Autor: Medina González, Guillermo. 
 Don Manuel Fraga. 
 La Alianza Popular acepta la reforma y los resultados del juego democrático     
 
 Informaciones.    09/10/1976.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 51. 

Sábado 9 de octubre de 1976

FRAGA O LA ESTRATEGIA

POLITICA DE LA DERECHA

«España necesita algo semejante al Partido Conservador británico, a la U.D.R. francesa y a otros grupos

paralelos en este momento de la transición», dice don Manuel Fraga Iribarne, justificando la próxima

constitución de una alianza de fuerzas de la derecha que él encabeza con otros políticos, en el transcurso

de una entrevista que hoy pública INFORMACIONES POLÍTICAS. El líder de Reforma Democrática

analiza la situación violenta por la que atraviesan algunas zonas del país, la actitud de la oposición ante

dicho problema, la relación entre el camino hacia la democracia y la situación económica y la actividad

política de las regiones, entre otros temas. El ex ministro de la Gobernación clarifica su actual posición

política, vislumbra el futuro de la Alianza Popular y da cuenta de los cauces de financiación posibles de

dicho bloque electoral. Al analizar el actual momento político que atraviesa el país, don Manuel Fraga

expresa ciertas esperanzas. «Hoy se dan las circunstancias básicas de las sociedades que han llegado a un

nivel de clases medias realmente importantes.» (Págs. 8 y 9.)

"Cuando se trata de la salvación de la Patria, en momentos tan serios como los que estamos atravesando."

Don Manuel fraga Iribarne no pinta con color rosa el cuadro político ante el cual la Alianza Popular

pretende ser una respuesta. «En estos momentos —añade existe peligro de desbordamiento en la calle.»

Por el contrario. Alianza. Popular parece buscar una de sus razones esenciales de ser en un cierto miedo al

vacío y en el deseo de muchos españoles de no partir de cero.

Ley y orden constituyen uno de los «leit motiv» de las declaraciones que publicamos a continuación,

claramente expresivas de una filosofía de la conservación, de la eficacia y de la paz social, de una

valoración de lo nacional, de la autoridad y de la unidad de la Patria. El ex ministro de la Gobernación, en

erecto, viene a decir a un destinatario obvio, el Gabinete Suárez— que se está perdiendo tiempo y que no

se gobierna con suficiente energía, aunque, y guisó en esto algunos vean una cierta contradicción, agrega

más adelante: «La reforma ya no se discute; es un hecho que pronto tendremos elecciones Generales."

Don Manuel Fraga et un político de carácter que nunca deja indiferente. Suscita entusiasmo o recelo,

adhesión o rechazo, confianza o aprensión, Pero no cabe duda que su lenguaje, cierto populismo de sus

actitudes políticas y hasta sus maneras personales caen bien a una parte del país, y es de alguna manera

coincidente con lo que se ha llamado expresivamente del franquismo sociológico».

La aparición de la Alianza Popular, con vocación de gran partido de derecha —nada menos que con el

Partido Conservador británico y con la U.D.R. gaullista la compara el señor Fraga— y presidida por

políticos con trayectoria de gobierno en vida de Franco, ha producido reacciones poco favorables en los

medios políticos situados a su izquierda, aunque quizá quienes se huyan sentido más preocupados son los

sectores, de la derecha liberal y del centro-derecha que piensan en electorados de clases medias, y respeto

de los cuales la Alianza podría representar alguna forma de competencia electoral. Otros, en cambio,

consideran que la Alianza tiene un signo clarificador, por cuanto agrupa y coloca en el lugar político

adecuado a los «barones» del franquismo. Hay quienes piensan también que Fraga y sus aliados pueden

cumplir la función política positiva de conducir hacia las urnas a un sector del país que de otro modo

podría caer en tentaciones autoritarias. Pero no faltan quienes expresan toda clase de reservas acerca de la

insospechada y ciertamente reciente vocación democrática de algunos líderes de la Alianza.

En cualquier caso, la entrevista que Hoy publicamos tiene un sentido clarificador. Don Manuel Fraga, no

ha rehuido ninguna de las preguntas que le he formulado, algunas de las cuales apuntan precisamente

hacia las reservas más frecuentes con que ha sido recibido este «neoconservadurismo» español.—

Guillermo MEDINA.

—¿Cual es su opinión sobre el impacto que pueden cansar sobra la situación política española suce

sos corno el de San Sebastián, que parecen agravar todo el cuadro político?

—Es evidente que en toda situación de transición hay elementos interesados no en favorecer a la acción

pacífica, sino en volcar la mesa. Evidentemente, estos elementos son casi inevitables. Cuando yo tenía la

responsabilidad del orden público dediqué a esto una atención muy especial, porque estaba convencido de

que, dada la naturaleza de las circunstancias generales de España y el mundo, y dado el temperamento,

digamos un poco impresionable de grandes sectores de nuestro país era esencial cortar eso, y creo que con

algún éxito, nosotros vugulamos ese tipo de cosas.

Ignoro en que medida es posible en este momento evitarlas totalmente, pero entiendo que el Gobierno

debía dedicar a esto un gran esfuerzo, y en ese sentido, me permito opinar que así como no se debe caer, y

esta bien dicho, en la trampa de la reacción total, no es menos cierto que hay que subir la guardia y hace

falta dar a las fuerzas de orden público los medios y la moral necesaria para este tipo de acciones, que es

fundamental y que prejuzga cualquier otro tema de la reforma.

Conviene recordar que en la historia de todos los países contemporáneos, y en la nuestra en todos los

tiempos, la violencia tiene una parte permanente; el problema está en contenerla y en no hacer acciones

que a su vez puedan crear otras mayores En un país como Estados Unidos hay 20.000 personas muertas

por balas todos los años Ahora bien, sentado esto, el pueblo quiere seguridad, pide orden, pide ley y tiene

derecho a que se le de.

—¿Cómo encuentra usted la actitud de la oposición ante el problema de orden público?

— Yo creo con toda franqueza que están actuando de un modo un poco irresponsable. Porque dicen,

«bueno, eso es un problema del Gobierno; nosotros no tenernos ninguna culpa», y de vez en cuando

sale una declaración más bien blanda y timida, a menudo c o n comparaciones de dos tipos de

violencia que no son comparables.

Creo sinceramente que la diferencia entre una oposición leal y responsable y una irresponsable y que no

sea leal depende justamente de este tipo de actitudes ante los principios básicos e inmediatos, ante la ley y

el orden. Hay algo mas. En este momento existe el peligro de desbordamiento en la calle, que la misma

oposición no puede controlar, y algunos han contribuido a la violencia callejera, para luego rasgarse las

estiduras. Solamente una oposición responsable puede llegar a gobernar y puede decirse que solamente

una oposición que tenga esperanzas de llegar a gobernar puede ser responsable. Pero ahora mismo, a

quienes realmente si pueden, aplican los instrumentos legales, toman realmente los instrumentos que la

ley les esta dando para poder participar en la construcción del Estado español.

—¿Tiene usted una opinión sobre los últimos acontecimientos protagonizados por figuras militares."

Yo, sobre eso, tengo una sola opinión que dar Primero, el Ejército es una pieza fundamental del orden en

todos los países; segundo, es una pieza clave del Estado español por razones absolutamente obvias y que

están en nuestra tradición y en nuestras leyes; tercero, todo lo que sea mantener la unidad del Ejército,

evidentemente, es deseable y conveniente; cuarto, su actitud dentro de los últimos meses ha sido

impecable, y como tal debe ser respetado. Es evidente que da la sensación de que ha habido precipitación

en una serie de medidas que no han sido tomadas con suficiente estudio, ni siquiera de la legalidad, y que,

desde luego, seria deseable que en adelante, en asunto de tal importancia, se procediera de un modo mus

responsable.

¿Cómo relacionar la crisis económica y el proceso de democratización política? Usted daría prioridad a

las soluciones de problemas económicos, o a las soluciones políticas, o le parece que esto tendrían que

enfocarse de manera simultanea?

—Bueno, yo empiezo por decir que no soy marxista y que hoy hay muchos más marxistas de los que se

cree, porque los hay también a la derecha. Yo procedo a dar al terreno económico una importancia básica

en los temas social y políticos, pero no lo supervaloro. Es cierto que por debajo de un cierto

nivel económico, es muy poco probable que pueda haber reformas políticas importantes, pero no es

menos cierto que estamos por encima de ese nivel, que España no es la del pasado ni el Portugal de los

años 70; España es un país que ya no depende de los conceptos mínimos de no pasar hambre, de no pasar

frío; ha superado esos momentos. Dicho esto, mi opinión es terminante: no se debe parar el proceso actual

político y lo que hace falta es un Gobierno capaz, de gobernar y de hacer al mismo tiempo la reforma

política y las medidas de diaria administración que exija la vida económica. Yo creo que es perfectamente

posible gobernar y al mismo tiempo reformar. Y eso incluye también al Gobierno y la política económica.

—Después de las primeras iniciativas del Gobierno, hay cierta sensación de detención del proceso

político, de que se han parado los relojes políticos. ¿Usted opina que realmente es así o que, por el

contrario, se están produciendo los cambios al ritmo adecuado?

—Yo pienso realmente que falta liderazgo y que falta energía de Gobierno y decisiones administrativas

importantes, y creo sinceramente que se ha cuidado mucho la parte de presentación de la reforma política,

se han cuidado las relaciones públicas internas y externas, pero que en lo demás falta en este momento el

pulso y el peso —El planteamiento de la eforma política a travé del informe preceptivo del Consejo

Nacional, luego la deliberación por el procedimiento normal dentro de las Cortes, ¿no le parece a usted

que es un largo camino para una reforma que parece urgente?

—Yo creo que se han perdido o dos a tres meses, que seria bueno recuperar lo perdido. El procedimiento

de urgencia era perfectamente viable, pero tengo que decir que, para mi lo fundamental está, repito, en

que hay que gobernar y administrar.

—Con respecto a la alianza política de usted y de otras personalidades, ¿se está estudiando o preparando

algún tipo de programa político?

—Vamos a hacer un manifiesto político, que está prácticamente rematado ya, con los principios para los

cuales vamos a elaborar nuestra alianza, y estamos estudiando un documento —ése está menos

avanzado— sobre cómo vamos a funcionar dentro de la alianza. Ha quedado perfectamente claro que

todos los grupos que entran en la Alianza Popular aceptan los principios básicos de la reforma, que entran

plenamente en el juego democrático, aceptan sus resultados, y todos los medios legales para defender sus

puntos de vista, que son esencialmente de defensa de lo que tenemos y, al mismo tiempo, de reformas

profundas cuando hagan falta.

—Como usted sabe, han circulado algunos rumores sobre financiaciones de esta Alianza Política, ¿Con

qué fuentes económicas piensan contar?

—La ley de Asociaciones Políticas prevé claramente los medios normales de financiación que fe dan en

todas partes, lo mismo las aportaciones de los miembros que los que pueden derivar de los apoyos de los

sectores sociales en interesante trabajo de cooperación. En eso puedo decir solamente ana cosa:

cumpliremos estrictamente la ley; todos los recursos que tengamos tendrán un control público, como pide

la ley de Asociación Política. Lo cual quiere decir que nosotros ni recibiremos nada del extranjero, como

obviamente están recibiendo otros determinados grupos, ni recibiremos ningún dinero que traiga

condiciones políticas anejas, pero, naturalmente, es ridículo pensar que nosotros podemos funcionar

simplemente por vias milagrosas, o mendicantes. Todo lo que se ha dicho hasta ahora es rigurosamente

falso. Como todo el mundo sabe, los que tienen dinero, lo tienen fundamentalmente porque no lo dan con

excesivo arrojo.

—Todo el mundo sabe que la organización de los partidos exige fondos importantes, y no ignora que en

Inglaterra ciertas aportaciones al Partido Conservador se compensaban con títulos honoríficos; o que en

Estados Unidos se reservan determinadas Embajadas a multimillonarios que contribuyen al fondo

electoral; o que en España, los partidos socialistas están fuertemente subvencionados desde el extranjero;

o que los comunistas reciben, además de ayuda exterior, determinadas derramas de las Comisiones

Obreras.

—Quisiéramos, señor Fraga, una valoración general suya del momento político en que nos encontramos,

¿Ve perspectivas de desarrollo en la situación política actual?

—Yo sí, si las cosas se hacen como deben hacerse; yo sigo manteniendo que el país no tiene problemas

incurables, que el país lo que tiene es una serie de importantes temas, derivados, unos, de la transición

misma; otros, del hecho de qur el mundo entero, y España también, se encuentra en ur» momento de

recesión económica y social. En ninguna etapa de la historia las cosas son perfectas; de modo que habrá

siempre problemas. Pero, dicho esto, así como España, en el 31, por ejemplo, estaba en una situación

absolutamente desesperada, porque la crisis económica de entonces era insuperable, la de hoy no lo es, y,

por otra parte, en aquellos momentos, el 80 por l00 del país, yo no digo que se acostara sin cenar, pero le

faltaba muy poco, y no tenía mucho que perder. Hoy se dan las circunstancias básicas de las sociedades

que han llegado a un nivel de clases medias realmente importantes.

—Se dice que ha dado usted un giro a la derecha, e incluso se insinúa que usted nunca salió de ella y que

su centrísmo-reformismo era una mera pantalla.

—No lo era, y la prueba está en la forma en que yo fui tratado a partir de 1969, en que no sólo salí del

Gobierno, sino que luego se me purgó del Consejo Nacional y de las cortes, por defender esas ideas, y, en

particular, el derecho de asociación política. De modo consistente, en conferencias, publicaciones y

acciones colectivas lie defendido las ideas reformistas, cuya práctica ya había iniciado con la ley de

Prensa e Imprenta. Vuelto al Gobierno de la Monarquía, todo el mundo sabe que promoví las leyes de

Reunión y de Asociación Política, y que di las grandes batallas de la reforma política en general.

Ahora bien, la reforma ya no se discute; es un hecho que pronto tendremos elecciones generales. Los

mismos que defendimos la reforma, tenemos ahora que procurar que (como siempre dijimos) no se

convierta en ruptura. La izquierda ya no nos necesita, ya tiene carta de ciudadanía; sólo falta que sepa

aprovecharla. En cuanto a los otros centros, también tienen su camino abierto, y algunos nos consideran

demasiado competitivos. A nosotros nos queda un gran servicio que prestar al país; el hacer que los

importantes grupos conservadores, no ultras, acepten la reforma, se dispongan a jugar dentro de ella,

como una derecha civilizada, orientada hacia el centro, y al diálogo con los demás grupos, En eso estamos

y no creemos hacer nada malo con ello.

HAY PELIGRO DE DESBORDAMIENTO EN LA CALLE

SOLAMENTE UNA OPOSICION RESPONSABLE PUEDE LLEGAR A GOBERNAR, Y SOLO UNA

OPOSICION QUE TENGA ESPERANZA DE GOBERNAR PUEDE SER RESPONSABLE

FALTA LIDERAZGO Y ENERGIA DE GOBIERNO

—Pero hay quien teme que esto pueda llevar a una peligrosa polarización entre un frente nacional y un

frente popular.

—Hay un hecho cierto: la democracia no puede funcionar sin un sistema razonable de opciones políticas,

entre las cuales el electorado pueda escoger. En Estados Unidos son dos, republicanos y demócratas. En

el Reino Unido y en Alemania son tres, o más bien dos y medio, pues en ambos casos el grupo liberal es

más bien pequeño, entre dos bloques de derecha e Izquierda (conservadores y laboristas, en Inglaterra;

cristianodemócratas y socialistas, en Alemania), En ningún país funciona la democracia con docenas, y

menos con centenares de opciones, como se intenta en nuestra pintoresca sopa de letras. Ya sabe usted la

historia del loco que prestó a un compañero de sanatorio la guia de teléfonos, diciéndole que era una

novela; el otro le dio las gracias al día siguiente, pero añadió: "Demasiados personajes".

Supuesto que las fuerzas políticas han de ser importantes, serias y no demasiado numerosas, cada uno

verá lo que le toca hacer en su terreno. Alguien tiene que representar el papel de defender la Patria, como

tal; su unidad; la defensa de sus intereses Internacionales; la paz civil, por encima ae la lucha de clases; la

continuidad, frente a la ruptura; la reforma, frente a la aventura; asi sucesiva* fuente, Ahora que tanta

gente se permite gritar vivas a Rusia, a Cuba y a Portugal (gritos muy res. potables en sus respectivos

países*, o a diversas regiones, gritos aún más respetables si son a favor 5 no en contra de España; a esta o

aquella Mea, persona, clase o interés; nosotros queremos gritar ¡viva España!, sin ofender a nadie ni para

ocultar detrás ninguna mercancía averiada.

Los que debieron meditar más su decisión son los que aceptaron enfeudarse al internacional Partido

Comunista en su famosa Plata junta; los que no ocultan su decisión de presionar desde el exterior, para

obtener la solución que a ellos les conviene, en contra dt los Intereses de los agricultores y trabajadores

españoles; los que cada día exhiben su propósito de revancha por encima del interés nacional. En todo

caso, en este momento peligra todo en España, menos el pluralismo político; hay siglas para dar y tomar,

por las siglas de las siglas. Un intento honesto de Iniciar la clarificación no debería molestar ni preocupar

a nadie. —¿No teme usted que, en este momento, su actitud beneficia más, en la práctica, a la derecha que

al centro?

—Cuando se trata de la salvación de la Patria, en momentos tan serios como los que estamos atravesando,

tales consideraciones son menos importantes que en tiempos normales. Dicho esto, yo creo que pocos me

ganarán a haber defendido con ahínco la polarización de la política hacia el centro y no hacia los

extremos. Creo servir, de nuevo, a esta idea, al procurar que una parte más civilizada de la derecha se

oriente hacia el centro, en lugar de permitir que el deterioro de la situación lleve a los numerosos

conservadores que hay en la sociedad española hacia posiciones ultras.

A mi Juicio, España decididamente necesita algo semejante al Partido Conservador británico, o

la U.D.R. francesa y a otros grupos paralelos, en este momento de la transición. Grupos que acepten

plenamente el Juego democrático y que, desde el Gobierno o la oposición, jueguen a consolidarlo o

garantizarlo. Hacer esto será un gran servicio a la España del futuro.

—¿No le preocupa que en algunas provincias resulte, de hecho, una combinación explosiva entre los

miembros de unas y otras asociaciones?

—Los grupos políticos deben conservar, de algún modo, su identidad, aun después de integrados, y así

piensa hacer Reforma Democrática, que se dispone a presentar sus Estatutos en el Registro de

Asociaciones Políticas. Los grupos comarcales, provinciales y regionales pueden y deben conservar una

cierta libertad de acción, según las características y necesidades de cada tona. Lo importante es la

comunidad de propósitos al servicio de España.

Por lo demás, una cosa que hay que superar, en toda integración de fuerzas políticas, son los

personalismos y las cuestiones adyacentes, al servicio del esfuerzo solidario, que es lo importante. Estoy

seguro que la mayoría de los nuestros asi lo entenderá.

—¿No le preocupa que su alianza haya sido designada por algunos como ((frente impopular"?

—No es la frase más o menos ingeniosa, y menos o más mal intencionada, la que va a discernir el

resultado de la aceptación popular, que se verá en las elecciones. En esto va a haber sorpresas, y no pocas.

Por lo demás, el «slogan» «la democracia para los demócratas de toda la vida», que aún se expresa con

alguna moderación, sabemos muy bien a qué deseos de listas negras, de exclusivismo, de execraciones en

cadena corresponde. Hay seudodemócratas muy dispuestos al monopolio de la democracia, pero se van a

quedar con las ganas, porque el pueblo español no se lo va a consentir.

—¿Qué problemas son, a su juicio, los más graves con que se enfrenta la reforma política?

—La situación económica, en primer lugar. Cuando no hay harina, todo es mohína. El país no puede

aplazar más el tratamiento de la crisis económica. Hay que explicarle la verdad, y tomar las medidas

correspondientes. De lo contrario, el enfermo seguirá dando vueltas en la cama, mientras le sube la fiebre.

No bastan las medidas monetarias para luchar contra la inflación. Y hay que acabar con la demagogia de

las reivindicaciones sociales, en un momento en que pueden obligar a cerrar a las empresas y a

multiplicar el paro.

La ciudadanía aceptará medidas razonables y justas, sí se explican debidamente.

En segundo lugar, la actitud maximalista de algunos grupos regionales. Debe quedar claro, de una vez,

que no hay diálogo posible sobre la unidad del Estado; pero que sí lo hay sobre una amplia

descentralización y desconcentración, a partir de las mancomunidades regionales.

Esta declaración es urgente y debe hacerse con todas las consecuencias,

En tercer lugar, la actitud irresponsable de ciertos sectores de la izquierda. Incapaces de ponerse de

acuerdo sobre ningún plan positivo, solo lo hacen sobre la idea negativa de ruptura, de la que el país esta

harto. Ahora que hay plena libertad de expresión, de reunión y de asociación, resulta de risa la

acumulación de documentos y cuestiones previas, en vez de aclarar de una vez, lo que responden las

fuerzas sociales. Una vez más, ciertos políticos revelan que lo único que les interesa de la política son las

poltronas ministeriales. De ello se nos suele acusar a los que. justamente, ya conocemos sus limitaciones

y sus fustraciones. Pero los promotores del «Gobierno provisional» deben saber que, sin duda alguna, iba

a ser mucho más provisional que Gobierno.

—¿Pero es que las fuerzas procedentes del Régimen anterior no tienen también responsabilidad?

—Por supuesto que sí; pero el hecho cierto es que el Rey y sus Gobiernos han planteado claramente la

reforma, y de un modo qui sin duda alguna ha abierto posibilidades que no están siendo suficientemente

aprovechadas. Nadie puede negar que la actitud del primer Gobierno de la Monarquía, tras la muerte de

Franco y los primeros intentos del Partido Comunista y sus comisiones Obreras de echarle un pulso en la

calle, y el terrorismo de E. T. A. en su campaña de asesinatos, hubiera podido tomar una actitud más

cerrada o cautelosa. Y, sin embargo, optamos por dar prioridad a la reforma.

Dicho esto, es indudable que todos debemos aceptar la reforma y colaborar para que se realice del mejor

modo posible, con garantías, pero sin retrasos.

 

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