Autor: Onega López, Fernando. 
   Criterios para un referéndum     
 
 Ya.    10/03/1986.  Página: 1,8. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

Criterios para un referéndum

FERNANDO ONEGA

QUEDAN sólo dos días para que el pueblo español acuda a las urnas a dar respuesta a la pregunta que le hace el Gobierno sobre sus deseos de permanencia en la OTAN. La opinión de nuestro periódico sobre esta consulta ya es conocida: pensamos, y así lo hemos escrito de forma reiterada, que el referéndum arriesga sin motivo los más delicados intereses nacionales, pareciéndose de forma dramática al juego suicida de la ruleta rusa. Pensamos también que ha conseguido confundir y crispar a la opinión, porque introduce consideraciones de política interna que no tienen nada que ver con aquello que se pregunta, pero que serán decisivas a la hora de votar. Y entendemos que, al delimitar la cuestión en el marco de los deseos del Gobierno, le da a la consulta un matiz plebiscitario o, cuando menos, partidista, que no hizo otra cosa que falsificar las posiciones de las fuerzas políticas y sociales. Haber convocado el referéndum en estas condiciones descalifica a los responsables de la gobernación del Estado.

Criterios para un referéndum.

FERNANDO ONEGA

En cuanto a la sociedad española convocada a pronunciarse, ¿qué podemos decir? Los ciudadanos se sienten, al menos en gran parte, condicionados. Descubren en la máscara antinorteamericana y antibelicista el recurso a instintos demagógicos, y aprecian falta de sinceridad y hasta fariseísmo en un Gobierno que así quiso jugar a dos barajas. Contestar a una pregunta formulada así, exige a los ciudadanos un esfuerzo casi heroico para superar su propia confusión. Muchos tendrán que sacrificar su opción ideal (que no se les deja manifestar) a otra menos buena, pero posible.

En estas condiciones, un órgano informativo tiene dos obligaciones con sus lectores. Una, informarles honestamente de cuanto se dice en esta ceremonia de la confusión. Nuestras páginas, en las últimas semanas, estuvieron repletas de noticias, declaraciones y actitudes públicas. Otra, orientar al votante sobre sus posibilidades ante la papeleta de la pregunta. Ayer, en nuestras páginas especiales de Panorama hicimos ul último esfuerzo de clarificar las posiciones. Fue un informe que pretendía ser neutral, dentro del escaso margen de susceptibilidad y divisiones a que nos condenó la campaña del referéndum.

Las actitudes antes de las urnas son muchas, desde el voto afirmativo al voto nulo. Sin embargo, el debate político parece haberlas reducido a tres: sí, no y abstención. Las tres son respetables. Un recienle documento de los obispos españoles dejaba claro que ninguna actitud seria y responsable puede ser acusada desde el punto de vista de la conciencia cristiana.

Ninguna. Pero no todas significan lo mismo en la vida pública, según la visión de un medio informativo. Y cuando se acercan las urnas, los lectores tienen derecho a conocer nuestro parecer, que es el siguiente:

Primero: Respetamos a quienes propugnan el «no». En su defensa coinciden, a título personal, religiosos de reconocido prestigio, organizaciones pacifistas y partidos de la izquierda más radical. Sus argumentos son distintos en cada caso. En general, entienden que así actúan a favor de la paz. En esta casa creemos que e) simple «no» a la OTAN no es la paz. Y, en cambio, pudiera ser «no» a la organización defensiva de los pueblos libres y democráticos más avanzados de la tierra; el «no» a la ampliación de nuestra solidaridad con Europa. Y es, desde luego, condenarnos a la desconfianza de nuestros asociados europeos, con todas sus consecuencias. No conseguiría sacarnos de la comunidad occidental, contra lo que dice la propaganda del Gobierno; pero nos dejaría en ella con todos los inconvenientes y ninguna de las ventajas.

Segundo: La abstención es, probablemente, el fruto de la falta de acuerdo entre los dos grandes líderes naturales de este país, los señores González y Fraga. Don Manuel Fraga y sus compañeros de coalición terminaron por entender, sin duda con razón, que este referéndum era asunto exclusivo del Gobierno, que irresponsablemente lo había convocado. Insistimos: en ese momento tenía razón la Coalición Popular. Su actitud venía justificada por el talante impositivo del gabinete socialista. Pero las razones no se mantienen indefinidamente, y ahora son superadas por los riesgos. Según todos los indicios, el riesgo del «no» es demasiado grande para que los partidarios genuinos de la OTAN lo contemplen con los brazos cruzados.

La abstención puede ser leída de muy diversas maneras. En esas lecturas se ha dicho, por ejemplo, que podría borrar el significado del «no». Pero no nos engañemos: lo único que contará el día 12 serán los «síes» o los «noes». Y el triunfo de estos últimos debe significar la salida de la OTAN y un lastre gravísimo para los futuros gobiernos. Eso es exactamente lo que se juega. El darle o no darle el voto de castigo al señor González pertenece más al juego político interno que a la cuestión que se debate.

Y tercero: El «sí» es, evidentemente, darle una respuesta afirmativa a la propuesta del Gobierno. Ahí ve la oposición el peligro de un uso plebiscitario de la urnas y un aliento para proseguir su equivocada carrera hegemónica. Ya hemos dicho que resulta muy lamentable que los socialistas conversos y los conservadores atlantistas no hayan llegado a un acuerdo previo. Ahora añadimos que nos parece, además, reprobable la campaña a favor del «sí», tan llena de amenazas y tan interesada en repeler a los que desde otros campos podrían votar su propuesta. Estamos ante una gran falsificación.

Porque, seamos sinceros: En una parte del debate, la discusión no es OTAN sí u OTAN no». La discusión es cómo se consigue que Felipe González arranque el «sí» de la sociedad, y que Manuel Fraga se sienta también satisfecho porque ha ganado el «sí», pero con abstención notable. En esa discusión, lo importante es el «sí». El resto son actitudes políticas pasajeras.

Pero no es tiempo de censuras por errores pasajeros. Solamente habría que lamentar que esos errores, más los personalismos, más los egoísmos partidistas, han sembrado en este país de discordias y divisiones, cuando no de rencores. Llegados a la hora de la verdad, entendemos que la sociedad española se debe pronunciar en conciencia, olvidando los factores espurios que se han introducido en la campaña; teniendo en cuenta que el quedarse fuera de la OTAN no significa necesariamente la paz, aunque debilite al bloque militar occidental; recordando, con los obispos españoles, que toda opción es legítima; pero teniendo presente el superior interés de esta nación, que nosotros, desde luego, identificamos con nuestra permanencia en lo que hemos llamado «la organización defensiva de pueblos libres y democráticos más avanzada de la tierra».

Los dirigentes políticos españoles no supieron o no pudieron llegar a una síntesis de ese interés nacional. En bastantes casos les cegó el interés electoral. Es muy lamentable. Es también previsible que lo paguen en deterioro personal y en desprestigio de sus respectivas fuerzas políticas. En alguna ya lo están pagando con disensiones internas. Este país, sus habitantes, no debieran permitir que ese daño se extendiera a la comunidad nacional. Es lo que podemos decir desde el sentido de nuestra responsabilidad como medio informativo. Ojalá acertemos, como sinceramente se lo deseamos a nuestros lectores, sea cual fuera la decisión que en conciencia adopten.

 

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