Normas de acceso a la universidad     
 
 Cuadernos para el Diálogo.     Página: 7,8. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

NORMAS DE ACCESO A LA UNIVERSIDAD

El pasado 14 de abril, el Consejo de Rectores de Universidades aprobó, en principio, un proyecto de normas de acceso a la Universidad para el curso 72-73 que creemos merece la pena comentar. La primera de ellas establece que «para la selección de los alumnos se adoptarán criterios de valoración, excluyéndose todo tipo de pruebas o exámenes». En las normas siguientes se detallan los períodos de inscripción, datos que se deben especificar en la solicitud de admisión (tales como centros en que se ha cursado el bachillerato y el C. O. U., calificaciones obtenidas, consejo orientador facilitado durante el desarrollo del C.O. U., orden de preferencia entre las distintas Facultades o secciones dentro de una misma facultad, lugar de residencia, etc.), y forma de trabajar de las Comisiones de Admisión que deben ser creadas en cada facultad.

La norma quinta se refiere específicamente a cuáles deben ser los criterios de valoración a seguir y destaca como muy importantes los siguientes: a) el informe de la Inspección de Enseñanza Media sobre los distintos centros que imparten el C. O. U. (excelentes, buenos, deficientes); b) las calificaciones de los alumnos en el C. O. U. debidamente ponderadas para tratar de hacer comparables los posibles distintos niveles de notas en los diversos centros; c) las calificaciones de bachillerato, debidamente ponderadas para tratar de hacer comparables los posibles distintos niveles de notas en los diversos centros. Sigue un curioso apartado d), en el que se advierte que «debe extremarse el cuidado en las ponderaciones anteriores para evitar posibles impugnaciones externas».

Vienen a continuación una serie de normas en las que no nos detendremos, referidas a aspectos más formales, tales como importancia de realizar una propaganda adecuada, necesidad de encuestar a los alumnos de C.O. U., obligación de cursar la carrera en el mismo distrito universitario donde se curso el C.O. U., creación de colegios universitarios, etc.

Sin entrar en la cuestión de si las necesidades del país imponen verdaderamente o no que se verifique una selección previa entre aquellos estudiantes que quieren tener acceso a la Universidad, y emendónos simplemente a las normas que comentamos, lo primero que se nos ocurre es el arduo problema que se les plantea a las Comisiones de Admisión de cada Facultad si realmente deben atenerse a los criterios de valoración aquí sugeridos y no quieren faltar a la justicia. Bien está que se quieran suprimir pruebas y exámenes, pero no creemos que ello deba hacerse al precio de introducir entre los criterios de selección elementos tan circunstanciales y aleatorios como puede ser el centro donde se ha cursado bachillerato y C.O.U., y tan subjetivos como el de «ponderar» las calificaciones obtenidas.

Creemos que estas medidas, de llevarse a efecto, acentuarán aún más las desigualdades existentes en cuanto a procedencia socioeconómica de nuestros universitarios, y actuarán de hecho como un elemento discriminatorio más. Aun admitiendo que el informe de la Inspección de Enseñanza Media sobre los distintos centros sea justo y bien hecho, parece lógico pensar que sean los centros más favorecidos por el mismo aquellos mejor dotados de medios materiales y profesorado, que por lo mismo resultan habitualmente los más caros. Tampoco hay que olvidar, en este sentido, que la posibilidad de elegir un centro concreto no pasa de ser sino privilegio de unos pocos, viniendo muchas veces obligatoriamente determinado el centro por razones geográficas, económicas, familiares o de otra índole cualquiera.

Resulta chocante que ya se prevea y acepte como buena !a existencia de centros de C. O. U. calificados oficialmente por la Inspección de Enseñanza Media como deficientes. Más lógico que rechazar a posteriori a sus alumnos sería probablemente exigir a esos centros que tomaran las medidas necesarias para poder abandonar tan denigrante categoría.

En este orden de cosas, y con arreglo a tan ponderados criterios, podríamos hablar de bachilleres de primera, segunda o tercera categoría, según cuál fuera la calificación asignada a su centro. Puestos a imaginar, nada extraño sería que cualquier día se estableciera con carácter oficial análoga calificación para las universidades y pudiéramos encontrarnos con veterinarios de primera, físicos de segunda o abogados de tercera, por poner algún ejemplo.

Lo irregular de estos llamados criterios de valoración llega a asustar a sus propios autores, que, como hemos visto, incluyen entre las normas una llamada de atención pidiendo que se extreme el cuidado con estas ponderaciones a fin de evitar impugnaciones externas.

La evidencia de lo que llevamos dicho creemos que nos autoriza a solicitar con la mayor insistencia posible a nuestros rectores o, en su defecto, al departamento ministerial superior, que rechace, como nosotros lo hacemos, un sistema que sobre aparecer como subjetivo, injusto y discrimina torio para quienes va dirigido, creemos que resulta también vejatorio para el buen nombre de las máximas autoridades académicas, autoras en este caso del mismo.

Julio 1972 Pag. 7

 

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