Autor: Frechoso, Francisco. 
 El vicepresidente fue recibido con vítores. 
 Los socialistas festejaron con euforia contenida su triunfo     
 
 Diario 16.    13/03/1986.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Los socialistas festejaron con euforia contenida su triunfo

Francisco Frechoso/D-16

MADRID.

Poco más de cien personas, en la sede del Partido Socialista, festejaron a partir de las ocho de la tarde y en un ambiente de euforia contenida los primeros resultados del referéndum, que ya comenzaban a apuntar una clara victoria de las posiciones defendidas por el partido en el poder.

La afluencia al cuartel general deí PSOE comenzó a ser masiva a partir de las once de la noche, cuando los resultados señalaban, ya sin ninguna sombra de duda, una holgada victoria del «sí».

La euforia se desbordó tímidamente en el momento en que el vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, hizo acto de presencia y ratificó que el triunfo había sido «muy claro» y «muy nítido» y que también había sido «una victoria de España entera».

Hasta entonces nada hacía prever que el partido del Gobierno esperase unos resultados tan abultados a su favor.

En el salón donde los socialistas festejaron su triunfo, tres bufetes, escasamente surtidos, y tres pequeños monitores de televisión instalados en lo alto de columnatas, no lograban crear el ambiente propio de otras jornadas de votación victoriosa.

La sobria decoración, una reproducción de la valla que ha invadido calles y plazas españolas en estos días y apenas media docena de jarrones con claveles blancos o de un tibio color rosa, tampoco contribuían a exaltar el ánimo incierto de los más madrugadores.

La asistencia de líderes también era escasa. En los primeros momentos, José María Be-negas, Alejandro Cercas, Carmen García Bloise, Eduardo Martín Tova!, Luis Yáñez, Matilde Fernández y Helga Soto, completaban la escasa lista de representantes significados.

Sólo a las ocho de la tarde, con los primeros avances facilitados por la Cadena SER, la mayoría de los asistentes comenzó a acariciar la esperanza de la victoria, que se transformaría en convicción íntima cuando José María Benegas, el número dos del partido, anunció los resultados de un sondeo que situaban a los «síes» ocho puntos por encima de los «noes».

Eran las nueve de la noche y el momento que señalaba el definitivo punto de partida hacia el optimismo desbordado, rail ficado una y otra vez por Televisión y, finalmente, en la intervención del ministro del Interior, José Barrionuevo, desde el Palacio de Exposiciones y Congresos.

Benegas ofreció una rueda de Prensa para afirmar, con rotundidad, «¡a clara victoria del sí», y avanzar el mensaje, muy repetido durante Ja noche, de que «la victoria es de todo el pueblo español».

A las once, el ministro de Trabajo, Joaquín Almunia, repartía abrazos efusivos y compartía la opinión de Benegas: «Un triunfo importante —aseguraba—. El pueblo español ha votado lo más conveniente para el presente y para un futuro prometedor, junto a los países más democráticos y progresivos de Europa».

En la planta baja de Ferraz, las escenas de alegría se repetían sin interrupción. En pequeños grupos se coreaban eslóganes, algunos tan singulares como: «Uno de enero, dos de febrero, doce de marzo, OTAN, sí».

El entusiasmo se generalizó con la entrada, poco después de la medianoche, del vicepresidente del Gobierno, que fue recibido con aplausos y gritos de «Alfonso, Alfonso, Alfonso».

Guerra subrayó el triunfo, insistió en hacer partícipe de él a todos los españoles, ofreció a las fuerzas políticas el consenso en política exterior y resaltó la importante tarea realizada

Y llegó también el ministro Fernández Ordóñez —«el partido se ha batido el cobre», dijo— y bajó de su despacho Guillermo Galeote para sumarse a la conmemoración.

 

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