Autor: Pérez Ornia, J. R.. 
   Torpezas y omisiones     
 
 El País.    14/03/1986.  Página: 58. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Torpezas y omisiones

J. R. PÉREZ ORNIA

Los periodistas de TVE han resarcido a la audiencia con un programa de información de dos horas y media —Referéndum 86. Especial informativo— después de haber protagonizado un memorable episodio de manipulación con el programa Punto y aparte, que dirige Manuel Campo Vidal, programado en la emisión extraordinaria del pasado domingo y encargado por el propio director de los Servicios Informativos, Enric Sopeña. No es fácil encontrar en toda la historia de la transición en TVE una torpeza profesional de tal calibre.

"Una ratonera" y "una encerrona" fueron los calificativos que dieron, respectivamente, Gerardo Iglesias y Manuel Fraga al comportamiento de aquellos periodistas, según testigos que acompañaron a Torrespaña a los dos políticos. Un informativo tanto más torpe cuanto innecesario. La cohorte de cinco profesionales de TVE para entrevistar a un político habrá hecho sospechar a más de un telespectador sobre la capacidad intelectual de los periodistas para estos menesteres. Las leyes de la lógica no admiten excepciones, y la suma de cinco torpezas no tenía por qué dar un resultado inteligente.

Denuncias

Trabajadores de TVE han denunciado igualmente que lo más grave en la cobertura de la campaña del referéndum no es lo que salió al aire, sino lo que TVE omitió deliberadamente: al contrario de la Prensa y de la radio, Televisión Española no dedicó ni un solo reportaje a la OTAN, a informar y analizar la cuestión fundamental que se sometía a referéndum. TVE evitó, igualmente, el debate político, como han demostrado la mayoría de los Punto y aparte de Manuel Campo Vidal, convertidos en una serie de sucesivos monólogos. El Punto y aparte del pasado domingo en la primera cadena fue un auténtico acto de desprecio al debate político, habida cuenta que los tres líderes se encontraban en el recinto de Torrespaña con el mismo fin.

Por el contrario, es de agradecer que estos responsables hayan enterrado las noches electorales de años atrás, en las que TVE montaba la información sobre un espectáculo de variedades, con humoristas contando chistes, cantantes y prestidigitadores entreteniendo al personal hasta que el ministro del Interior comparecía ante las cámaras.

Las dos horas y media de información estuvieron realizadas correctamente y debe elogiarse

el esmero en ser objetivos y puntuales, exceptuada una desafortunada conexión con el centro regional de Andalucía, en la que una reportera no supo contener su regocijo por los resultados.

Comercial

La televisión pública tampoco perdió de vista su sentido comercial a la hora de informar y sorprendió a la audiencia con cortes bruscos. Así, hacia las 23.05, Manuel Campo Vidal cortó la conferencia de prensa del mismísimo vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, para dar paso al anuncio de un concentrado de carne, pescado y tomate.

Dos vicios se ponen en evidencia, sin embargo, en estos informativos maratonianos de TVE: la primacía del protocolo y del rito, de la reproducción ceremoniosa de conferencias de prensa.

Muchos de estos actos e intervenciones sólo se justifican por el hecho de que la televisión va a dar cuenta de ello, con el agravante de que sólo intervienen en la información de televisión las mismas instancias, los mismos rostros, sea cual sea la noticia. La televisión no recogió, en dos horas y media de emisión, la opinión ni siquiera de una sola persona de la calle. Por el contrario, ahí está la locutora que entrevista en el plato a un periodista que es su compañero de mesa y de nómina. Todo ello en detrimento del análisis e investigación de los datos.

El segundo defecto pone de manifiesto una de las lagunas de la gestión socialista en Televisión Española: el precario desarrollo de los centros regionales, que se limitaron, por lo general, a transmitir a Madrid cuatro anécdotas y a repetir, como los conserjes de los gobiernos civiles, lo de la normalidad y ausencia de incidentes.

 

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