Autor: Garrigó, Andrés. 
 Después del referéndum. 
 La permanencia en la OTAN no altera la reivindicación de la soberanía de Gibraltar  :   
 El gobierno no aclara a los aliados su propuesta de integración. 
 ABC.    15/03/1986.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

«La permanencia en la OTAN no altera la reivindicación de la soberanía de Gibraltar»

El Gobierno no aclara a los aliados su propuesta de integración

Bruselas. Andrés Garrigó

La decisión de permanecer en la Alianza Atlántica no altera para nada la reivindicación española sobre la soberanía de Gibraltar, que es una postura «firme e invariable», dice el Gobierno en una carta oficial enviada a los representantes de todos los países miembros de la OTAN y at secretario general de la Organización, lord Carrington.

La carta alude a la «revisión» (congelación) anunciada aquí por Moran el 9 de diciembre de 1982, que explica que esa revisión culmina con el referéndum que ha permitido al Gobierno decidir la continuidad en la Alianza con las tres restricciones aprobadas: desnu-clearización, no integración en la estructura militar, reducción de la presencia militar. Añade que permanecer en la Alianza no altera la reivindicación sobre Gibraltar, párrafo duro, que indica que ése será uno de los problemas a la hora de negociar el engarce o «coordinación del Ejército español con los mandos aliados».

El embajador Ojeda señaló que no hay prisa por concretar la contribución militar española a la Alianza. Eso parece confirmar la idea de que Felipe González quiere esperar hasta después de las elecciones, para no sufrir un nuevo desgaste negociando con la OTAN un consenso que se anuncia difícil.

Con la comunicación oficial de su victoria referendaria a la Alianza Atlántica, el Gobierno español se plantea todo un abanico de problemas políticos, estratégicos, técnicos y también de aportación económica, que al parecer prefiere eludir en los meses que nos separan de las elecciones generales. Algunos esperaban que en la carta de ayer a los ministros aliados y al Consejo Atlántico, España concretara su postura cara al futuro. El Gobierno ha decidido otro calendario. Primero, explota el «éxito» popular, recoge las felicitaciones -que no faltaron ayer por parte de lord Carrington y demás miembros del Consejo Atlántico- y luego en las reuniones ministeriales de mayo en Bruselas (Defensa) y Halifax (Asuntos Exteriores) inicia la «participación plena» y hace unas declaraciones de intención, que permiten iniciar las «consultas».

«Todo el mundo sabe que no hay prisa», nos ha dicho Jaime Ojeda, el hombre que Moran colocó como representante en la OTAN, en sustitución del destituido Rupérez. «Ahora hemos de empezar a tratar con los mandos de la Alianza y con los aliados en general sobre cómo realizar nuestra contribución militar sin caer en la estructura integrada.»

Abundan aún quienes interpretan mal la cláusula de no integración en la estructura militar de la OTAN y se escandalizan cuando dice Ojeda que las misiones OTAN desempeñadas por fuerzas americanas en España podrían ser desempeñadas por tropas españolas. No participar en el mando integrado -como Francia- significa no estar a las órdenes de la jerarquía militar aliada sobre el papel, y en la realidad en caso de guerra.

Pero lo más importante será la asignación a España de «misiones OTAN». Es decir, que dentro de la orquesta aliada -y aunque no obedezcamos teóricamente a la batuta del general Roger- nos hemos de poner de acuerdo sobre qué instrumentos preferimos tocar, sabiendo cuál es la partitura, por si llega el caso de interpretarla juntos. Se puede suponer que España querrá para sí la misión de controlar el eje estratégico Baleares-Estrecho-Canarias, y ahí pueden resucitar los problemas con Inglaterra (Gibraltar) y Portugal (Canarias-Azores).

 

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