Nuevas bases para la política exterior     
 
 ABC.    14/03/1986.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

NUEVAS BASES PARA LA POLÍTICA EXTERIOR

LA fractura de la izquierda dividida en dos campos antagónicos, el deterioro personal de Felipe González y el modo muy distinto en que desde ahora la Unión Soviética y la Alianza Atlántica vayan a jugar sus cartas en España son los tres grandes capítulos del análisis que ha de seguir al referéndum. No es posible entrever una futura política. exterior española sin analizar los datos nuevos que nos muestran las cifras del 12 de marzo.

¿Por qué la insistencia del Palacio de la Moncloa en celebrar esta extraña consulta contra el criterio del estado mayor del PSOE? Hay una explicación válida, pero insuficiente: Felipe González pensaba que incumpliendo la promesa del referéndum sería inevitable su derrota en las elecciones generales. De añadidura, el voto cautivo del centro y la derecha, partidarias de la Alianza Atlántica, reforzarían su propio liderazgo. Pero hay más. Fuera de España un sector de la Internacional Socialista insistía en celebrare el referéndum. En la necesidad de convocarlo coincidía la línea más distante de Washington, que representa la figura de Wílly Brandt. Los intereses exteriores soviéticos habían aceptado meses atrás la eventualidad de que España se mantuviera en la OTAN, con dos condiciones sustantivas: la reducción del dispositivo militar norteamericano en la Península (menos margen a los Estados Unidos en la defensa del suelo europeo) y no inclusión de España en el mando militar integrado de la Alianza.

¿Cómo entender, en este cuadro general, a Willy Brandt presionando para el triunfo del ai a la Alianza, en nuestro país? Por dos motivos: si la presencia española en la Organización Atlántica era inevitable, sería mejor que fuese administrada por un. Gobierno de confianza, como el de Felipe González.

Pero hay también un segundo telón de fondo en este inexplicable referéndum: han surgido muchos equívocos en la vinculación, afirmada y desmentida tantas veces, deí ingreso español en la CEE y la permanencia en la OTAN. La firma de un tratado con la Europa de los «Diez», en

tantos aspectos desfavorable para España, es un hecho condicionado por la tolerancia europea, especialmente británica y alemana, al peculiar acuerdo de España con la OTAN, dentro de la organización, pero fuera del mando militar integrado. Esta es una situación netamente desfavorable para España, pero muy beneficiosa para algunos países miembros y especialmente para el Reino Unido, que garantiza el mantenimiento del actual estatuto militar de Gibraltar. Así se entiende que diversos Gobiernos europeos, ideológicamente más próximos a la oposición que al socialismo, hayan fingido no entender la abstención de la Coalición Popular, que actuaba como testigo incómodo de un arreglo sustancioso.

CON estos antecedentes se explica, al menos en parte, la imprecisa situación interior: es previsible que el PSOE haya perdido ya una franja de electores no inferior a los tres millones de votos, mientras que la opción propuesta por la Coalición Popular y las minorías nacionalistas ha podido aproximarse, descontada la abstención técnica, a los diez millones de sufragios, La aventura del referéndum-plebiscito ha roto la cohesión socialista. No menos de dos millones de votos del PSOE han partido hacia una potencial fuerza política, todavía de perfil borroso, que podría reunir en las legislativas próximas cuatro o cinco millones de votos. Estamos ante una transformación de fondo en el sistema de equilibrios sobre el que

vivía politicamente la España de la transición. Para una parte de la izquierda el PSOE ha dejado de ser el voto obligado. La aventura referendaria de Felipe González ha revelado el malentendido sobre el que se constituyó la actual mayoría.

El voto del miedo ha sido útil, pero no suficiente para impedir el retroceso. El voto de castigo de las clases medias, alarmadas ante un posible abandono de la OTADÍ, ha quedado aplazado hasta las elecciones generales. La campaña del Gobierno, centrada principalmente contra la abstención, ha fracasado. Esa abstención ha superado todas las marcas: al 59 por 1OO de participación hay que restar además 1.125.0OO votos en blanco y casi 2OO.OOO nulos. Así, los españoles que han vuelto la espalda a la convocatoria del Gobierno forman una enorme masa de casi trece millones de ciudadanos.

Más allá de las cifras, dos conclusiones se abren paso ante el futuro inmediato: no es posible establecer una verdadera política exterior, dentro de un marco democrático, sin un acuerdo básico entra las fuerzas parlamentarias, sobre todo cuando existen dos grandes formaciones dominantes. El presidente del Gobierno ha querido imponer, sin consultar, una linea de hechos consumados: y así ha elaborado una pregunta técnicamente inadmisible para un referéndum inaceptable. ¿Cómo esperar de sus oponentes otra respuesta distinta de la abstención?

TAN pronto como conoció los resultados, Felipe González dirigió un mensaje a los españoles proponiendo un pacto y una política exterior basada en el acuerdo de las fuerzas parlamentarias. Después de haber hecho durante los últimos meses lo contrario, ¿se le podrá creer ahora?

La segunda conclusión nace de esa desconfianza: el equilibrio sobre el cual se articuló la transición ha quedado roto. Hay una nueva distribución de poder y un distinto reparto de cartas. Las grandes instituciones de la nación, algunas de ellas dañadas por el socialismo.

 

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