Autor: Rico, Manuel Antonio. 
 Españoles a la luz de la sombra. 
 Julián Santamaría, director de CIS: Creo en mi pueblo, en mis encuestas y ...en la suerte     
 
 Ya.    10/03/1986.  Páginas: 2. Párrafos: 22. 

ESPAÑOLES A LA LUZ DE LA SOMBRA

Julián Santamaría, director de GIS: «Creo en mi pueblo, en mis encuestas y... en la suerte»

Una entrevista de MANUEL ANTONIO RICO FOTOS: MIGUEL ÁNGEL TORRES

Se me ocurre un silogismo, entiendo que capaz de condensar en su propia y breve rotundidad el sentido de lo que Julián Santamaría me dijo o quiso decir. Ante lo que el miércoles pueda ocurrir; intentando adivinar el resultado final de tan comprometida consulta; mirando en lontananza a las urnas por abrir desde la cuarta planta del ya clásico Iberia-Mart... El silogismo, que bien pudiera haber formulado el director del Centro de Investigaciones Sociológicas, hubiera sido el siguiente: «Decir que "sí" a la Alianza Atlántica es un acto de reflexión, aconsejado por la conveniencia. Es así que el español es un

pueblo reflexivo y con gran sentido de lo que en cada momento le conviene, luego el pueblo español dirá que "sí" a la permanencia en la Alianza Atlántica.»

No sé si algún escolástico, de los que ya no quedan, me puede echar los perros de la lógica por algún posible fallo estructural en la argumentación. Tampoco sé si a Santamaría tales premisas-conclusión le parecerán-ajustadas a su pensamiento, puesto que se me ha venido a la mente cuando era ya pasado el tiempo de tas preguntas..., pero me gusta et silogismo, y bien desearía yo su encaje en ambos presupuestos.

No obstante, voy a descubrir (odas las cartas. Ahora mismo pongo sobre la mesa unas cuentas afirmaciones suyas, textuales, ausentes de interpretación, con potencialidad para que rada cual haga la más oportuna y personal. Por ejemplo: «El resultado del referéndum depende en gran medida de que predomine, a la hora del voto, la dimensión efectiva, emocional, o la dimensión racional.» «Este es un país maduro y extraordinariamente sensato.» «El pueblo entiende que, en política internacional, lo que prima son los intereses de las naciones.» «Lo más impórtame de este referéndum es que cada ciudadano va a tener la posibilidad de decidir con su voto, porque los dados no están echados.» «La gente se lo va a pensar, teniendo en cuenta que está en juego algo muy importante para España.» En fin...

Sociólogo y político

«Investigamos la evolución del país una vez al mes»

Es Julián Santamaría una mezcla arrebatada de sociólogo y de político, tanto que cuesta trabajo distinguir quién está hablando en cada circunstancia, si el analista del dato computado y frío o, ya en caliente, el hombre comprometido y de partido. Algo más homogeneiza el comportamiento del personaje y su física humanidad. Me refiero a esa permanente humareda gris que va acompasando sus palabras, envolviendo como en una cortina sus imparables, en tono medio, períodos verbales. Ciertamente, no es original decir de alguien que fuma, incluso que fuma mucho, pero ocurre que Santamaría lo hace de forma incansable, desordenada. Es todo un alarde, inconsciente y suicida, que bien merecería alguna interpretación. Puesto a buscaría, me inclino por pensar que podríamos estar ante un sistema para ir dando progresiva salida a la gran presión que puede sentir alguien como él, instalado en una responsabilidad sobre la que se sustentan, como en un gozne imprescindible, delicadas decisiones de gobierno. De hecho, aún se dice que los sondeos del C1S contribuyeron a animar a Felipe González a cumplir con su compromiso de no terminar la legislatura sin celebrar el referéndum. Entonces, ¿es posible que hoy el director del centro esté soportando una presión superior a la habitual? ¿Es posible que esté batiendo sus récords de tabaco? Hoy lúe el jueves de la semana pasada, precisamente el día en que, por ley, se publicaron las últimas encuestas en torno a intenciones de voto para pasado mañana. El jueves fue cuando estuve hablando con Santamaría, en la cuarta planta del ya clásico Iberia Mart.

La importancia de los sondeos

«Creo que se le da demasiada importancia a los sondeos y su capacidad de influir en el comportamiento de los electores, cuando hay docenas de estudios que demuestran que esa posibilidad no existe. En los Estados Unidos, por ejemplo, que es donde más estudios de este tipo se han hecho, en 1948 se anunció en grandes titulares que Truman estaba derrotado por un amplio margen, y al final salió victorioso. Algo parecido ocurrió en Inglaterra en el 70, cuando todas las encuestas, salvo una, daban como ganadores a los laboristas y, finalmente, triunfó el conservador Heath, por un margen de tres o cuatro puntos de diferencia...» (Releo estas anotaciones y pienso que resultan confusas, al menos en el marco donde hay que situarlas, en ese jueves del «no» tan coincidentemente anunciado. Aplicadas a los sondeos mayoritarios, querrían decir que los votantes o un sector de ellos no va a modificar o ha modificado ya su intención de voto —abstención o en blanco— para contrarrestar el voto negativo anunciado, y tal deducción me parece incierta. Gente hay de ese segmento que se ha asustado. Continuó.) «... En los Estados Unidos se han hecho experiencias muy directas, teniendo en cuenta la diferencia horaria entre el Este y el Oeste. En día de elección, cuando ya habían cerrado los colegios en el Este y se había realizado el escrutinio, se difundió el resultado en un grupo experimental de Oeste al tiempo que se observaba a otro que lo seguía ignorando. Pues bien, al ir a votar, las personas que conocían el resultado de la otra costa mantuvieron sustancial su intención, tanto como las que lo ignoraban.»

Julián Santamaría resumió de la forma siguiente el proceso de encuesta que sigue el CIS (antes llamado Instituto de la Opinión Pública, de distinta dependencia también): el equipo directivo elabora el cuestionario; luego, se diseña la muestra, con el número de personas a encuestar, su edad, su profesión, su ámbito regional; a continuación, una red de campo recoge investigación sobre el terreno (son hasta seiscientos los encuestadores, que funcionan como profesionales libres y tienen un coordinador en cada provincia); el servicio de informática del centro, seguidamente, se encarga de procesar los datos, en conexión con el ordenador de una empresa pública; un servicio de análisis los interpreta y redacta el correspondiente informe; todavía, el servicio de banco de datos archiva las encuestas a ¡a «Revista Española de Investigaciones Sociológicas», o elabora sus propias monografías.

Evolución política del país

«Desde por la mañana hasta por la noche, el Centro está trabajando todos los días del año y realizando todo tipo de sondeos. Quiero aclarar que investigamos la evolución política del país una vez al mes, por regla general, pero realizamos también otro tipo de trabajos, orientados a la comunidad científica. De hecho, España va a acabar en poco tiempo por atraer la atención de los científicos sociales más prominentes, porque dispone de un banco de datos que no hay en las otras nuevas democracias europeas, Grecia y Portugal. La información de que aquí disponemos va a permitir, por ejemplo, reconstruir paso a paso, casi día a día, la historia de la transición, la historia de la génesis y consolidación de nuestra democracia.

Personalmente estoy preparando un estudio para un seminario internacional, centrado en la

segunda legislatura y donde, atendiendo a los datos disponibles, se observa con mucha claridad cómo la opinión fue evolucionando hacia el desencanto, que no era una invención de los periodistas o de los intelectuales, sino que realmente se estaba produciendo, a la vista de la ¡Deficiencia de los gobiernos de UCD para combatir el terrorismo, para hacer frente a la crisis económica, que tuvo la mala suerte de que le estallara entre las manos y para afrontar el problema de las autonomías.

En las encuestas de entonces se ve cómo estos tres problemas van produciendo una pérdida de credibilidad que afecta incluso al propio sistema democrático. Se observa cómo se va degradando la situación política del país y, en definitiva, se va creando un espacio para la crisis que desemboca en el 23-F.»

—Los estudios de opinión que habéis venido realizando en torno a la OTAN han sido especialmente exhaustivos y continuados...

—Sí, ya en enero hicimos una encuesta muy grande, de diez mil setecientas entrevistas, que es justo la cantidad que permite un análisis regtonalizado, del orden de setecientas u ochocientas entrevistas por comunidad autónoma, y luego seguimos en febrero, a razón de una a la semana.

—¿Y qué anunciaba aquella primera gran encuesta, la de enero?

—Pues una ligera diferencia, de tres puntos, a favor del «sí». En febrero, una vez conocida la pregunta y abierto el debate nacional, tuvimos tres negativas, una con una diferencia de dos puntos, la siguiente de siete y la tercera de cuatro negativos. De ahí pasamos a las dos últimas, que coinciden en un resultado favorable.

—¿Qué quiere decir esa evolución tan atipica?

—A mi modo de ver, varias cosas. La primera, que cuando AP cambió su posición favorable y reclamó la abstención activa, mucha gente interpretó que había que votar no. La segunda, que cuando se conoce la pregunta y se celebra el debate parlamentario, cristalizaron muchas predisposiciones contrarias a la Alianza, porque hasta entonces habían venido predominando los mensajes negativos. Y la tercera, que a partir de ese momento, cuando ya se anuncia el referéndum, el mensaje deja de ser unidireccional; se pone en marcha la campaña, se acentúa la presencia de los líderes políticos y surgen manifiestos como los de los intelectuales, al tiempo que cambia la posición de los medios de comunicación en el plano editorial. La reflexión va ganando terreno a la emotividad, y no es que hubiera una gente más emotiva y otra más racional, sino que dentro de cada uno había dos actitudes, propugnando un voto diferente y motivando la incertidubre. En definitiva, el resultado del referéndum depende en gran medida de que a la hora del voto predomine la dimensión afectiva o la dimensión racional.

—Y si tú, personalmente, tuvieras que hacer un pronóstico...

—Me colocas en un lío considerable, pero te diría que, primero, lo que tenemos hasta ahora son encuestas, casi todas hechas ai principio de una campaña especialmente breve. Los comienzos de campaña suelen traer consigo algunas tomas de posición, pero lo que producen sobre todo es un salto de posiciones supuestamente decididas hacia la indecisión, porque la gente se siente confusa cuando empieza a recibir mensajes cruzados, en direcciones contradictorias. Por consiguiente, mi opinión es que ahora mismo (y entre paréntesis recuerda el periodista que el «ahora mismo» está referido al pasado jueves) tiene que haber mucha indecisión.

Consejos al Presidente del Gobierno

—¿Aconsejarías al Presidente González que en su última intervención televisada, la que cierra campaña, se volcara cargando todas las tintas, como hizo Suárez en el 79?

—Yo no aconsejaría ningún discurso estridente, que apelase a los sentimientos o a los instintos. Una de las expresiones de un pueblo maduro es su racionalidad, y a ella hay que apelar, y a la serenidad, a su capacidad de reflexión, y subrayaría la enorme responsabilidad de todos y cada uno ante una decisión cargada de consecuencias, según cual sea la orientación del voto.

—¿La mayoría siempre tiene razón? ¿Decide siempre lo que más conviene?

—No sé lo que eso significa. Sé solamente que el pueblo decide y que, una vez decidido, a sus gobernantes no les queda otra alternativa que respetar la voluntad de la mayoría. Y la verdad es que desde aquí, en este puesto, yo he seguido aprendiendo que el nuestro es un país extraordinariamente sensato, que piensa conextraordinaria autonomía, como corresponde a un pueblo con una cultura milenaria.

Al compás del diálogo fui decidiendo yo dejar de contar el número de pitillos que Julián Santamaría fue consumiendo con prisa y sin pausa. Recojo mis cosas y me voy pensando que, en medio de la gran historia del miércoles, se encuentra también la anécdota de alguien que se la juega, con su pronóstico de victoria, con unas encuestas que aventuran un resultado diferente al de todas las restantes. Sorprendido me quedé cuando, ya en la despedida, subrayó su confianza e introdujo un elemento sorpresa, nada científico: «Confío en mis encuestas y también en la suerte.»

 

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