Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Las primeras castañas     
 
 ABC.    14/03/1986.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Escenas políticas

US PRIMERAS CASTAÑAS

YA lo había dicho ese maestro de la elocuencia socialista que se llama Guillermo Galeote; o sea, Güili. Y además lo dijo en el Congreso, ese recinto al que nuestros abuelos del siglo XIX denominaban «templo de las leyes» y que tendría que ser para nosotros la catedral del diálogo, vamos, para que lo entiendan los «hinchas» y lo síseñores, el San Mames de la convivencia política. Don Guillermo Galeote; o sea, Güili, dijo que iban a tener que empezar a repartir muchas obleas. (Don Guillermo no dijo «obleas», que dijo otra cosa, pero yo, por esta vez, me refugio en el ño-ñismo y me salgo del realismo del arte socialista, sobre todo en los primores del lenguaje. Ya se sabe que en cuanto a primor y estilo estos socialistas nuestros hacen «futiré».)

Bueno, pues ya han empezado. Ya han llovido las primeras castañas. O sea, que tenía razón el Güili. A ese muchacho, estudiante de Ingeniería Superior, que va para ingeniero de Montes, Esteban García del Valle, le han abierto la cabeza los servicios que paradójicamente se llaman «de orden» del Partido Socialista Obrero Español durante el mitin de don Felipe González. Es decir, que al mismo tiempo que don Felipe quería comerle el coco y lavarle el cerebro, sus gorilas le abrían la cabeza. Es de esperar que nuestros socialistas no entiendan así la «alternativa» democrática: o te lavo la cabeza o te la parto.

Don Felipe González no hablaba en ese mitin de la ley de Atribuciones. De esas cosas hace tiempo que no habla don Felipe. Seguramente piensa el señor presidente que son nimiedades y asuntos de poca monta, sobre los cuales no merece la pena que él gaste algunos minutos de su precioso tiempo o algún esfuerzo de su privilegiada materia gris. Don Felipe hablaba de su propio problema en ese desaguisado del referéndum, y no se le podía distraer con otros negocios sin relevancia. Así que al susodicho Esteban García del Valle y a otros compañeros mártires, garrotazo y tentetieso. Ya se sabe que para nuestros retroprogresistas de izquierda, los valores políticos del diálogo consisten a veces an que la letra con sangre entra, sobre todo cuando la letra es la de don Felipe y en que tranquilidad viene de tranca, sobre todo cuando la tranquilidad es la del jefe. A estas alturas, Esteban García del Valle, quien como digo va para ingeniero de Montes, ya habrá aprendido lo que es la selva donde crece el alcornoque y la fruta que da el castaño en Celtiberia.

Y han llovido más castañas. A mi compañero José Luis Gutiérrez, director adjunto de «Diario 16», le han estrellado un vaso en la cara. El brindis se lo ha hecho un sujeto llamado Vicente Torres, acusado de haber dado al PSOE algunas comisiones en metálico, o sea, en pasta mineral catalana, por la adjudicación de unas contratas de basuras, ¿recuerdan? Se conoce que don Vicente Torres es tan proclive a tomar el contenido como a arrojar el envase.

Mi amigo Manolo Alcántara, que se dedica a escribir como los ángeles mientras mira el Mediterráneo desde un balcón de Málaga, dice que todas sus aficiones deportivas consisten en el «levantamiento de vidrios». A Manolo le gusta tomar un vaso a la hora del ocaso, y después lo deja pacíficamente en la barra. A este otro juglar de las comisiones de basura y de la épica (la «épica», no la «ética», amigo linotipista) de las contratas, le gusta, por lo que se ve, invitar a un trago tirando los vasos a la cara. O sea, que tiene mal vino, y que no quiere que nadie le mire las manos sucias.

Total, que unos para que les dejen hablar y otros para que les dejen hacer, están empezando a usar el argumento de los soplamocos. Mi compañero José Luis Gutiérrez podía haber hecho lo que aquel señor inglés que recibió en la cara el contenido de un vaso, arrojado por su objetor en la tertulia. Dijo; «Eso es una digresión; ahora espero su argumento.» Pero, si no lo dijo, hizo bien. Esta gente se cree que una digresión consiste en un vaso y no sería extraño que creyera que aun argumento es una botella.

Esperemos que estos secuaces de don Guillermo Galeote se sosieguen, y ya que no dan bellotas, que no sigan repartiendo castañas.

Jaime CAMPMANY

 

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