Autor: Ramírez, Pedro J.. 
 Ante la crisis de Alianza Popular. 
 Preocupa la inestabilidad de la derecha democrática  :   
 Riesgos institucionales graves mientras no cristalice una sólida opción conservadora y parlamentaria. 
 ABC.    03/11/1979.  Página: 1, 4. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

MADRID, SÁBADO 3 DE NOVIEMBRE DE 1979

ABC

ANTE LA CRISIS DE ALIANZA POPULAR

PREOCUPA LA INESTABILIDAD DE LA DERECHA DEMOCRÁTICA

Riesgos institucionales graves mientras no cristalice una sólida opción conservadora y parlamentaria

LA nueva crisis abierta en Alianza Popular por las dimisiones de Félix Pastor, Carlos Argos e Isabel

Barroso ha venido a acrecentar la profunda preocupación existente en medios institucionales ante la falta

de vertebración política de lo que podría definirse como la derecha democrática. Altas personalidades del

Estado de significación muy diversa han expresado recientemente su inquietud ante la inexistencia de un

partido conservador con la suficiente solidez como para aglutinar constructivamente, en favor de la

democracia y dentro del marco de la Constitución, a los sectores más tradicionales de la sociedad

española.

El progresivo deterioro de Alianza Popular, cuyos tres años de historia son en realidad la sucesión de

crisis interna tras crisis interna, y e1 lógico descontento ciudadano ante la crisis económica y la

persistencia del terrorismo podrían ser elementos desencadenantes de una mayor expansión de

formaciones como las integradas en la coalición Unión Nacional, que declaradamente se oponen a la

democracia parlamentaria y a las llamadas libertades formales. Ello crearía una dialéctica política

desintegradora y centrifuga y repercutiría negativamente en la estabilidad del sistema.

UCD NO BASTA.—Si bien convencionalmente tiende a aceptarse en muchos planteamientos que es la

UCD quien representa a la derecha, todas las manifestaciones de los líderes gubernamentales —ayer

mismo Martín Villa advertía en ABC contra el peligro de que UCD se haga conservadora— y en

definitiva su trayectoria parlamentaria conducen a una conclusión distinta. Ni el presidente Suárez ni

ninguna de las personas influyentes en el colectivo centrista están dispuestos a correr el riesgo de perder

la batalla con el PSOE en el frente progresista, como consecuencia de concesiones a la derecha.

Lo que en el fondo se hace evidente es la imposibilidad de aglutinar con una sola formación política —

una vez constitucionalizado el sistema electoral proporcional— un segmento lo suficientemente amplio

de la población como para dar pie a un Gobierno con mayoría parlamentaria. Si el pasado 1 de marzo

UCD estuvo próxima a conseguirlo —le faltan sólo nueve escaños para ello— fue a costa de una alta cota

de abstención y del fracaso de Coalición Democrática.

Aun así, UCD está consiguiendo sacar adelante buena parte de las votaciones conflictivas en el Congreso

gracias a la «mayoría mecánica» que sus representantes forman con Coalición. A pesar de que no exista

ninguna nueva consulta electoral en el horizonte inmediato, la posibilidad de que tos escaños de Fraga,

Areilza, Osorio y compañía —o al menos parte de ellos— pasen a ser ocupados por una derecha macho

más intransigente y mucho menos acorde con el orden constitucional no puede por menos que preocupar

a quienes desde posiciones no colectivistas analizan las perspectivas a medio plazo.

EL FRACASO DEL 77.—Hace muy pocos días se ha cumplido el tercer aniversario de la presentación

pública de Alianza Popular en tumultuosa conferencia de Prensa en el hotel Mindanao, de Madrid. Fraga

compareció acompañado de López Rodó, Silva, Fernández de la Mora, Martínez Esteradas, Licinio de la

Fuente y Thomas de Carranza. Los entonces denominados «Siete Magníficos» suscitaron grandes

expectativas en cuanto a su capacidad de presentar al país una oferta política atractiva y ocupar el espacio

propio de los partidos conservadores occidentales. El carácter nostálgico de su campaña electoral y la

dinámica de hostigamiento suscitada desde el Poder, desembocaron, sin embargo, en un espectro

parlamentario, en el que AP ni siquiera obtuvo el 5 por 100 de los escaños de la Cámara Baja.

Las diferentes lecturas de las causas de esta derrota y de las posibles fórmulas de enmienda fueron a partir

de entonces inagotables fuentes de conflicto. La primera catarsis se produjo con motivo del II Congreso

Nacional, que sirvió para aupar al trío anteayer dimisionario. Pastor, Argos y Barroso representaron

entonces una alternativa frente a los antiguos «franquistas», encaminada a devolver a Fraga —polémico

introductor de Santiago Carrillo en el Siglo XXI— la aureola centrista de los tiempos de Londres y de la

época de Reforma Democrática. Luego vendría el «si» a la Constitución y el pacto con Areilza y Osorio,

desenganchándose primero Fernández de la Mora, Silva y López Rodó.

FRAGA, ABANDONADO POR SUS ANTIGUOS SEGUIDORES

CONTRA EL ESTATUTO VASCO— El experimento Coalición Democrática todavía generó peores

rentas parlamentarias que las obtenidas en el 77, quedando subsiguientemente frustrada la idea de

convertir tal alianza en partido unitario. Impulsados de una curiosa dinámica pendular, los «progresistas»

del II Congreso pasaron a partir de entonces a mantener posiciones políticas muy similares a las de los

«franquistas» por ellos defenestrados, si bien con menor garra y personalidad política. El «no» de Alianza

Popular al Estatuto Vasco y sus reservas ante el catalán —en curioso contraste con el intenso

autonomismo exhibido por Fraga cuando ha llegado el turno de Galicia— culminaran esta nueva

tendencia.

Sólo la «radicalización» de los etiquetados como «moderados:» y la obsesión de Fraga por reafirmar ese

centrismo en el que nadie cree, permiten entender las características de la crisis ahora planteada. En las

declaraciones formuladas ayer por Fraga —a quien prácticamente han abandonado ya todos sus

distinguidos seguidores de hace cuatro años— se advierte un claro deseo de descalificar a los

dimisionarios, sugiriendo que pretendían reducir su papel al de simbólica «Reina Madre» del partido y

que han planteado inadecuadamente una batalla que debían haber esperado a resolver en el marco del III

Congreso, previsto para diciembre. Pastor, Argos y Barroso justificaban su gesto, dando a entender que

Praga pretende ahogar con su personalismo toda posible colegialidad en las decisiones y toda posible

democratización interna.

La ausencia total de alternativas de cierta consistencia entre los disminuidos cuadros de Alianza Popular

impide aguardar con optimismo el Congreso del mes próximo. Todos cuantos observan con zozobra el

progresivo debilitamiento de esta cuarta pata del banco que completan UCD, PS0E y PCE coinciden en

señalar que lo que, de hecho, se abre ahora es un período de interinidad de imprevisible duración, en el

transcurso del cual la derecha sociológica deberá generar nuevos líderes y nuevos planteamientos

políticos, más en sintonía con la evolución del pensamiento occidental.

P. J. R.

 

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