Autor: Galán y Gutiérrez, Eustaquio. 
   La OTAN y la unidad de Europa     
 
 El Alcázar.    13/03/1986.  Páginas: 1. Párrafos: 31. 

La OTAN y la unidad de Europa

1. En alguno de los artículos por mí publicados recientemente en EL ALCÁZAR, dentro ya de este año 1986, dije que la OTAN nació del miedo, no manifiestamente expresado pero sí sentido, de las democracias occidentales al imperialismo ideológico y territorial de la Rusia soviética, con respecto a la cual ellas cometieron el tremendo error histórico de tenerla como aliada en la Segunda Guerra Mundial, pues la primera exigencia de una alianza es la lealtad.

En efecto, terminada esa guerra, las democracias occidentales creyeron que Europa podría vivir una era de paz y de seguridad. Desmovilizaron, en consecuencia, casi por completo sus fuerzas militares y volvieron a poner su fe política, a fin de instaurar la paz y resolver los conflictos internacionales, en una nueva edición de la frustrada Sociedad de Naciones, a saber, la Organización de las Naciones Unidas.

Pero la verdad es que, terminada la Segunda Guerra Mundial, nada se puso tan de manifiesto en la política exterior, como que Rusia no sólo no era una parte de Europa sino que, además, veía su destino histórico en la aberración de pretender, aniquilara Europa, cuerpo histórico diferente de ella y con relación al cual, conforme a la naturaleza humana, debiera sentir la tendencia a convivir en paz.

2. Esto se sabía de antiguo, desde el siglo XVIII por lo menos, según varías veces he indicado. No se olvidó en el siglo XIX, Y, al final de dicha centuria, un insigne tratadista de ciencia política, el austro-húngaro Ludwíg Gumplowicz (1838-1909) lo advirtió a Europa en un breve pero muy serio estudio publicado en 1892.

Ya dentro del siglo XX, esas prevenciones frente a Rusia fueron repetidas varias veces, antes y después de hacerse soviética Rusia. Pero, como dijo Ortega y Gasset, con su gran autoridad, uno de los defectos que más acusó la democracia fue el carecer de conciencia histórica, sin cuya ayuda no se puede hacer política verdadera.

3. La postguerra que se inicia en 1945, desde sus primeros momentos, dejó a Rusia desenmascarada en cuanto a su consubstancial hostilidad a Europa, que, por lo demás ya había quedado registrada, por propia confesión, en las primeras leyes constitucionales rusas a partir de 1918, como quienquiera puede comprobar.

4. Al efecto, me había entretenido y molestado yo en recopilarla relación de una serie de actos hostiles a Europa, posteriores a 1 945 hasta el momento actual, increíblemente perpetrados por la Rusia soviética, su anterior aliada. Pero al reajustar ahora este artículo a sus debidas proporciones, me veo obligado a prescindir por completo de esos datos, tan demostrativos de la mala fe y de la hostilidad de la Rusia soviética para Europa.

5. En concepto de reacción ante esa amenaza histórica, la OTAN nació como institución necesaria y beneficiosa para Europa.

Nuestro no al referéndum del día 12 de marzo se fundaba, sobre todo, en que ni queremos que la entrada de España en esa organización sea en concepto de « carne de cañón» (que es la forma,en que el disparatado Gobierno de Calvo Sotelo incorporó nuestra Patria a la OTAN), ni podemos tolerar la manipulación prosoviética de la política exterior de España, bajo la personal dirección de Dubinin, embajador de la URSS en Madrid hasta hace unos días y miembro del KGB, que es como fue redactada —según consta—, para escarnio del pueblo español, la «pregunta» del «referéndum 12-de marzo», que patrocina Felipe González, el traidora Occidente, según Ellul.

Ni somos, ni debemos ser refractarios a la OTAN. Ningún auténtico occidental puede serlo.

6. Ahora bien, todavía hay aquí, dentro de toda esta cuestión, uri punto interesante que tocar: el de la OTAN en relación con el problema de la unidad de Europa.

7. En uno de estos últimos días releía yo, para descansar de mi trabajo, el famoso Diario del gran estilista y pensador italiano Giovanni Papini (1881-1956), y como es lógico, me sentí atraído por aquellos pensamientos, no escasos, que tenían, como trasfondo, Europa.

Con fecha 4-III-1946, por ejemplo, Papini reflexiona sobre ia situación de aquel momento histórico, piensa, naturalmente, que estamos en un trance de crisis profunda y, sin embargo, con gran optimismo histórico, formula la dudosa esperanza de que, a pesar de todo, «el alma de Europa será nuestra». ¡El alma de Europa I Europa, es ante todo su espíritu, claro está.

Pero precisamente desde 1945 la Unión Soviética comenzó su diabólica «battle for the mind» (lucha por la conquista de la mente), que puede hacer inútil la OTAN sin necesidad de disparar un solo misil. Volveré enseguida sobre esto.

8. Hay en la citada obra de Papini otro pensamiento, que me parece interesante, en relación con mi tema en esteartículo. Lleva fecha 1 5-IV-1947.

«Europa —escribe Papini— no ha sabido hacer, a su debido tiempo, la unión continental, como han hecho América y Asia. Su aspecto se asemeja, en grande, al de la Italia del quinientos: Estados rivales en guerra y en equilibrio inestable, campo de batalla de los extranjeros, superioridad intelectual, debilidad política: mientras se iban formando las grandes monarquías (España, Francia, Inglaterra), Italia estaba despedazada, martirizada, empobrecida: su unificación, en 1860, fue tardía. Y esto está sucediendo en Europa frente a los demás continentes. Las proporciones están agigantadas, pero el fenómeno es el mismo... La región más civilizada del mundo, a merced de los bárbaros... Entonces eran Francia y España (respecto a Italia). Hoy, Rusia y América (con relación a Europa).»

9. La situación que desde la postguerra de la primera gran conflagración mundial (1 914-1 8) sobrevino para Europa con urgencia, como necesidad de lograr una unidad política global europea, no constituía nada nuevo, pues significaba un fenómeno que la ciencia histórica de hoy tiene tipificado, por haberse repetido varias veces respecto de otras civilizaciones. Mas ahora no voy a tratar de él en esa dimensión universal.

10. Es chocante que la idea de Europa haya desempeñado un papel importante en aquellas hostilidades de 1939-1945, pese a que fueron una especie de suicidio de Europa promovido, en el fondo, por las democracias europeas, y una prueba déla incapacidad de éstas para regirlos destinos de nuestra civilización occidental. Hay aquí, ciertamente, una tesis que se puede explicar y razonar. Pero no voy a ocuparme ahora de ella.

11. Hitler tuvo la idea de una nueva Eu-ropa frente a la Rusia soviética, y el entonces su ministro de Propaganda, Dr. Goebbels, reiteraba cada pocos días, ante los medios de comunicación, que «el sentido y el fin que tiene esta guerra es conseguir una nueva Europa». Pero la realización de tal idea de Europa resultó verdaderamente desafortunada.

12. Por su parte, durante las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial (con independencia de los proyectos más o menos entecos de unión europea que se barajaron poco antes de tal contienda) las potencias democráticas tuvieron también sus esquemas y planes de Europa, que realmente se disiparon luego, al advenimiento de la paz. Pues, en efecto: ¿dónde está Europa, después de cuarenta años de terminada la Segunda Guerra Mundial?

13. Se incubaron esas concepciones de Europa en e! seno del llamado «Movimiento Europeo de la Resistencia», u oposición clandestina, pero beligerante, a los planes de Hitter. En la terminología de ese importante, aunque circunstancial, movimiento de resistencia, se le llamó (en lengua francesa, quizá la que entonces más sonó) al proyecto nacional-socialista de Europa, «l´Europe par la forcé».

En contra, estaba lo que se denominó «l´Europe de ia Resístenos». Que yo sepa, ese importante período concerniente a lo que podríamos designar como historia de la idea de Europa, no está bien estudiado. Claro que los medios de difusión de la idea de «l´Europe de la Resistence» resultaron precarios. Como tales medios le sirvieron los impresos clandestinos, más bien que una prensa que, aun cuando de igual condición, abrígase deseo de regularidad y de permanencia, tseuel, naturalmente, erv aquellas circunstancias, no podía existir.

14. Hubo, ciertamente, entonces «ideas de Europa» para todos los gustos: anacrónicas ideas de Europa que aparecían directamente inspiradas en los viejos lemas de la Revolución Francesa («liberté, egalité, fraternité»): bastos y elementales, en el fondo anarcoides, proyectos democráticos de Europa, que hablaban no de una federación de Estados europeos o de una comunidad de naciones europeas, sino, intencionadamente, de «una unión democrática de los pueblos de Europa» («unión democratique des peuples de l´Europe»).

También mediante la lengua italiana impresa y, asimismo clandestina, se formularon, dentro del Movimiento de !a Resistencia, las correspondientes variantes de la ¡dea de Europa, algunas de las cuales reflejaban, por cierto, una elaboración señaladamente técnica, 1) subrayando, por ejemplo, que todo proyecto realista de unidad de Europa tenía que aceptar, como principio fundamental, la idea de la limitación de las soberanías nacionales en aras del bien común europeo, o 2) proponiendo incluso que ya en el «próximo Tratado de Paz» para Europa, debería insertarse un proyecto de Organización de los Estados Unidos de Europa.

15. Naturalmente, en medio de este muestrario de ideas de Europa, no faltó —conforme al impulso del imperialismo territorial e ideológico de la Rusia soviética y a su falta radical de escrúpulos morales— el proyecto de Europa prosoviética: el aliado de las potencias democráticas aprovechaba la alianza para traicionarlas y clavarles el puñal: una Europa unida sobre las bases de la «democracia popular», régimen típico, después, de los Países del Este.

16. Excepcionalmente, también sonaron, durante las hostilidades, voces señeras que anunciaban una nueva Europa y una Europa unida para después de la guerra. Así, la del famoso escritor alemán Thomas Mann, desde la seguridad y tranquilidad de New-York, al dirigirse, por radio, en enero de 1943, a los oyentes europeos.

Tengo recogidas sus palabras: «Sabed, oyentes europeos, que el mundo entero, que cree todavía en la libertad y en la dignidad humana, sufre con vosotros y no tolerará ese terrorífico orden nuevo europeo que tratan de imponeros, ni tampoco permitirá que continúe, por mucho tiempo. Conservad la fe y tened un poco más de paciencia. La Europa verdadera no es ésa, sino que será establecida por vosotros mismos, con la ayuda de las potencias libres, y constituirá una federación de Estados ciertamente libres, con derechos iguales, capaz de hacer que en cada uno florezca su propia espiritualidad y su cultura tradicional, si bien con sujeción a la ley de la razón y de la moralidad universal: será una federación espiritual europea, inserta en el cuadro más vasto de la cooperación económica de las naciones civilizadas deí mundo entero.»

17. Son preciosas estas palabras de Thomas Mann, si reparamos bien en ellas. Nadie, en cambio, podría hacer promesas y dar esperanzas semejantes si, por desventura, una vez se estableciese en Europa el dominio soviético, pues éste sería entonces ya para siempre.

Hitler olvidó aquella famosa sentencia de Talleyrand (1754-1838), el genial diplomático francés: «Con las bayonetas se puede hacer todo, menos sentarse en ellas» («Avec les baionnettes on peut tout taire..., sauf s´asseoir dessus»).

Pero los soviéticos, en cambio, aprendieron de la ciencia social europea, y están aplicando con gran acierto, una profunda enseñanza: las civilizaciones siempre han sido creadas y dirigidas por una aristarquia de la inteligencia, jamás por las,masas, pero las masas pueden destruirlas si se consiente que su mentalidad elemental sea captada por una aniquiladora propaganda, que, aun cuando sea falsa, les resulte halagüeña, y si mediante el sufragio en las urnas se les deja a las masas decidir el común destino.

18. Mientras que Europa organizó con éxito la OTAN, para para ríe los pies al imperialismo ideológico y territorial soviético, dejó Europa, al mismo tiempo, subsistente, en su seno, ta antigua y anacrónica concepción de la democracia. Por sus cauces, los influjos soviéticos pueden llegar a la OTAN (verbigracia, Felipe González) y puede también producirse la aniquilación espiritual de Occidente sin misiles, mediante la conquista psicológica de las masas, batidas por una propaganda adhoc.

Así, la Unión Soviética está desintegrando a Europa, que, tanto como la OTAN, necesitaba su unidad política y de dirección frente a Rusia.

El «Kulturkampf», la lucha por el espíritu que desde 1 945 emprende la Rusia soviética contra Europa, ha logrado sin misiles, dos de los objetivos más preciosos de su política internacional: convertir las cacareadas Comunidades Europeas, en causas obstativas de la unidad de Europa (verdaderas caricaturas de la misma): y lograr que las Comunidades Autónomas de España —promovidas subrepticiamente por la URSS antes de la llamada Constitución de 1978— operen como factores de ruptura déla unidad nacional de España.

Eustaquio GALÁN Y GUTIÉRREZ

Catedrático de la Facultad de Derecho Universidad-Complutense de Madrid

 

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