Autor: ;Juan, José Vicente de. 
   Un año después     
 
 Madrid.     Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Un año después

Hace un año, un sábado como éste, el "Boletín Oficial del Estado" publicaba un decreto-ley proclamando el estado de excepción en todo el país. De esa forma quedaban en suspenso legalmente cinco artículos del Fuero de los Españoles y se establecía la censura previa de Prensa.

"Acciones minoritarias, pero sistemáticamente dirigidas a turbar la paz de España y su orden público, han venido produciéndose en los últimos meses...", comenzaba el texto del decreto-ley. La noche anterior, al dar la referencia del Consejo de Ministros, el entonces titular de Información, señor Praga Iribarne, dijo a los informadores: "Si ustedes me permiten, un breve comentario al decreto: quiero subrayar lo de acciones minoritarias porque, gracias a Dios, la salud social y política del país es excelente. Se trata... de una estrategia en la que utiliza a la generosidad ingenua de la juventud para llevarla a una orgia de nihilismo, de anarquismo y desobediencia... Dentro de ella, unos cuantos malvados y ambiciosos han querido capitalizar en su beneficio esta situación".

Con un fondo argumental semejante, el día 7 de febrero daba cuenta de la medida a las Cortes, reunidas en Pleno, el vicepresidente del Gobierno. Dos meses después, uno antes del plazo original, era levantado el estado de excepción. Entretanto se produjeron numerosas deportaciones de profesores y alumnos de la Universidad de Madrid, fundamentalmente; la ocupación por parte de las fuerzas del orden público de los edificios universitarios; "homenajes patrióticos" como el tributado a la bandera nacional en Barcelona; el empeoramiento de las relaciones con la entonces recién independizada República de Guinea; persistentes rumores de cambio de Gobierno, según los que entrarían a formar parte del Gabinete determinados militares y falangistas, etc.

Hoy, un año después, ¿qué Imagen presenta España? Un nuevo Gobierno que promueve de manera desacostumbrada las relaciones exteriores; conflictos laborales—más Intensos que los del 69—han llegado a paralizar la producción hullera del Norte hasta hacer necesaria la importación previsora de 300.000 toneladas de carbón; parece haberse dado un paso atrás en lo referente al asocicionismo político y laboral; en la Universidad se dan las clases, excepto en determinadas Escuelas y Facultades, por razones estrictamente académico-profesionales.

En medio de este año transcurrido, el Jefe del Estado nombró sucesor a título de Bey, vinieron veintidós millones de turistas, lo de Matesa, la ley Sindical y pocas cosas más.

Hoy, ante una nueva década, en un fin de semana soleado dentro de este lluvioso Invierno, ¿dónde está aquella orgía de nihilismo? Las posturas ideológicas responden a motivaciones suficientemente más profundas como para poder ser eliminadas en dos meses. ¿Tanto ha podido cambiar en tan corto período de tiempo Juan Español?

lado rumores sobre las conversaciones del señor López Bravo, que se encontrará con altos dignatarios de la Secretaría de Estado vaticana. Probablemente, en relación con las negociaciones en curso con vistas a la revisión o total reforma del vigente Concordato entre la Santa Sede y el Estado español, según las recientes declaraciones tanto de los señores Castiella (en sus palabras de despedida del Palacio de Santa Cruz) y López Bravo (en su entrevista a nuestro colega "ABC"), como de monseñor Morcillo (en su alocución inaugural de la XI Asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española).

Sin embargo, es preciso recordarlo, son sólo rumores, pues ni aquí ni en el Vaticano se ha mencionado que el viaje ministerial a Roma pueda ser un paso hacia la normalización posconciliar de las relaciones Vaticano-España. Y precisamente este silencio crea en los ambientes eclesiásticos cierto malestar. En un artículo del pasado lunes en MADRID, Ezequiel Cabaleiro, en coincidencia con un editorial del último número de "Cuadernos para el Diálogo", expresaba el deseo de una Intervención de la Conferencia Episcopal Española. En efecto, resulta paradójico que los principales interesados, es decir, los miembros del pueblo de Dios, clero y fieles, no hayan tenido hasta ahora la posibilidad de participar en algo tan importante como la plasmación del cauce jurídico de la vida de la Iglesia en nuestro país, en el arreglo de problemas tan vitales para los católicos españoles como los problemas jurídicos del matrimonio, la enseñanza de la religión, el estatuto jurídico de los clérigos, el proceso de nombramiento de los obispos, la financiación de las actividades de la Iglesia, etc.

 

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