Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Gana Dubinin     
 
 El Alcázar.    13/03/1986.  Páginas: 2. Párrafos: 6. 

Gana Dubinin

PODRÍA resumir el saínete del referéndum parodiando una frase muy común entre mi gente jaenera: «A Humada le jumean los tachines.» Después de tanta historia en torno a los poderosos cerebros electrónicos de Hacienda, fiados a la custodia de Humada, celador cibernético del PSOE, otra vez nos hemos quedado los españoles sin el espectáculo común en la actualidad a todas las naciones, incluidas no pocas tercermundistas, en que se celebran consultas electorales. Me refiero a la aparición continuada en las pantallas de los datos parciales que comunican los colegios desde todo el territorio nacional. Una vez más no se ha querido en la demotiranía española que los votantes conociéramos esa lluvia de datos parciales, garantía mínima de una aproximación a la realidad de los resultados globales del Gobierno. De nuevo hemos de creer en la palabra de los feliponcios. Esta vez en la de Barrionuevo, como hace tíes años en la de Guerra. Se ve que a las computadoras, pese a su perfección, no les va el clima hispano. Siempre enmudecen en los momentos cruciales. Debo dar el justo crédito a la intuición de Salas y al pronunciamiento de su inefable gato. En ningún caso a la grey partitocrática.

Otro dato me desconcierta. En Cataluña, Vascongadas y Navarra, las autonomías donde el PSOE no controlaba el mecanismo del escrutinio, venció el no con gran holgura, pese a que los partidos dominantes se pronunciaron en favor del sí o dejaron a sus seguidores en libertad de voto. Y resulta, para mayor aliento de la suspicacia, que en esas regiones los resultados negativos para el Gobierno se produjeron de acuerdo con los sondeos realizados por empresas especializadas no vinculadas a la disciplina oficial de pago o de dependencia directa. Estos sondeos de opinión anticiparon la victoria del no en toda España, aunque con una inflexión menor que en Cataluña, Vascongadas y Navarra y luego en Canarias. Sólo dos sondeos encargados por partes interesadas en el sí, el dé Gallup y el del CIS, anticipaban una victoria del sí: muy ajustada, casi irrelevante, la de Gallup; y llamativamente próxima a lo anunciado por Barrionuevo la del CIS.

Una vez hechas las anteriores e indispensables salvedades, conviene precisar algunas cuestiones de concepto. Aquellas mismas que aconsejaron el voto negativo de las fuerzas nacionales, una parte sustancial del cómputo de los votos negativos. Es preciso ratificar, ante todo, que la celebración del referéndum interesaba exclusivamente a la Unión Soviética y fue repudiado con reiteración por los Estados Unidos y sus aliados occidentales. También el cuestionario de la pregunta estaba hecho a la medida de las conveniencias soviéticas, interpuestas por Dubinin, el gran manijero de la consulta. El sí supone estar sólo facialmente en la OTAN y niega cualquier posibilidad de integración militar. La fac-ciosidad de la anomalía la percibieron de inmediato los mandos militares que, en el estado de opinión ordenado por el ministro de Defensa, se pronunciaron por el no en un porcentaje aproximado del 80 porciento.

La desnuclearización derivada del sí implica dejar a España absolutamente desguarnecida frente a la eventualidad de una guerra nuclear. Los cohetes soviéticos no tomarían lógicamente en consideración las declamaciones políticas y se descolgarían sobre España sin posibilidad alguna de respuesta. De esa misma naturaleza participan las previsiones de reducción de la presencia militar norteamericana que acarrea el sí. Es indiscutible que el raro sí conseguido a torcían por el Gobierno del PSOE sólo beneficia a la estrategia militar y política de la Unión Soviética. Y es el mejor que podía soñar Dubinin.

Se me dirá: ¿y por qué, entonces, la izquierda marxista se movilizó en favor del no? No voy a dar mis razones, sino las que me sopló anticipadamente un miembro de la Plataforma Cívica, confirmadas por el desconcertante comportamiento a favor del PSOE de Pérez Royo en el debate parlamentario y por la rapidez con que, pese a conocer los resultados espectaculares del no en Cataluña, Vascongadas y Navarra, los primeros reales que se hicieron públicos, aceptaron la derrota los miembros de dicha Plataforma. Un no suficientemente expresivo daría la credibilidad necesaria al sí patrocinado por los socialistas en los términos convenidos con el PCUS. Y, además, sería suficiente para fortalecer una opción amenazadora de izquierda marxista, susceptible de esgrimir en todo momento como amenaza contra posibles veleidades de desplazamiento del sector socialdemócrata del PSOE. Sucedió, sin embargo, que el imprevisto llamamiento nacional al no y la torpeza de Coalición Popularen relación con el ánimo generalizado en sus electores, provocaron esa crecida alarmante del voto negativo registrado por los sondeos independientes. A la llamada Plataforma Cívica le era imposible dar marcha atrás. Era presa de su propia inercia. Sólo cabía un recurso. Precisamente el que se hizo ostensible en la conferencia de prensa antes de conocerse resultados veraces: el consenso con el PSOE y la aceptación sin reservas de sus previsiones, anticipadas ¡legalmente por el aparato oficialista SER-Telefónica cuando todavía no estaban cerrados los colegios en Canarias y cuando apenas si era factible el tanteo de escrutinios plausibles en las mesas seleccionadas.

S¡ aceptamos la tesis razonables de que las abstenciones no técnicas eran votos pasivos de castigo al Gobierno y se suman con la masa espectacular de los noes y la cifra nada desdeñable de votos blancos y nulos, es evidente la derrota objetiva del PSOE. Dos

tercios de la población española no participan de los planteamientos del Gobierno en relación con la OTAN, en particular, y con la política exterior y de defensa, en general. La posición del Gobierno, por consiguiente, se hace extremadamente débil. Los partidos salen rotos en su interior del referéndum. La escasa credibilidad de que gozaba Felipe González queda aún más en entredicho y los recelos occidentales respecto de España y su demotiranía se acrecen. No faltaba en absoluto la razón a los banqueros suizos que, una semana antes del referéndum, aconsejaban a sus cuentes moderar las intenciones inversoras en España, ya que, fuese cual fuese el resultado del referéndum, en nuestra nación se abría un período de fuerte inestabilidad política. Y es así, no sólo por la fractura interna en los partidos. Cualquier persona inteligente puede presumir las consecuencias que, en relación con el problema secesionista, se derivarán del espectaculartriunfo del no en Vascongadas y Cata luna, con independencia de que resulta harto improbable un comportamiento diverso en zonas industriales de parecida estructura que Barcelona y Vizcaya, e inclusive en zonas deprimidas, como alecciona Canarias, donde el hartazgo de la política depredadora del PSOE es harto conocido. Pensar que en Guadix o la zona de Antequera, pongo por caso, haya ganado el sí, no se lo cree ni el tonto del lugar.

Resumo, con la inevitable urgencia: el Gobierno del PSOE queda en entredicho y sale debilitado; la partitocracia, en genera!, sufre una fuerte erosión de credibilidad; la OTAN y Europa obtienen una victoria pírrica; gana la URSS con el cumplimiento de las previsiones de Dubinin, y, en definitiva, pierde España. Así es el potaje cocinado en la olla podrida del escrutinio electrónico, a todas lucesjumeado por Humada.

Ismael MEDINA

 

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