Algunos consejos infalibles. 
 Como conseguir una nueva victoria de Felipe González     
 
 ABC.    16/03/1986.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Algunos consejos infalibles

COMO CONSEGUIR UNA NUEVA VICTORIA DE FELIPE GONZÁLEZ

LA campaña del referéndum ha descubierto un poco más la naturaleza del poder actual. Creemos que hay que mirar hacia adelante; pero no pensamos que puedan desaprovecharse las útilísimas lecciones que nos ha brindado esta extraña consulta popular. Suponemos que el centro-derecha no desea que el Partido socialista permanezca en el Poder: pero, a veces, la desidia se nace tan evidente que llegamos a dudar.

Nunca respaldaremos una política de partido, pero creemos que sin alternancia no se consolidará el sistema demoorático. Si los sectores que hoy están fuera del Poder (y no hablamos sólo de la oposición parlamentaria) no conciertan un proyecto en común, estarán colaborando indirectamente a la causa de Felipe González. Si dé lo que se trata es de ayudar al presidente del Gobierno a ganar de nuevo las elecciones, brindamos a esos sectores algunos consejos prácticos, en la seguridad de que no pueden fallar:

- Aceptar la actual televisión. O mejor dicho, tragar en el asunto de Televisión. La comunicación libre es la piedra angular del régimen democrático; la desinformación sistemática es el fundamento de todo régimen totalitario. En un país de democracia incipiente y con amplias zonas de población sólo informadas por la pequeña pantalla, no pueden celebrarse elecciones libres con una televisión única y pública como la actual, convertida en máquina de ganar elecciones. La permanencia de Cal vino es la prueba del nueve para comprobar la sinceridad democrática del actual presidente fiel Gobierno. Lo ocurrido en Televisión Española durante la campaña del referéndum (Sopeña, Colom, Mateo) avergüenza a muchos españoles que se sienten europeos. La oposición debe emplear el único lenguaje posible: o dejan ustedes de trucar la baraja o nos levantamos de la mesa.

- Admitir impasibles que el manejo televisivo se extienda a algunos semanarios, emisoras y periódicos. La adquisición, generalmente a módico precio, de algunos espacios, en las últimas semanas, nos ha devuelto al mundo de la banana. El centro-derecha no hará si no perder posiciones mientras carezca de una estrategia de medios de información. El PRI, a este lado del Atlántico, no podrá formarse si tiene enfrente un contrapoder informativo.

— Aceptar el engaño sin parpadear. Ultimo ejemplo: la broma de las encuestas. El Poder financió durante la última campaña varias encuestas manipuladas para extender el voto del miedo: recurso perfectamente digno de la democracia nigeriana. Algunos periódicos aceptaron el producto y colaboraron inconscientemente con un procedimiento que no hubiera mejorado doña Imelda Marcos. ABC escribió no una, sino cinco veces, y en portada, que el Gobierno ganaría el referéndum y anunció su decisión de no hacer en esta ocasión encuesta alguna. Las empresas de sondeos más serias compartieron nuestras reservas. «Pero eso que usted dice no se puede demostrar» clamaron, heridos en su honor, los nuevos héroes de Calderón de la Barca Lo demostraron las diferencias de hasta veinte puntos que aparecieron al cotejar el falso vaticinio con las cifras de la realidad. Una oposición que en España jio domine el juego de las encuestas tiene, perdida la partida.

— Asegurar que no hay juego sucio: mirar para otro lado cuando hay juego sucio. En las elecciones francesas de 1984 apareció una candidatura centrista con el solo propósito de dividir a la oposición: la encabezaba el señor Olivier Stirn, antiguo giscardiano, directamente financiada por el Poder. «Le Fígaro» denunció la maniobra. «El señor Stirn, escribió entonces nuestro colega, aparecerá pronto en el lugar que le corresponde.» Hoy lo vemos encabezando la lista del Partido Socialista por el departamento de La Manche. En la política española hay varios señores Stirn.

— Imitar al poder, es decir, renunciar a las convicciones para vivir sólo de la imagen. Desde que el centro-derecha levantó en Europa la bandera de las libertades, el socialismo ha entrado en barrena. Pero hay una cuestión previa: las naciones que mandan tienen su fundamento último en las convicciones, no en los arreglos de imagen. Él Gobierno actual, obsesionado por los problemas de imagen, ha permitido que los problemas de la realidad lo desborden. Ha perdido pie, pero pretende que los gobernados traguen. El problema consiste en que las naciones serias no tragan. Un dirigente socialista que declara «el capitalismo es el menos malo de los sistemas» no podría gobernar en Europa. Un gobernante que ha ganado las elecciones con un proyecto anti-OTAN no puede convocar un referéndum pro-OTAN: es, lo repetimos, como si un líder de la lucha contra la pena de muerte anunciara una pequeña modificación del programa al hacerse partidario de la silla eléctrica.

— Desconocer el flanco débil del secretario general del PSOE: un Gobierno que convoca un referéndum sobre la OTAN, que promueve la creación de una plataforma contra la Alianza capaz de reunir siete millones de votos; que promueve la reducción paulatina del apoyo militar norteamericano (sin el valor de poner en la frontera a todos, hasta el último de los «marines», como hizo el general De Gaulle), que defiende un sistema de integración insólito, con un pie dentro y otro fuera de la OTAN, no puede aparecer como un aliado seguro. La línea política de Felipe González es zigzagueante; como ocurre cuando no hay ideología. Pero hay una dependencia inevitable con los lugares comunes del socialismo residual, y hay, sobre todo, fidelidad a un extraño proyecto europeo: el proyecto Brandt. El ex canciller alemán es el creador de la. doctrina de la equidistancia: los dos bloques son igualmente recusables. Europa debe mantenerse tan independiente de los soviéticos como de los norteamericanos. Es el modo seguro de propiciar a medio plazo la penetración soviética en Europa. De ahí el júbilo con que los pacifistas españoles han celebrado la colosal plataforma que les acaba de proporcionar Felipe González. De ahí también el éxito del señor Dubinin como jefe de misión, derrotando en toda la línea al embajador rival.

Esa línea intuitiva, no ideológica, pero continua en la acción exterior de Felipe González es su sola línea constante, y al propio tiempo su flanco más débil.

- Aceptar por anticipado la derrota. Mirar al Poder diciendo todos los días, a todo el mundo: «Volverán a ganar, volverán a ganar.» Hace medio siglo Schumpeter estudió el llamado «efecto band-wagon»; el elector sin criterio se sube al vagón que pueda ganar. En democracia, el-que-va-a-ganar tiene, en la raya de salida, no menos de cinco puntos porcentuales de ventaja. En 1981, el socialismo de Mitterrand no ganó, sino que arrasó. Chirac, Giscard y Barre no se reunieron a llorar en un rincón. Un año después se publicaba su proyecto conjunto con este título: «Para ganar en el 86.» A estáis horas están ganando. La condición jere-míaca de cierta derecha española es una ayuda inapreciable para Felipe González.

 

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