Escuelas y economía     
 
 ABC.    09/06/1961.  Página: 65,66. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

ESCUELA Y ECONOMÍA

El concepto de valoración económica de la función docente, mejor, de la productividad de la cultura,

parece repugnar a muchos. Quisieran una interpretación estrictamente espiritual, supraelevada en el orden

de las delicadas técnicas del intelecto, sin roces apenas con asuntos materiales. Tal postura es de una

delicadeza exquisita, sobre todo cuando les afecta evidentemente una necesaria y urgente mejora.

Esto viene ocurriendo con el Magisterio primario. El maestro, acostumbrado a sentir su nobilísima

profesión como una llamada del espíritu, como una realización aristocrática de inteligencia y corazón, no

quisiera descender a lo que pudiera creerse una subestimación de su entrega a la tarea de formar, con

arreglo a un arquetipo ideal, los nuevos seres qué la sociedad, el Estado y los padres les confían.

Sin embargo, estimamos que tal actitud, fina y aun exquisita, no corresponde al tiempo actual. El

ambiente en que vivimos ha cambiado muchas valoraciones en sentido acentuadamente económico. La

docencia gira en torno a las nuevas técnicas, y los planes de estudio en todos los países del mundo acusan

la intensa preocupación de formar especialistas para la investigación, que, en definitiva, dejarán impresa

su influencia en futuros avances industriales y comerciales.

La enseñanza adquiere, a la vista de esta dirección, un acusado rasgo de valor potencialmente económico.

En resumen: si la economía ha de ser mejorada, Estado v sociedad no tendrán más remedio que aumentar

el número de laboratorios, seleccionar investigadores, dotándolos suficientemente en todos los órdenes, y

especializar los estudios, etc. Hasta llegar a tan alta corriente cultural ha sido necesario cuidar la

inteligencia y el corazón del niño en un ambiente formativo. Tanto mejor preparados estarán los técnicos

cuanto más haya sabido el maestro imbuirles en la escuela un conjunto de verdades fundamentales,

operativas y actuantes, aplicadas con arreglo a rectos criterios de verdad.

La escuela primaria adquiere en este orden la categoría de cualquier otro centro docente. Ahora mismo se

están realizando las pruebas correspondientes a los estudios de Enseñanza Medía, los estudiantes que

llegaron a ellas—es un ejemplo—redactando mal, ¿podrán adquirir hábitos adecuados en los años

sucesivos del bachillerato? Se dirá que ésta es función inicial del centro primario de donde proceden. A

esto deseábamos llegar. Si es preciso elevar el contenido de la escuela, también será necesario pedir al

que la rige, al maestro, una entrega exigente, cuidadosa, apremiante. De todos tos días y en la mayor parte

de las horas.

La función educativa exige, por otra parte, lecturas frecuentes, adquisición de libros que mantengan tenso

el acervo cultural del educador, la concurrencia a otros centros la asistencia, a cursillos... Lo que no puede

hacerse es exigirle todo esto, mientras se le mantenga en condiciones económicas deprimentes. Es difícil

atender a los hijos de los demás con plenitud total sí se siente el agobio de la inasistencia de los propios.

La sociedad advierte ya que en el más eficaz rendimiento del maestro se agita un importante factor

económico, tan valioso como cualquier otro aspecto de la rentabilidad, económica nacional, íiero no

acaba de lanzar su atención expeditiva en un orden concreto e inmediato.

Hay que insistir, entonces, para llevar las argumentaciones desde el terreno elevado de las funciones

espirituales a los es la economía.. Sin abandonar las que siempre han manejado los educadores de mayor

anhelo.

Los doctores Clark y Sloan, de la Universidad de Columbia, han tenido a su cargo, en un curso verificado

en Bogotá, una cátedra denominada "Educación y desarrollo económico". El título es bien significativo.

El profesor Sloan sintetiza en una fórmula el nivel de vida nacional. Este es equivalente a: recursos

nacionales multiplicado por cultura y partido por la población

El II Consejo Nacional dé Asociaciones celebrado recientemente en Valencia ha estudiado la educación

"como un bien rentable dé primerísima categoría". Al propio tiempo cree necesaria una mayor

vinculación del maestro a sus tareas docentes y extraprofesionales, "un mayor número de condiciones

personales complementadas por un aumento de medios disponibles a fin de acoplar la escuela a las

nuevas necesidades socioculturales de su contorno". El ministro de Educación Nacional, en declaraciones

recientes, de las que nos hemos ocupado con el elogio que mueven expuso cifras sobre nuevas

construcciones escolares y viviendas para maestros.

A mayores necesidades, mayores exigencias en oí orden social. Mayor rendimiento en el maestro, ¿En

qué forma se compensarán las nuevas actividades? He aquí una cuestión que debe preocupar a todos y

qua no puede quedar abandonada mientras de una u otra forma £3?van resolviendo los problemas

económicos de menos funcionarios. Por ello insiramos, para que existan criterios do unidad nectarios,

justos y apremiantes.

 

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