Autor: Contreras, Lorenzo. 
   Los pájaros de Bangkok     
 
 ABC.    16/03/1986.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LOS PÁJAROS DE BANGKOK

ALUDÍA ayer a tos motivos de gratitud que los siameses -Felipe y Alfonso- tienen contraídos, después del referéndum, con Joaquín Leguina y Juan Barranco, respectivamente presidente de la Comunídad autónoma madrileña y alcalde de Madrid. Puede que ese agradecimiento se concrete en una autorización para nuevos recargos locales que hagan olvidar la frustración del 3 por 100.

Pero no todo va a ser agradecimiento oficial hacia personas del partido con las que la relación era fría o distante, aun dentro de una armonía de conjunto. Estos siameses que nos gobiernan y casi merecen el apelativo suplementario de «pájaros de Bangkok», si Vázquez Móntalván me permite la utilización del título de una de sus novelas, acaban de descubrir que una manera de justificarse frente a tos escandalizados ojos del exterior, tras la aventura del referéndum, es presentarse como dirigentes mal aconsejados.

Parece que es un proyecto «eureka» particular. Encontraron a los culpables. Y éstos serían los llamados «fontaneros» de la Moncloa, que ya en tiempos de Suárez dieron que hablar, y que ahora, reeditados por Julio Feo, Roberto Dorado y compañía, cargarían con las responsabilidades de no haber sabido pensar -¿pero pensaron alguna vez? por los maestros en sus horas tontas.

Lo cierto es que el referéndum ha dejado también sus heridas en el complejo residencial del presidente. Y este sentimiento de estar mal rodeados parece que afecta por igual a Felipe y a Alfonso, los «pájaros de Bangkok» por aquello de que son siameses. Una coincidencia histórica más que no debe sorprender. Ya en el libro, nunca reeditado, «De Suresnes a la Moncloa», que recoge los recuerdos e impresiones de Alfonso Guerra, podía leerse que dos militantes asturianos confesaron su asombro al comprobar, dada ia identificación de aquellos dos sevillanos, que estaban ante dos personas con un mismo cerebro.

Eso de tener un cerebro para dos puede dar lugar a graves limitaciones y carencias que los «fontaneros» no han sabido remediar.

Así pues, hechas las valoraciones pertinentes, el referéndum no reparte dividendos sino responsabilidades en la casa del Poder. Uno apenas se imagina a Julio Feo desplazado después de tanto tiempo de identificación con los siameses, es decir con los «pájaros» antes mencionados. Pero es lo que se avecina si la fuente es buena. Porque a alguien habrá que sacrificar después de tantos errores. Se hace en todas las situaciones totalitarias, y ésta va camino de serlo.

Julio Feo ha venido siendo, desde su cargo, una especie de relaciones públicas combinado con asesor de imagen. Es decir, amaba u odiaba por su jefe y también lo maquillaba políticamente cuando la coyuntura así lo demandaba. En el maquillaje debía entrar igualmente el don de consejo, del mismo modo que el peluquero de moda recomienda la orientación de un mechón de pelo o el «esteticién» sugiere determinadas sombras para un rostro.

Pero el referéndum OTAN era demasiado compromiso. Hasta puede que ruede la cabeza de Roberto Dorado, que nunca pareció dotado para el consejo y hoy pasa por ser hombre sobredimensionado de responsabilidades para el tamaño de sus aptitudes.

El caso es que tiende a ocurrir lo de siempre. Pagan los segundones sonoros del palacio y en el ambiente se crea la sensación de que jefes muy responsables pasan factura política cuando alguien yerra. Ya lo dijo poco antes de la victoria del 82 don Alfonso Guerra. No se tolerarían equivocaciones o signos de incompetencia para el puesto de que se tratase. Casi cuatro años después, este «pájaro de Bangkok» tiende a cumplir su terrible promesa.

Lorenzo CONTRERAS

 

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