Una pobre victoria     
 
 ABC.    13/03/1986.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Editorial

UNA POBRE VICTORIA

FELIPE González ha hecho revivir el personaje de Goethe, convertido en aprendiz de brujo: ha desencadenado una tormenta que luego no ha sabido controlar. La completa inutilidad del referéndum, unida al riesgo gravísimo que se ha hecho correr al pats, son las dos grandes realidades que determinan el descrédito del actual presidente del Gobierno a lo largo de su aventura referendaria. La abstención y el voto en blanco preconizados por la oposición han sido el único elemento estabilizador en medio de tanta inestabilidad innecesaria: en efecto, sin la decisión de Manuel Fraga, Jordi Pujol y otros dirigentes de centro y derecha, los propósitos de los asesores de imagen det presidente del Gobierno podrían haberse consumado, y con los votos del centro-derecha más los suyos Felipe González hubiera quedado ungido como un nuevo caudillo para cuarenta años. Era, en pura lógica política, insostenible que la Coalición Popular defendiera el sí a una contradictoria pregunta que sólo contenía un renglón claro: la adhesión a la persona de Felipe González.

Sobre un censo de 29 millones de votantes, sólo 8.873.000 han dado su voto afirmativo al Gobierno socialista. Pero de ellos, según ta primera prospección solvente, al menos 2,5 millones serían votos conservadores o liberales, que han votado sí por miedo a una eventual salida de la OTAN. Esa cifra real, inferior a los 7 millones de votos, indica el efectivo nivel al que ha descendido, desde los más de 10 millones de 1982, el respaldo electoral a Felipe González.

La abstención, con el voto en blanco, supera los 12,6 millones de votos. Si se descuenta la abstención técnica (que cabe cifrar en menos de 4 millones de sufragios no ejercidos), el respaldo explícito a la posición preconizada por el centro y la derecha se situaría en torno a los 8,6 miilones de votos, netamente por delante del socialismo oficial.

Los sociólogos y los expertos habrán de analizar con urgencia ese tercer sector de 7 millones de votos en los que se han dado cita los extremismos de izquierda con la extrema derecha, a más del porcentaje de conservadores y centristas que han preferido votar contra el PSOÉ antes de abstenerse.

El origen del tremendo error del presidente del Gobierno se resume hoy en nuestra portada: los asesores de imagen de la Moncloa plantearon así el referéndum: diez millones de votos que tiene Felipe González, más siele millones de la derecha y el centro, cautivos por su pro atlantismo, sumarían, como mínimo, diecisiete millones. Tras una votación tan abrumadora, las elecciones generales serían un paseo triunfal y habría nacido un nuevo caudillo. El referéndum se habría convertido en un plebiscito en favor de Felipe González.

A pesar de su radical inutilidad política, y a pesar del gravísimo riesgo, ¿cómo negar el interés clarificador del extravagante experimento? Porque, nadie lo pondrá en duda, la convocatoria decidida por don Felipe González y su campaña han permitido aclarar al menos cuatro realidades hasta ahora dudosas:

Primera: Para mantenerse en su actual posición, al frente del Gobierno, el presidente ha antepuesto los intereses de partido a las necesidades de la estabilidad nacional y a las de la seguridad europea, en un delicadísimo momento de reajuste entre los bloques. A los ojos de los primeros centros de poder (en la propia Alianza, en la CEE, en Washington y en los cuatro principales socios europeos), la imagen política de Felipe González ha quedado caracterizada por el provincianismo y la irresponsabilidad. El desconocimiento de algunas carpetas básicas y la insolidaridad con los aliados dificultarán, en adelante, toda política exterior española presidida por el convocante de este referéndum.

Segunda: La agrupación del voto en tres grandes tendencias deshace la posibilidad de una izquierda hegemónica y unida, pragmática y moderada, como González aspiraba a representar. La izquierda oficial tiende a la división. González ha querido presentar su brusquísimo cambio, desde el antiatlantismo más tópico y violento hasta la reverencia ante lord Carrington como una pequeña adaptación. Es como si

un líder de la abolición de la pena de muerte se convirtiera de pronto en el promotor de la guillotina. El quiebro ha sido demasiado fuerte: tanto, que la estructura doctrinal del socialismo ha cedido en pedazos.

El PSOE de Suresnes era sustancialmente neutralista, enfrentado al neocapitalismo occidental, irreconciliable con el espíritu de la Alianza. La sustitución de- las convicciones por la amalgama circunstancial y utilitaria ha minado la ideología del partido. Y es difícil que pueda consolidarse un socialismo apoyado en la no ideología. Al menos, no se conocen precedentes.

Tercera: Los Gobiernos occidentales que han apostado a Ja estabilidad de la Europa meridional basados en el apoyo a Felipe González, han perdido posiciones. Su confianza se ha visto defraudada ante el precedente de una nación de la Alianza dividida por mitad, entre el «sí» y el «no» a la OTAN. Situación única en Europa. Situación peligrosa, rentabilísima para el otro bloque, negativa para ta cohesión de los occidentales.

Cuarta: La victoria pírrica de don Felipe González es, en dos frentes, una derrota. Ha obtenido menos votos de los que obtuvo en octubre de 1982. Pero buena parte de los sufragios que hoy han votado sí votarán a la Coalición Popular, al P1MV o a CiU en las próximas elecciones generales. De añadidura, la parte más rica, más culta y más influyente de España -Cataluña, País vasco, Madrid- es aquella en que el Gobierno ha sido peor librado.

La jornada, en resumen, termina con el resultado menos desfavorable para el interés de la nación. Pero el cambio que se opera bajo la superficie es muy profundo. Han saltado en pedazos muchas ficciones y artificios. España trata de encontrar su puesto, en medio de contradicciones y dificultades, en el conjunto de los países libres del Occidente europeo. Él crédito del Gobierno actual ante el mundo ha descendido bruscamente. El voto al PSOE ha dejado de ser el voto útil de la izquierda. Se abre un proceso de remodelación en et espacio político izquierdista. La experiencia del socialismo felipista vuela desde hoy con plomo en el ala.

En cualquier caso, como decimos en nuestra portada, los amantes de la libertad deben felicitarse por el resultado del referéndum. Ha triunfado el «sí», pero con tan alta abstención (ia más alta desde 1975) que la consulta ha supuesto un duro correctivo para el Gobierno, a la vez que se ha desbaratado el intento de plebiscitar a Felipe González.

 

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