El problema universitario     
 
 Cuadernos para el Diálogo.     Página: 8,9. Páginas: 2. Párrafos: 15. 

EL PROBLEMA UNIVERSITARIO

La dedicación de muy numerosos comentarios editoriales al tema de la Universidad desde la fundación de esta revista, así como su abundancia en todas las publicaciones del país, no debe producir un falso enfoque del problema. La Universidad no es la célula enferma en una sociedad sana, sino que participa de una situación de crisis general, de perplejidad permanente ante la ausencia de soluciones y de salidas de cara al futuro. Quizá ocurra, por el contrario, que la Universidad, pese a su grave situación, está más sana, en la medida en que es capaz de tomar conciencia de sus problemas y de enjuiciarlos con un afán reflexivo de resolverlos. Otras situaciones son, sin duda, más graves que la universitaria, pero la ceguera, el egoísmo o un triunfalismo de avestruz impide un examen como el que se hace de aquélla.

Es cierto que en esta proliferación de comentarios sobre la Universidad no todos entienden lo que allí pasa. Existen incluso, en los círculos de la derecha, sectores siempre reacios a los problemas del pensamiento, de la ciencia y de la cultura, porque no tienen esa «funesta manía de pensar», que, naturalmente, traen comentarios extemporáneos, diagnósticos erróneos, tratamientos inadecuados. Son, en su mayor parte, comentarios desde fuera. Así la confusión sigue y parece muy difícil salir de ella.

La situación universitaria sigue siendo extremadamente grave. No se puede negar. Y si se siguiese, como decíamos antes, tan de cerca, aunque a veces con tan graves desenfoques, la situación de los restantes sectores del país, se podría llegar, sin duda, a un diagnóstico similar.

emendónos a lo que ocurre en el ámbito universitario, es indudable que el primer problema que se debe plantear es el político. ¡Qué duda cabe que, por esa razón, el Ministerio de Educación y Ciencia no tiene las manos libres para resolver lo que pasa en la Universidad, sino que está limitado por la peculiar situación política! Cuando las asociaciones están prohibidas en el campo político, así como las reuniones y las manifestaciones que no sean acordes con la línea gubernamental, la coincidencia agrupada y reunida de cientos o de miles, en algunos casos, de hombres y mujeres jóvenes y, por tanto, con una mentalidad más abierta y democrática, tiene que producir unas graves tensiones. Es un volcán permanente. Su sentido crítico, su desinterés, su idealismo y su no conformismo cor la sociedad del semibienestar que es tamos construyendo no puede, consecuentemente, dar como resultado un; Universidad en paz. La fácil explicación de los grupos minoritarios no es sostenible y sería grave que no se entendiese una lección: a diferencia de Francia, Italia y Alemania, por ejemplo, que han integrado y solucionado graves situaciones universitarias al menos hasta el momento en nuestro país no ha sido así. Como el problema político no es un problema estrictamente reducido al ámbito universitario, es evidente que éste no se resolverá hasta que aquél lo haya sido. A nuestro juicio, ese problema político se resuelve en la vía de una organización eficaz de las libertades públicas, de otros pasos formales en la línea de las estructuras vigentes en la Europa Occidental y de una mayor igualación económica, social y cultural. Si esos pasos no se dan no se resolverá nunca el problema universitario, con el grave detrimento que en la formación de los hombres se producirá por esa causa. La iniciativa para esos pasos está en los sectores del poder, y, por consiguiente, la responsabilidad de la situación no se puede hacer caer sobre los profesores ni los alumnos.

Junto a ese problema general existen otros que, como son causas, contribuyen a la crisis.

a) El continuo aumento de estudiantes, con la consiguiente escasez de profesores, de dotaciones y de instalaciones.

b) La tensión existente en el sector de profesores no numerarios ante la inseguridad de su situación administrativa y lo insuficiente de su remuneración económica.

c) la incomprensión de algún sector de los profesores numerarios, especialmente catedráticos, ante la nueva problemática planteada y, consiguientemente, su deseo de mantener su viejo status privilegiado, hoy insostenible.

d) La falta de poder de las autoridades académicas de los centros —que, por contraste, son las únicas que tienen un cierto respaldo democrático: la junta de profesores numerarios—. Esta falta de autoridad es consecuencia de una interferencia creciente de la autoridad gubernativa por un lado y de una creciente centralización de las decisiones universitarias a nivel de los rectorados y del Ministerio, que convierte en papel mojado a la autonomía proclamada en la Ley General de Educación.

e) La radicalización irracional de algunos pequeños sectores estudiantiles que, seguramente por causas que no les son imputables, sino que se deben achacar a la propia sociedad y a su organización, son una realidad, aunque mucho menos importante y decisiva de lo que se dice en medios oficiales.

f) El desfase de muchos planes de estudio, su desorientación sobre lo que en ese campo conviene hacer junto a los criterios restrictivos de acceso a la Universidad, derivados d> la aplicación de la Ley General de Educación.

g) Las constantes tensiones de orden público, que a su vez dan origen a nuevas situaciones que se agravar (detenciones, irrupción de grupos extraños a la Universidad —fundamentalmente de extrema derecha—, apaleamientos, etc.). La presencia de la fuerza pública en el interior de los centros no solamente no ha solucionado el tema, sino que ha contribuido a agravarlo, y todos los universitarios, incluidos aquellos profesores más moderados o conservadores, coinciden en solicitar que se retire.

h) El propio desaliento de los hombres que en cualquier estamento de la Universidad más luchan por la superación de los problemas. Este desaliento se origina sobre todo por las dificultades de resolver el problema desde dentro de la Universidad y por la constatación de que los pasos que desde fuera se dan en relación con la misma no contribuyen a una superación de la crisis, sino todo lo contrario.

Estas y otras muchas cuestiones que podríamos seguir poniendo de relieve contribuyen, junto a esa causa genera! que hemos llamado política, a agudizar el problema universitario. Sería erróneo el pensar que las soluciones de fuerza, las depuraciones a profesores y los expedientes a alumnos pueden resolver lo que hemos señalado.

De cara al curso próximo conviene meditar serenamente sobre todo esto e intentar soluciones muy serias y muy profundas si se quiere evitar no sólo que se reproduzcan tensiones e incidentes, sino que se agraven muy considerablemente.

 

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