Autor: Contreras, Lorenzo. 
   Hacia un otoño caliente     
 
 Mundo.    29/07/1972.  Página: 9-11. Páginas: 3. Párrafos: 24. 

madrid POLÍTICO

Lorenzo Contreras

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HACIA UN OTOÑO CALIENTE

LOS rumores se han cumplido. Había importantes novedades legislativas en puertas y las novedades llegaron. Quienes conectaron la antena con la onda circulante anticiparon vagamente lo que iba a ocurrir. Nada menos que dos leyes de prerrogativa dictadas por el Jefe del Estado y dos decretos del Gobierno han prefigurado, respectivamente, el futuro sucesorio, el reforzamiento del Ejecutivo ante los órganos del Estado, el sometimiento de las Universidades de Madrid a un cuadro de medidas disciplinarias y la modificación, en las universidades que el Gobierno determine, del sistema de nombramiento de rectores.

En mi crónica anterior me referí a la inminencia de novedades legislativas, naturalmente sin concretarlas. La salida de MUNDO a la venta coincidió con la publicación de las Leyes de la Jefatura del Estado.

La semana que esta nueva crónica contempla ha sido, pues, políticamente importante. A las normas dictadas se han unido la celebración del 18 de Julio, con su cortejo de comentarios y evocaciones. Algunos de estos comentarios han sido particularmente significativos.

Por otra parte, el último Pleno de las Cortes, correspondiente al primer curso o etapa de la décima Legislatura, ha puesto broche a las actividades en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Pero el advenimiento del verano oficial no ha Clausurado el ciclo de expectaciones, que no hacen «puente aéreo» estival, sino que recorren «a pie» el tramo que conduce a la frontera del otoño. Un otoño que se presume caliente, a tono con las drásticas medidas gubernamentales sobre la Universidad y con las previsiones, posiblemente infundadas, de reajustes ministeriales.

El tiempo, inexorablemente, todo lo aclara. Algunos extremos relacionados con el futuro han quedado, de todos modos, bastante diáfanos. Se sabe cuál es la intención del legislador en cuestiones capitales.

Esta introducción a Jos hechos de la semana ha de pasar por las gestiones del señor López Bravo, en relación con el problema de Gibraltar, y por el anuncio de que e| Consejo Nacional dirigirá al Gobierno un documento en octubre, relativo, fundamentalmente, a asuntos políticos, de orden público, económicos y sociales.

«No habrá posfranquismo»

«El futuro empezó en 1936». El pasado 18 de julio, en «ABC», aparecía publicado con este rótulo un comentario de don Gonzalo Fernández de la Mora, ministro de Obras Públicas. El señor Fernández de la Mora exponía la tesis de la irreversibilidad de algunos sistemas políticos y predicaba para el Régimen español análogo destino. «No habrá —auguraba— posfranquismo, sino franquismo después de Franco.» En la galería de ejemplos históricos que presentaba, el ministro citaba los casos de] Imperio Romano, los Estados Unidos, la República Francesa, la URSS y el Portugal que Salazar fundara.

En relación con él ejemplo introductorio decía: «los rumbos certeros los suele fijar un hombre egregio, apoyándose en el consenso, en la coyuntura y en las fuerzas inerciales de la Historia. Roma es siempre el ejemplo arquetípico. El Imperio es la creación de Augusto, puesta a prueba el día en que se leyó su testamento ante el Senado y se logró la continuidad de las Instituciones. Entonces, la República da paso definitivo a un Imperio que duraría casi cinco siglos. Muchas generaciones de romanos, que no habían participado en las guerras civiles ni habían asentido a las normas básicas del Principado, vivieron el orden y el destino imperiales». El tema de ´la continuidad del Regimen de Franco ha cobrado una relevante actualidad con motivo de la Ley que, en uso de sus prerrogativas, el Jefe del Estado ha dictado para asegurar el enlace entre su mandato y el de su Sucesor. En repetidas ocasiones, los discursos de Franco han reiterado, hasta hacerla familiar, esta expresión: «Todo quedará atado y bien atado».

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Franco, tan aficionado a las cosas de la mar, ha echado a las preexistentes normas reguladoras de !a continuidad un auténtico nudo marinero. Se pensaba que la preparación de un terreno seguro pasaba por el nombramiento de un presidente del Gobierno, es decir, por una decisión consistente en que Franco se descargase de sus actuales funciones al frente del Gabinete y las confiase a otra persona, conservando tan sólo las responsabilidades de la Jefatura del Estado.

Esta solución se considera ya definitivamente descartada. Franco ha proclamado solemnemente su «triple titularidad vitalicia», es decir, ha anunciado de modo inequívoco, con letra de ley y no sólo con palabra de discurso, que conservará hasta el fin de sus días la Jefatura del Estado, la Jefatura Nacional del Movimiento y la Jefatura del Gobierno.

Ahora bien, el hecho de que no vaya a nombrar un presidente de Gobierno no significará que, al cumplirse las previsiones sucesorias, vaya a existir una situación de «sede vacante». La ley que Franco ha promulgado establece que, cumplidas aquellas, «el vicepresidente del Gobierno quedará investido, en virtud de esta Ley, del cargo de presidente del Gobierno hasta que el Rey haga uso de la potestad que le otorga el artículo quince de la Ley Orgánica del Estado o se produzca alguna de las circunstancias que dicho artículo contempla».

Es decir, que ese presidente que Franco deja nombrado prácticamente por testamento podrá cesar por expiración de! término de su mandato (cinco años según la Ley Orgánica del Estado), por dimisión, por incapacidad que habrían de apreciar los dos tercios de los miembros del Consejo del Reino, y, último e importante supuesto, por decisión de! Jefe del Estado «de acuerdo» con el organismo citado.

Esta última posibilidad es la que reclama auténtica atención. Se reconoce al Jefe del Estado, es decir, al futuro Rey, una vez cumplido el juramento e investido como monarca, la posibilidad de remover al Jefe del Gobierno. Pero no es presumible que lo haga o que lo proponga al Consejo del Reino, El espíritu de la Ley dictada por Franco parece eminentemente asegurador y no es pensable que su Sucesor contraríe este afán, aunque se haya cubierto ya el «vacío» de los ocho días entre el cumplimiento de las previsiones sucesorias y las formalidades de la investidura real.

De ahí que el sentir predominante, a nivel de observadores políticos se incline por esta interpretación: confirmación del Jefe del Gobierno, en cuyo caso empezaría a contar el ´plazo de cinco años.

Naturalmente los pronósticos favorecen la presencia del almirante Carrero Blanco en la vicepresidencia del Gobierno cuando las previsiones se cumplan. Carrero sería, automáticamente, el presidente, y, por tanto, el hombre que acompañaría al Rey en la preservación y administración de la continuidad. ¿Agotando el mandato de la Ley Orgánica? ¿Por un tiempo determinado inferior en el que el señor Carrero cumpliría unos concretos cometidos de presencia y actuación?

La importante Ley de la Jefatura del Estado establece en otro de sus

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artículos: «Producido el supuesto de las previsiones sucesorias, el Príncipe de España, don Juan Carlos de Borbón, prestará juramento y será proclamado Rey por las Cortes Españolas, conforme a lo dispuesto en e! artículo cuarto de la Ley de 22 de julio de 1969, en relación con el artículo séptimo de la Ley de Sucesión y dentro del plazo de ocho días desde aquel en que se produzca la vacante. El Consejo de Regencia, que asumirá los poderes en nombre del Príncipe de España a tales efectos, ejercerá las funciones que señala la Ley de Sucesión, salvo las que supongan acuerdo entre la Jefatura del Estado y Consejo del Reino, las cuales son privativas del Sucesor y diferidas al momento en que preste el juramento establecido».

Este artículo reviste especial significado, no sólo porque reitera el plazo de ocho días para la formalización del hecho sucesorio, sino porque alude personalmente a don Juan Carlos de Borbón, con nombre y apellidos, y, además, precisa que el Consejo de Regencia no ejercerá las funciones «que supongan acuerdo entre la Jefatura del Estado y el Consejo del Reino». Este último extremo descarta la posibilidad de que el Consejo tenga potestad para revocar al presidente del Gobierno en los días vitales que precederán al juramento del Rey.

Naturalmente, la atención se dirige hoy hacia la persona de don Luis Carrero Blanco, que en marzo del año próximo cumplirá setenta años de edad. Dado su ascendiente ante Franco y sus muchísimos años de político avezado en el arte de interpretar los deseos del Caudillo, no es presumible que pierda su posición privilegiada. Por consiguiente, se considera lógico que la investidura de la presidencia del Gobierno recaiga en él llegado el momento decisivo.

El diario «Pueblo», al presentar la noticia de las Leyes publicadas en el «Boletín Oficial del Estado», ilustró el texto con una fotografía del almirante. «Será presidente», decía con tipos gigantes el órgano sindicalista, refiriéndose a la figura jurídica del vicepresidente del Gobierno.

La más que probable accesión del señor Carrero a la. dirección del Ejecutivo la sacará de una penumbra de treinta años y le situará en planos de protagonismo, de roce y proyección pública, terreno éste en el que el almirante está prácticamente inédito.

Por supuesto, el tema no se agota con estos apuntes, sino que tiene una trascendencia y hondura que se irán decantando con los días, ¡as semanas y los meses.

Breves notas de la semana

1. — Al redactar esta crónica no se conoce todavía el contenido oficial de los Decretos aprobados por el Gobierno con la Universidad. Parece segura la constitución de un Consejo de Disciplina que funcionaría para las dos Universidades de Madrid. Refiriéndose a su alcance, el señor Sánchez Bella comunicó a los periodistas su impresión de que las medidas adoptadas «llevan pólvora dentro» y «causarán revuelo», aunque, a su juicio, tienen más valor de advertencia que de proyección práctica. Dado que los Decretos suspenden estatutos académicos y ponen en quiebra temporal la aplicación de la Ley General de Educación, el señor Sánchez Bella acudió a taponar las brechas críticas con estas palabras: «El Gobierno reafirma su fe en la Ley de Educación; pero si una serie de gentes quieren aprovechar la apertura de esta Ley para hacer agitación en la Universidad, se encontrarán con el correspondiente Reglamento de Disciplina. Por !o demás, no se trata de ninguna involución o marcha atrás».

2. — Las Cortes, en la sesión plenaria que ha puesto cierre al curso legislativo, aprobaron la Ley de Régimen Económico-Fiscal de Canarias, la de Agrupaciones de Productores Agrarios y la que modifica dos artículos del Código Civil, relativos a la mujer. En virtud de esta última Ley, cuya inspiradora ha sido la señorita Belén Landaburu, las mujeres mayores de veintiún años podrán abandonar el domicilio paterno sin esperar a cumplir los veinticinco, como preceptuaba la paternalista regulación hasta ahora existente. Un islote de progresividad en el océano de regresiones y conservadurismo que nos azota.

L. C.

 

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