Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
 Escenas políticas. 
 Sesión de circo     
 
 ABC.     Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

SESIÓN DE CIRCO

NO me negarán ustedes que hemos ofrecido al mundo una emocionante y arriesgada sesión de circo. Hemos hecho un número de trapecio, sin red, con triple salto mortal y, además, con la cabeza hacia abajo y los pies hacia arriba, como hacía su ejercicio la inolvidable Pinito del Oro.

Cuando don Felipe González anunció la convocatoria del referéndum, empezaron a sonar los redobles de tambor del más difícil todavía. «Ahora, señoras y señores, los celtíberos van a realizar el más peligroso ejercicio del circo universal, único en el mundo. Por primera vez, el artista carpetovetónico permancerá doce horas en el aire, entre un trapecio y otro, sin red abajo y con la figura invertida...» Así estuvimos todo el día del miércoles, basculando entre la OTAN y la nada, sin manos y sin pies, poniendo la cabeza en el lugar de los tobillos, y los tobillos en el lugar de la cabeza, mientras abajo, el Oriente y el Occidente nos contemplaban, asombrados y atónitos, con la boca abierta y el corazón palpitante. «Estos tíos se estrellan...»

Mirando las cifras del escrutinio, hay que convenir que no estuvo tan lejano el batacazo. Ahí tienen ustedes las cifras del País Vasco, y las de Cataluña, y las de Navarra, y las de Canarias, y uno piensa que algo parecido pudo suceder en toda España. Y en estos momentos tendríamos a una izquierda sinceramente antiatlantista y antinorteamericana, pidiendo a gritos que le hicieran buena la promesa de convertir una consulta simple en una votación vinculante, sin atender a razones, sin aceptar que la mitad de esos noes que habían triunfado eran de españoles que no rechazaban la permanencia en la Alianza, sino todo lo contrario: que rechazaban las condiciones del Gobierno, restrictivas y limitadoras, para permanecer en la Alianza. Y todos los países de la Europa libre nos mirarían ahora como a la oveja descarriada del Occidente, como a la loca de la casa o como al tonto del pueblo.

En el País Vasco y en Cataluña, comunidades donde la mayoría atlantista y occidentalista no puede ser puesta en duda, respondieron en las urnas con un «no» que habrá sido oído con estupor a un lado y a otro de los Pirineos y a un lado y a otro de los Urales. ¿Qué sucedió en Vasconia y Cataluña? ¿Pudo más el rechazo al Gobierno que el sentido del Estado? ¿Acaso vascos y catalanes quisieron decirnos en las urnas aquello que un día dijo don Miguel Roca: lo primero que hay que hacer es echar a estos señores del Gobierno? ¿Fue una decisión que podrá ser sacada a colación en el futuro? ¡Vaya usted a saber! Ya sabíamos que, tal y como se han hecho las cosas, de este referéndum no había forma de obtener ninguna consecuencia clara y unívoca.

Pues ¿y Navarra? En Navarra, gracias al apoyo de unos grupos nacionalistas radicales, gobiernan los socialistas. ¿Qué quisieron decirnos los na´varros? ¿Les importa un bledo Occidente y Europa? ¿Están deseando, como hoy harán los franceses, decirles a los socialistas que no, que no a cualquier cosa que pregunten? Nuevo misterio.

¿Y por qué se habrá unido Canarias al grupo de comunidades que responden «no» en el dichoso referéndum? ¿Habrán primado razones de política interior o temores nacidos de su situación en el mapa de las estrategias? ¿Habrá vencido el «no» de Sagaseta y sus cómplices, o el voto de castigo, o las ganas de que les dejen tranquilos en el paraíso atlántico, verde y de primavera eterna?

Contempla uno el mapa electoral y no se puede reprimir un gesto de estupor. ¿Es Andalucía más atlantista que Cataluña? ¿Son los extremeños más otanistas que los vascos? ¡Vaya un zafarrancho que han organizado estos socialistas nuestros en el mapa geográfico y político de España! ¡Vaya un carnaval, vaya un manicomio y vaya un circo! Y aun dentro del circo, ¡vaya una confusión! Ya no sabe uno dónde están los funambulistas, los domadores, los trapecistas, o cuándo han salido a la pista los payasos, los contorsionistas o los prestidigitadores. ¡Salgan, señores, salgan!, que la carpa se nos viene encima.

Jaime CAMPMANY

 

< Volver