Autor: Martínez, Jesús. 
 Porque creo que tengo condiciones para ello. 
 Fraga: Quiero ser presidente     
 
 Diario 16.    22/07/1979.  Página: 8,. Páginas: 2. Párrafos: 52. 

«Porque creo que tengo condiciones para ello»

Fraga: Quiero ser presidente

Jesús Martínez

Manuel Fraga Iribarne, gallego, 56 años, ex ministro de Información y Turismo con Franco, ex embajador de

España en Londres, ex vicepresidente y ex ministro del Interior en el primer Gobierno de la Monarquía, ex

secretario general de Alianza Popular y hoy militante de base y diputado por Coalición Democrática, el

pasado jueves a las 11,30 de la mañana en su despacho de la calle Silva fue rotundo: Quise y quiero ser

presidente, para matizar acto seguido y asegurar, que esto es una cuestión secundaria pues España es lo

único importante.

Junto al sueño de la presidencia, Fraga, o don Manuel como le gusta que le llamen, tiene otro que arrastra

como una pesadilla desde su pasado inglés. De cuando fue con Franco la ventanita de la esperanza abierta a

Europa: «Llegar a constituir en nuestro país el gran partido conservador a imagen del británico y que hoy

ocupa el poder.»

Formar el gran partido conservador

P.— Para algunos el presidente Suárez está acabado. Otros afirman sin embargo que en estos momentos es

insustituible. Me imagino, don Manuel, que usted ya se ha planteado el asunto. Si me apura hasta le diría

que en alguna que otra ocasión se había dicho para sus adentros: Después de Suárez yo.

R.— Para mí ésta no es una cuestión de personas, ni de quítate tú que me pongo yo. Evidentemente nosotros

llevamos tres años en una extraña situación donde no hay Gobierno ni oposición. Esto es un asunto de

organización política y de poner las cosas en su sitio. El ochenta por ciento de los votos de UCD son

votos conservadores y hay que llegar por lo tanto al gran partido conservador, después ya se verá quién

sale en ese momento para ser el jefe de Gobierno de turno. Naturalmente pueden ser muchas personas. Es

más, hay mejores gobernantes que Suárez, pero también los hay peores. Los que puedan salir de una intriga

o conjura. Lo primero, poner las cosas en su sitio.

P.— Pero usted da la sensación de ir por todas. De acariciar la idea de la presidencia de Gobierno. No

me diga que no le atrae el ser presidente... (Se mueve inquieto en el sillón. Me habían advertido de

las intemperancias de Fraga y temo lo peor. Parece que va a estallar. Pero responde.)

R.— Naturalmente he querido y quiero ser presidente, porque creo que tengo condiciones para ello. Pero

éste es un tema absolutamente secundario en estos momentos en que para mí España es lo único importante

y apoyaré a cualquiera que lo pueda hacer bien si tiene más facilidades, o posibilidades o menos

inconvenientes, o menos dificultades que yo para llegar a serlo.

El sistema proporcional, un error

P.— A lo peor un pacto UCD-PSOE para un gobierno de coalición rompe sus aspiraciones y las de otros y

Suárez se mantiene. Ya sabe lo que Felipe González dijo a sus compañeros de filas: o salvamos a UCD o

quien no se salva es el país. Desde luego lo que parece cierto es que el presidente Suárez prefiere como

compañero de viaje a cualquier otro menos a usted.

R.— Hay un hecho cierto y es que en este momento ningún gobierno puede ser más que basado en una

coalición de un tipo u otro, ya que ningún partido tiene mayoría por sí mismo. Si esta situación es

buena o mala no es cuestión de discutirlo. Yo personalmente creo que es mala y por eso he defendido

siempre que es un error mantener el sistema proporcional, que favorece la formación de muchos partidos

pequeños. Un país debe concentrar las fuerzas políticas.

Y va don Manuel y te habla de los problemas internos de UCD y del PSOE para llevar el tema a su terreno

y obtener juego en la presunta remodelación política que forzosamente ha de sufrir el país. Y vuelve a

poner el ejemplo de las democracias occidentales donde existe la derecha y la izquierda. El respeto por

las tradiciones o el cambio. Para seguir:

Cuando en el parlamento se debate un tema que para su aprobación se necesita de la mayoría absoluta, a

un lado votan CD y UCD y al otro el resto de las fuerzas políticas. Un gobierno de coalición que no

reconozca estos hechos es un gobierno falso. Un gobierno UCD-PSOE sería algo contra natura y un escándalo

de ópera bufa. Vamos, un fraude para el país. La derecha con la dercha y la izquierda con la izquierda.

P.- Usted habla taxativamente de derechas e izquierdas. ¿Y el centro acaso no existe?

R.— Yo he sido el primero que ha hablado de centro en España y eso en el año sesenta y nueve, cuando

muchos de los centristas de ahora estaban levantando el brazo y cantando el «Cara al Sol» y con la

camisa azul. Pero para mí el centro no ha sido nunca un partido fuerte, que no existe en ningún país del

mundo o bien existe de forma provisional como moderación de los extremos. El centro es un fenómeno

residual. La prueba está en que UCD no tiene homologación, ni es demócratacristiano, ni es liberal, ni

se sabe lo que es. Es como la vieja unión liberal: Una familia feliz mientras ocupa el poder. Ni los

rabos quedarán cuando dejen de ocuparlo.

Al terrorista se le elimina

P.— Hablemos de Euskadi si le parece... (Me corta).

R.— Yo sólo hablo del País Vasco. Para mí hablar de Euskadi no existe. Es una palabra nueva, militante.

Del País Vasco o euskalerria, de eso, hablamos cuando usted quiera.

P.— Pues bien, hablamos del País Vasco. ¿Tan difícil es conseguir una convivencia pacífica en las

provincias vascas?

R.— La paz en todas partes se consigue de dos formas. Primero poniendo fuera de juego a los que no

quieren la paz de ninguna manera. Evidentemente hay un grupo de terroristas que matan por dinero, que

matan por matar y que hay que quitarlos de enmedio. Y eso no lo digo yo, lo dicen antiguos miembros de

ETA como Onaindía. Hay que acabar con ellos.

P.— Parece ser que no contempla otra posibilidad. Si usted tiene la panacea para acabar con el problema,

hable, hable...

R.— Un señor que hace la guerra contra toda la sociedad no tiene más salida que la cárcel o el paredón.

No hay más sistema que ése y lo conoce todo el mundo. Hay que hacer la guerra que ellos hacen y ganar

esa guerra y no se engañe nadie sobre eso, pues ninguna medida política puede solucionar el problema.

Al terrorista se le elimina. Una vez puesto el terrorista fuera de combate hacen falta medidas políticas.

Pero después. La autonomía puede ser la más adecuada, pero pensar que éstas pueden funcionar sin que se

cumpla la primera premisa es perder el tiempo.

P.— Don Manuel, usted habla de guerra y los españoles cuando escuchan esta palabra no pueden por menos

que estremecerse... Ya sabe que la guerra la suelen hacer los militares.

R.— La expresión de intervención militar se ha usado equivocadamente. Yo jamás he propuesto que el

ejército se tome la justicia por su mano, pero lo que sí pido es que se use la Constitución: la

Constitución habla del estado de excepción, habla del estado de sitio y en un estado de sitio se puede

utilizar al ejército. En otros países se usa y no pasa nada.

Los siete meses del siglo

P.— Y el orden público. Usted fue ministro del Interior, ¿tan mal dejó el asunto a su marcha que la

situación no hace más que empeorar aparentemente?

R.— Yo fui ministro del interior en los siete meses más difíciles de este siglo, los que siguieron a

la muerte de Franco. En ese periodo no hubo más que siete muertos por terrorismo y no hubo deterioro

de la seguridad ciudadana. Dejé mi cargo a Martín Villa mucho mejor que éste a Ibáñez Freire. ¿Esto es

el precio de la democracia? No. La democracia quiere decir una forma de hacer la ley. Pero la ley hay

que hacerla cumplir. Estamos en una situación que parece confundirse democracia con anarquía. La

democracia no quiere decir que las FOP no actúen o estén cuestionadas. Si la situación era buena en el

setenta y siete no se ha deteriorado por culpa de las FOP ni de la democracia sino por una falta de

autoridad en el gobierno y por la irresponsabilidad de otros sectores.

Desmantelamiento policial

P.— Es muy fácil apelar a la falta de autoridad del gobierno, a la falta de respaldo y parece que no

deja margen a la posible ineficacia policial en algunos casos...

R.— La policía española, como todas las policías del mundo, depende para su eficacia no tanto de los

medios de represión como de los de información. Los mecanismos de información son siempre los más

delicados y han sido implacablemente desmontados en una increíble operación de desmantelamiento,

movimientos de mandos y cambios en los años siguientes a dejar yo el Ministerio. La destrucción de

los organismos que investigan es una de las barbaridades más grandes de ese periodo.

P.— ¿Y el decreto-ley sobre seguridad ciudadana? ¿Usted estará personalmente contento no...?

R.— El decreto-ley es algo que debió hacerse mucho antes y que resulta insuficiente, ya que el

Ministro del Interior va a proponer nuevas medidas. Es algo que debió hacerse por proyecto-ley, no

quisieron hacerlo a tiempo y

Un gallego que sueña en inglés

Don Manuel hace de todo. En una montería no es de los que menos caza. Se puede marcar un «zapateao»,

hacer el paseíllo a caballo en una corrida benéfica, entregar la espada de Don Juan a Carmen Sevilla

o perseguir rojos, cuando le quieren chafar un mitin.

A pesar de ser gallego, si lo encuentras a mitad de una escalera inmediatamente sabrás si sube o baja.

No dará lugar a equívocos porque además la operación que efectúe en el peldaño la hará con prisas y a

grandes zancadas. Manuel Fraga presume de haber fatigado muchas piernas de ilustres visitantes que se

atrevieron a pasear con él por los jardines que rodean la Embajada de España en Londres.

A Don Manuel, a pesar que detesta la frivolidad, uno se lo puede encontrar en un funeral, en una boda

o haciendo «footing» por las calles de New York aunque a veces resvale y junto al tobillo se le

estropee el humor.

Es serio y presume de ello. Si la sonrisa por casualidad aflora, es un rictus. Impresiona y le gusta

su papel aunque no es presuntuoso. De la mujer se queda con la intuición y la comprensión. Dice que es

ingenuo, pero claro, eso poca gente se lo cree.

Sueña con el partido conservador, y no es que siempre que sueñe lo haga en el terreno político. Le

gusta el verde, color de su tierra, dice, y también de la esperanza. Para la prosa es selecto:

Cervantes, Quevedo, Saavedra Fajardo, Dickens, Balzac y Graham Greene.

Garcilaso, Góngora, Dámaso Alonso, Eliot y Don Quijote completan su terna de poetas y héroes de ficción.

Su heroína: Antígona. Si le regala un disco, que sea de Beethoven, Wagner, Mahler o del maestro Rodrigo.

Completar sus gustos pictóricos es más caro: Velázquez, Rembrandt, Goya, Picasso.

Detesta a los cobardes y a «los pasteleros de siempre». Prefiere sin duda la reforma británica del siglo

XIX a la española del setenta y seis. Asegura que no es autoritario, pero sus golpes le traicionan. Por

lo demás es tremendamente puntual, sin duda porque Manuel Fraga siempre quiso ser inglés.

He sido de los hombres que mejor imagen ha tenido en este país

España necesita un plan de salvación nacional a corto plazo

luego se encontraron asustados ante las elecciones y todo se tejió en periodo electoral y con las Cámaras

disueltas. Por lo demás, en todos los países del mundo, ante la amenaza nueva del terrorismo, se han

tomado medidas de este tipo e incluso más fuertes.

P.— Con lo que me cuenta me entran ganas de detenerme a mí mismo. ¿No será preferible un terrorista

huido a un inocente muerto...?

R.— Ese es un planteamiento falso. El que un terrorista ande suelto no crea la posibilidad de un inocente

muerto sino de miles, puesto que tal es el clima de inseguridad. Con arreglo a ese principio habría

que suprimir todas las policías, todos los jueces y todas las cárceles. Si hay algo contra la libertad

es la negación de que el orden es la base de toda la libertad.

La mejor imagen del país

P.— Don Manuel, ¿no le parece que cuida muy poco su imagen y que no hace caso a los técnicos de

marketing para conservarla?

R.— Yo he sido de los hombres que mejor imagen ha tenido en este país durante muchísimo tiempo. Lo que sí

puedo decirle es que no he sacrificado mis principios por mi imagen. Que habiendo sido objeto de la

campaña más implacable que ha sufrido un político en este país desde Antonio Maura, lo único que pueden

decir es que «este hombre se enfada de vez en cuando» y nada más. Mi vida ha sido investigada de arriba

abajo y nadie puede imputarme ningún hecho gordo o el que se me haya pegado una peseta. Esa es mi imagen.

P.— Dicen que tiene más corazón que cabeza, ¿o no?

R.— Tener, además de cabeza, corazón no es nada malo. Como dijo Pascal, el corazón tiene razones que la

cabeza no comprende. Yo tengo y he tenido siempre corazón y creo que también cabeza alguna, pienso, pues

es lo que más he ejercitado.

Plan de salvación nacional

P.— Y de economía como andamos, ¿usted podría sacarnos de la crisis?

R.— El problema de la crisis económica en España hay que verla dentro de la problemática general de los

países desarrollados o en vías de desarrollo. Como se ha visto en los últimos tiempos la situación ha

empeorado en todo el mundo. En el caso particular de nuestro país, el que la transición política se haya

efectuado mal y en momentos de crisis económica ha producido unos multiplicadores tremendos. Lo que para

países organizados como Japón y Alemania el asunto es serio para nosotros es un drama. Yo apuntaría en

primer lugar a la falta de un plan al que el Gobierno se ha negado sistemáticamente. España necesita un

plan de salvación nacional a corto plazo. Un plan a medio plazo para preparar las bases de una

reestructuración y un plan a largo plazo para preparar la España que queremos para el año 2000.

P.— Eso está muy bien, ¿Pero cuáles son los ingredientes necesarios para que estos planes se puedan

trazar?

En primer lugar hay que plantear un pacto social razonable, exigido y cumplido y llevar a los españoles

a la realidad, devolviendo las ilusiones por el trabajo. Posteriormente hay que ocuparse de los sectores

enfermos como es la siderurgia y, claro, acabar con un planteamiento que fomente la inversión, para lo

que hay que contar con el clima de inseguridad que a todos los niveles se respira en España.

España está llena de empresarios, de buenos empresarios, que no quieren tirar sus empresas.

De todas formas con el gabinete económico del señor Suárez y las declaraciones de Abril Martorell, Leal

o Bustelo, no se tiene la sensación de que tras ello haya un equipo capaz de solucionar la crisis

económica, que es, sin duda, una crisis de confianza.

El paro es como la fiebre

P.— Pacto Social. Esa es una palabra clave y los trabajadores no creo que la acojan de buen grado.

Además tenemos el paro, que crece cada día.

R.— El paro es como la fiebre. Es el indicador de que las cosas no funcionan. Hay quien cree que la

cifra de parados puede llegar a finales de año a la cifra de un millón ochocientos mil y desde luego

con tres millones de parados para dentro de dos años no hay ningún sistema político capaz de funcionar.

El pacto social se ha de fundamentar precisamente en eso.

P.— ¿No será que los empresarios de este país han ganado mucho durante algunos años y ahora no ganan

tanto y no invierten?

R.— Ese es un planteamiento erróneo. En estos momentos no se está discutiendo el que un empresario se

compre un yate o dos fincas, sino el que no pueden pagar a sus proveedores, ni a la Seguridad Social

y están por lo tanto abocados a la suspensión de pagos. Y amigo, en este país debemos mucho al trabajo

sacrificado de los empresarios.

P.- Fernández de la Mora, Silva, López Bravo, Areilza, Licinio. ¿Seguirá usted buscando en el baúl de

los recuerdos?

R.~ Yo no busco en ningún baúl. Lo que ocurre es que pienso que toda fuerza política que no intente

unir cuando sea posible y mantener, en lo posible, la continuidad, no es una fuerza política seria.

Pero claro esto es citar sólo a los hombres más conocidos. Entre el millón y medio de votos de AP en

las últimas elecciones alguna veinteañera ha de haber.

A lo mejor, don Manuel, a lo mejor. 

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