ambigüedad, tanto respecto a la política interior como a la exterior.

En efecto, como después han reconocido a ABC cualificados dirigentes socialistas, el argumento en las negociaciones con la Comunidad Europea era que un «no» a España de los países occidentales conduciría, sin lugar a dudas, a ta pérdida del referéndum.

Respecto a España, el presidente del Gobierno decidió por fin celebrar el referéndum, a pesar de las dificultades de catendario, a poco más de dos meses del ingreso en la CEE.

Felipe González abandonó la bandera anti-OTAN cuando ganó las elecciones

Su principal dificultad fue convencer a los votantes socialistas

Madrid. José A. Sentís

La Imagen de Felipe González arengando a los heterogéneos grupos contrarios a la OTAN en 1981 ha planeado sobre toda la campaña del referéndum. Por entonces, no sólo el PSOE era mayoritariamente contrario a la Alianza Atlántica, sino que, además, conocía que éste era uno de los flancos débiles de la mayoría entonces gobernante. La campaña «OTAN de entrada no» aglutinó en las arcas de los votos socialistas a una buena parte de su izquierda, ilusionada entonces por las consignas sobre «el cambio»

 

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