Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   No va más     
 
 ABC.    12/06/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

«NO VA MAS»

«RIEN no va plus.» Ya están todas las cartas y todas las apuestas sobre la mesa. Ahora el cuerpo

electoral, en nombre de todos los españoles, va a decir la última palabra.

No es el momento de hablar sobre si las preguntas que se le hacen son las adecuadas, ni de lamentar

que la partida haya sido obviamente desigual. Mejor hubiera sido que una ley electoral más razonable

hubiera reducido las opciones a unas pocas, más darás y significativas, y que los medios del Estado,

sobre todo la televisión, hubieran actuado de modo más imparcial y democrático.

Pero ahí está, de todos modos, la hora de la decisión, la hora de votar. Hay que optar por unas o por

otras candidaturas para lograr que sean unos grupos y no otros los que tengan la posibilidad de

legislar y de gobernar.

Se puede votar comunista, socialista, democristíano y centrismo oficialista. Voy a intentar dar las

razones últimas para votar a Alianza Popular.

Primero, Alianza Popular es una fuerza política auténtica y genuina. No ha nacido de una combinación

fortuita de intereses, de un patrocinio oficial circunstancial, de un capricho de unos políticos.

Fuerza nacional auténtica, de amplio espectro, renovadora y moderada, populista cien por cien,

corresponde al sentir legítimo de muchos españoles. Mujeres y hombres de todas las clases sociales,

intereses y puntos de vista, coinciden fundamentalmente en defender la unidad superior de España,

el orden y la ley; la necesidad de un Estado sólido y de una Administración eficaz para defenderlos;

la familia, la moral pública, la propiedad privada, las libertades de empresa y de trabajo; una

economía dinámica, basada en la productividad y la justicia social.

Segundo, Alianza Popular propone una estrategia reformista y prudente. Frente a los abogados del odio,

de la revancha, del enfrentamiento entre los hombres y la regiones de España, del desbordamiento

violento, de la lucha de clases, de la ruptura (palabra que ellos, y no nosotros, han inventado),

Alianza Popular defiende una actitud de asumir el pasado para superarlo. Rechaza la cobardía y el

entreguismo; del mismo modo que se opone a toda actitud inmovilista, que quiere hacer del 18 de Julio

el fin de la Historia. Alianza Popular promoverá una reforma constitucional inteligente, porque una

Constitución destinada a durar (como la bicentenaria de los Estados Unidos) no es un documento

literario o programático (como fueron tantas de las nuestras, de 1812 a 1931), sino un instrumento de

trabajo para la convivencia y el progreso del país. Alianza Popular promoverá, de acuerdo con su serio

y realista programa, una legislación imaginativa y eficaz para resolver los importantes problemas que

el país tiene planteados en lo económico, en lo social, en lo educativo y en todos los terrenos.

Establecerá una Administración profesionalizada y neutral, por encima de los vaivenes políticos, al

servido de todo el pueblo y más cerca de los administrados.

En tercer lugar, Alianza Popular dispone de hombres expertos y preparados en todos los niveles de la

gestión pública. Dispone también de hombres nuevos, como el que más; pero es el único grupo que tiene

hombres a la vez enérgicos, dinámicos y con una experiencia legítimamente al servicio del país. Vamos

a pasar dos años muy difíciles, por razones de todos conocidas; la crisis económica y social requiere

medidas eficaces y urgentes. No podemos seguir aumentando la inflación, y el paro, y la falta de

inversión; ni con las escuelas cerradas, y con huelgas provocadas por piquetes violentos, y tantos

otros síntomas de desintegración social. Los mismos que la están fomentando están boicoteando (mejor

dicho, intentando boicotear) los actos políticos de Alianza Popular, y propalando la especie de que

en el caso del triunfo democrático de ésta, no lo tolerarán. Igual hicieron sus antecesores Largo

Caballero y compañía ante las elecciones de 1933. Amenazas sin fundamento, pues saben muy bien que con

un Gobierno de Alianza Popular el país respiraría tranquilo y no toleraría bromas de nadie.

Y digamos lo mismo de la política exterior, que no debe confundirse con las relaciones públicas

internacionales, que es cosa muy distinta. Sonrisas y discursos son una cosa; concesiones y ayudas,

otra muy diferente. Hoy ya está claro que una negociación internacional es una cosa muy seria; los

líderes de los partidos vienen aquí a darnos consejos, pero lueqo llega la hora de discutir los

contingentes para los zapatos y los derechos reguladores para los tomates y los plátanos, y en

definitiva de ayudar a España a salir adelante, y las cosas son muy distintas. El sagrado egoísmo

nacional se cobra entonces las sonrisas y los abrazos; y los Don Oppas de turno van a tener que dar

muchas explicaciones a la nación española.

Cuarta razón: la Historia nos demuestra que las naciones y las familias sólo avanzan a base de

continuidad en el esfuerzo. Tejer y destejer, como en la famosa tela de Penélope, es un mal negocio.

Es lo que hicimos, impenitentes, de 1808 a 1936, y así nos fue. Ahora tenemos la posibilidad de

utilizar una dialéctica más razonable: conservar lo valioso, y añadir y reformar todo lo que sea

necesario. Los que venimos intentándolo desde los años 60, y hemos demostrado ya que es posible,

somos naturalmente los más odiados por los revolucionarios y rupturistas. El personaje más atacado

en las historias oficiales comunistas de Rusia es Stolygin, aquel enérgico ministro que logró, a la

vez, mantener a raya a los bolcheviques y realizar importantes reformas, incluso la reforma agraria,

que de haber sido completada hubiera hecho imposible la revolución de 1917. Stolygin fue asesinado,

y a otros les faltó su coraje patriótico y reformista. Nosotros debemos saber que la reforma es

posible, que la ruptura sería catastrófico y que todo lo demás es retórica.

España está en una gran encrucijada de su difícil historia. Tiene que optar. Nuestras opciones son

claras. Entre el este y el oeste pertenecemos rotundamente al mundo libre. Entre el norte y el sur

somos un país de clase media, con manos tendidas y abiertas a todos, pero con nuestro corazón cerca

de los países hermanos de Iberoamérica, y del mundo árabe, sin compromisos de ricos ni complejos de

pobres. Entre la economía puramente capitalista y la burocratizada de las nacionalizaciones preferimos

la economía social de mercado; economía dinámica de justicia social.

Optamos claramente por un orden de libertad, en todos los ámbitos, basado en una realidad social de

prosperidad y cultura que sea su cimiento. Y, por un Estado monárquico, flexible y capaz de absorber

los cambios sociales, en un turno pacífico de fuerzas políticas no extremistas. Nos declaramos

abiertos al diálogo con todos, y a cualquier sacrificio para ayudar a resolver los problemas de

España, poniendo más que otros si es necesario.

No va más. Tenemos que optar. Dios ayude a España en este momento, y a todos nos dé fuerza para

cumplir en él con nuestro deber.

Manuel FRAGA IRIBARNE

La línea de pensamiento de ABC es independiante y no acepta necesariamente como suyas las ideas que

nuestros colaboradores vierten en sus artículos, publicados en nuestras páginas literarias. 

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