Conferencia de Fraga en Valencia. 
 La ruptura sería el suicidio colectivo más inconcebible de los últimos tiempos  :   
 El Régimen nació por la fuerza, pero los vencidos habían abierto el peligroso juego dos años antes. 
 ABC.    21/09/1976.  Página: 96. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

R T E S 21 DE SEPTIEMBRE PE 1976. PAG. 96

ABC * ULTIMA HORA EN A B C

CONFERENCIA DE FRAGA IRIBARNE EN VALENCIA

«LA RUPTURA SERIA EL SUICIDIO COLECTIVO MAS INCONCEBIBLE DE LOS ULTIMOS

TIEMPOS»

«El Régimen nació por la fuerza, pero los vencidos habían abierto el peligroso

juego dos años antes»

Valencia, 21. (Cifra.) «La ruptura sería el suicidio colectivo más inconcebible de los últimos tiempos», ha

afirmado el ex ministro y profesor Manuel Fraga Iribarne en el curso de la conferencia pronunciada hoy

en el Ateneo Mercantil sobre el tema «España en la encrucijada».

Presentó al conferenciante el vicepresidente de la entidad, señor Pérez Gimeno, quien hizo una semblanza

personal, política y universitaria del señor Praga. El salón, en sus diferentes pisos, se hallaba totalmente

repleto de público, teniendo que habilitarse las salas laterales.

El señor Fraga inició su disertación afirmando que España, lo que no es nada nuevo para ella, se

encuentra actualmente ante una encrucijada con tres opciones posibles: el inmovllismo, la ruptura y la

reforma, y con una situación basada en una sociedad dinámica y la salida de un período decisivo que

acaba de cerrarse.

Refiriéndose a los últimos años afirmó, entre otras cosas, que se ha producido un irreversible despegue

hacia la sociedad urbana, industrial y de consumo y que este desarrollo ha sido debido a un período de

orden, de continuidad, de ahorro.

LEGITIMIDAD. — «El régimen de Franco —enjuició, más adelante— nació por la fuerza, pero sin que

los vencidos pudieran quejarse, porque ellos habían abierto el peligroso fuego dos años antes (al no

afrontar en 1934 su derrota electoral). Por otra parte —añadió—, deberá juzgársele hoy y mañana por sus

frutos más que por sus orígenes.»

Al pasar a referirse a las tres alternativas que hoy se ofrecen a los españoles, rechazó el inmovilísmo y la

ruptura y apoyó la reforma, en su creencia «en la superioridad del cambio gradual sobre el traumático.

Rechazamos —afirmó— la hipótesis de un cambio descontrolado, con efectos imposibles de prever», y

fijó como meta la democracia.

DOGMATISMOS. — Recordó, seguidamente, sus dos etapas en el Gobierno y los .resultados de ellas.

También recordó y advirtió a la izquierda y a la derecha la esterilidad de sus dogmatismos.

«Frente a un planteamiento rupturista sin límites ni garantías —recordó a la primera— tendríamos que

replegarnos a posiciones de seguridad» y que si hay que luchar por la existencia misma del país,

«sabríamos actuar con arreglo al clásico principio de aue es mejor luchar de pie que cuando va le han

puesto a uno de rodillas».

A la segunda recordó que el país vive ya el mundo real del final de los setenta, que la sociedad española

ha cambiado mucho y desea cambiar más y que mantener actitudes Inmovilistas sobre posiciones

inadecuadas es uña estrategia equivocada. «La reforma —recalcó— es Inevitable y ha de hacerse en

serio.»

«Frente a ambos dogmatismos —resumió— afirmo que en la´ encrucijada de España hay un camino que

va por el centro de los extremos, aue marcha al ritmo prudente en la vía de la reforma, reforma que, por

supuesto, no es solamente la política, sino que ha de extenderse a todos los campos que comprende una

estructuración moderna de la vida social, económica y cultural.»

.INDEPENDENCIA DEL ESTADO.—Señaló que no puede haber orden sin respeto a la Ley y que la Ley

no es sólo orden, sino justicia social. Subrayó la necesidad de Independencia y autoridad del

Estado y sus órganos. «Han de ser independientes de los entes internacionales. Me temo —puntualizó—

que muchos políticos españoles, en sus ansias de homologación exterior, se están olvidando homologarse

con el pueblo español y los intereses nermanentes de nuestro Estado.»

AUTONOMÍAS.—Seguidamente defendió la autonomía en lo funcional y lo territorial, pero sin que sea

instrumento de «funesta disgregación». «El desmadre de ciertas actitudes nacionalistas, federalistas o que

pretendan una imposible autodeterminación —subrayó— es o «pura utopía, o irresponsabilidad, o

confesión de que no se trata de hacer, sino de dificultar en lo posible, en una actitud nihilista.»

REFORMISMO.—Finalmente, al referirse al reformismo, dijo de él que no es un método para la

transición actual, sino una «filosofía permanente», porque todo régimen es de alguna manera imperfecto y

ha de estar abierto al perfeccionamiento. Añadió que el reformismo no pregunta a nadie por su pasado y

que el reformista, por encima de todo, «admite su propia capacidad de errar, actúa con prudencia y más

que asombrar, aspira a acertar».

Por último, Manuel Fraga brindó, tanto a inmovilistas como a rupturistas, «el modelo del acuerdo, el

compromiso, de la moderación, del gradualismo, de la política de centro. «Creo que el país bien se

merece que lo intentemos.»

 

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