Autor: Serna Arenillas, Víctor de la (VICENTE SALANER). 
 Debate en la IV Comisión de la ONU. 
 Marruecos y Mauritania quieren repartirse el Sahara     
 
 Informaciones.    26/11/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

DEBATE EN LA IV COMISIÓN DE LA O. N. U.

Marruecos y Mauritania quieren repartirse el Sahara

SU TESIS: RECABAR LA «OPINIÓN» DE LA HAYA ESPAÑA, PARTIDARIA DE LA

AUTODETERMINACIÓN DEL TERRITORIO, NO SE NIEGA A ACUDIR AL ALTO TRIBUNAL

EL SEÑOR PINIES PUSO TAMBIÉN DE RELIEVE LA FALTA DE ANIMO NEGOCIADOR DE

INGLATERRA SOBRE GIBRALTAR

Por Vicente SALANER

NACIONES UNIDAS, 26.—Marruecos y Mauritania introdujeron un nuevo elemento en tus

intervenciones de ayer en la Cuarta Comisión (territorios no autónomos), en la sesión en que también

habló el embajador español sobre el tema del Sahara: mauritanos y marroquíes dieron a entender un

acuerdo sobre la cuestión, que llevó a un diplomático neutral a observar: «Parece que se están dirigiendo

a un reparto del Sahara.» El representante argelino, por su parte, manifestó su sorpresa por los discursos

de estos dos países.

El debate entró de lleno en los temas coloniales que interesan a España, el Sahara y Gibraltar, con las tres

intervenciones mencionadas, la reacción argelina y la del representante británico J. O. Moretón, que

aseguró que su Gobierno «no puede aceptar las opiniones del de España sobre Gibraltar», y se reserva el

derecho de explayarse más adelante durante el debate. Mañana miércoles, con el discurso argelino y un

posible «derecho de réplica» español, debe proseguir la parte decisiva de este debate, dedicado hoy a

otros temas coloniales.

El cambio más o menos sutil en las posturas marroquí y mauritana, que se ha producido desde sus

respectivos discursos en el debate general del pasado mes de noviembre, parece afectar a su actitud ante

el recurso al Tribunal Internacional de La Haya y ante la cuestión a plantear a este Tribunal. Driss Slaui

(Marruecos; afirmó que la cuestión sahariana debería solucionarse por el mismo rasero que de Gibraltar

(aplicación del principio de integridad territorial, y no de autodeterminación, para descolonizar), «sí el

Tribunal decide que esta tesis mauritana y marroquí es correcta». Esta afirmación de una sola "tesis" de

ambos países podía parecer sorprendente: en efecto, hasta ahora, Marruecos ha afirmado que todo el

Sahara es suyo, y Mauritania, que es mauritano, y ambos —como demuestran sus muchas intervenciones

anteriores, incluidos los discursos de sus ministros del Exterior en la asamblea general— han asegurado

que están convencidos de que su postura se verá, reivindicada por el fallo de La Haya.

¿Es posible una postura común, como daba a entender el señor Slaui? Poco más tarde, Mulay el Hassen

(Mauritania) decía: «Mi país y Marruecos, al solicitar a través de ésta comisión una opinión del Tribunal

Internacional de Justicia, están intentando demostrar que existía una autoridad en el Sahara cuando

España lo colonizó y que esta autoridad tenia lazos específicos con Marruecos y Mauritania.»

Bruscamente, la distinción que se había mantenido el Sahara es o de Marruecos o de Mauritania,» parece

desvanecerse: el Sahara puede ser de Marruecos y de Mauritania. Explicó el señor Hassen: «En

Mauritania hubo emiratos que lucharon contra la colonización franco-española y concluyeron tratados

con España y Francia. En el Sahara existía una autoridad semejante en la época de la ocupación española,

que decidía en nombre de su pueblo y firmaba tratados. Lo que el Tribunal debe determinar es la

naturaleza de los lazos de esas autoridades, por una parte, y Marruecos y Mauritania, por otra.»

OPINIÓN Y NO DECISIÓN EN LA HAYA

Por otra parte, se observó en la intervención del delegado marroquí la primera concesión que hace su país

al recurso al Tribunal de La Haya tan sólo para obtener una «opinión» y no ya un juicio vinculante,

aunque dijo que un juicio sería la solución «ideal» del problema. (Para que se acuda al juicio es necesario

que todas las partes afectadas presenten su litigio al Tribunal y acepten de antemano someterse a

cualquier fallo.) El señor Hassen también precisó que lo que pretendía de La Haya era una «opinión».

INTERVENCIÓN DEL SEÑOR PINIES

El embajador español don Jaime de Piniés también dio en su discurso la primera indicación de que

España no se opone rotundamente a ir a La Haya: «España está dispuesta a considerar todas las

propuestas sobre el método de llevar a cabo, de manera pacífica y amistosa la descolonización del Sahara

occidental.» Sin embargo, añadió inmediatamente que España «estima primordial el respeto a la

personalidad y a la voluntad del pueblo saharaui». Recordó al respecto las palabras del representante

argelino en su discurso ante la asamblea general («la voluntad de la población directamente integrada

constituirá siempre el elemento primordial y determinante de cualquier arreglo»).

Para basar sus afirmaciones, el señor Piniés había trazado, de entrada, un largo historial de toda la

jurisprudencia creada por las resoluciones de las Naciones Unidas, desde 1963, sobre el Sahara. Estas

resoluciones establecían el derecho de los saharauis a la autodeterminación y a la independencia, y

conminaban a España a concederles ese derecho a la libre determinación mediante una consulta. El señor

Piniés subrayó: «Puedo afirmarles que en la redacción de los proyectos de resolución sobre el Sahara, la

delegación española nunca fue expresamente consultada.» De esta manera recalcaba que España no hacía

sino acatar decisiones que nunca se habían hecho en consideración de interés español alguno. (Se sabe

que en 1973, la resolución sobre el Sahara estuvo directamente inspirada por Marruecos, que ahora no la

acepta, según dijo el verano pasado el Rey Hassan II, que afirmó que «no sería la primera vez que un país

miembro desacata una resolución de las Naciones Unidas».)

El señor Piniés recalcó cómo desde hace once años España ha venido repitiendo su respeto al principio de

autodeterminación del Sahara, y consultando a los países interesados, como solicitaban las resoluciones,

llegando finalmente a la autodeterminación práctica del territorio. (El delegado marroquí había

interpretado así, sin citar ninguna prueba de su aseveración, la actitud española durante esos años:

«Silencio e inercia ante las resoluciones de las Naciones Unidas».)

Los saharauis, dijo el señor Piniés, tienen «una personalidad propia y se sienten orgullosos de ella».

Añadió que la población del Sahara «habla toda ella la misma lengua, el bassania; ha mantenido con

orgullo y firmeza su independencia frente a poderes exteriores que la intentaban someter y ha estado ella

misma en el origen ce dinámicas expediciones guerreras». Aseguró: «Queremos proceder a su

autodeterminación con todas las garantías que pueda exigir la comunidad internacional, y sí, en su

día, los saharauis desean unir su destino a cualquier país vecino, estarán en su derecho al decidirlo.»

A LA ESFERA DE ARGELIA

El elemento común que se puede encontrar en un análisis de loe discursos español, marroquí y mauritano

es la aceptación explícita o implícita del recurso a La Haya, pero tan sólo para una «opinión». Esta, según

fuentes bien informadas, se puede emitir en un plazo de pocos meses si se solicita con carácter urgente.

En cuanto a Argelia, cuyas tesis en el debate general han quedado bastante cercanas a esta última

intervención del señor Piniés, debe hacer uso de la palabra mañana, miércoles. Este discurso tendrá un

interés inusitado, no sólo por el carácter de líder «tercermundista» que tiene Argelia, no sólo por su

carácter de vecino del Sahara y, por tanto, de país directamente afectado, sino por esa «sorpresa» que su

representante recalco ayer en una intervención breve al final del debate en la cuarta comisión.

Al parecer, Marruecos y Mauritania decidieron a última hora solicitar un cambio de horario y día para sus

intervenciones, que estaban también programadas para el miércoles. No informaron de ello a Argelia. La

evidente irritación del delegado argelino podría indicar una cierta ruptura entre estos países.

Gibraltar

Por otra parte, el señor Piniés incluyó en su discurso una detallada puntualización sobre el problema de

Gibraltar, que concluyó pidiendo a la asamblea general «que reitere solemnemente a la Gran Bretaña su

obligación de negociar con España la descolonización de Gibraltar, reintegrando este territorio al de la

nación española, que prestará la atención debida a los intereses de sus habitantes». Al respecto, el señor

Piniés se esforzó por dejar definitivamente claro que, en contra de lo que Gran Bretaña aduce en cuanto le

dejan, «no tenemos el propósito de desposeer a los 19.007 gibraltareños de la ciudadanía británica si

desean conservarla, y lo único que nos interesa es la recuperación de la soberanía sobre una parte de

nuestra Patria». Aludió también a las «negociaciones» entre Gran Bretaña y España habidas este año, que

no consistieron más que en una reunión de funcionarios en la que los británicos, negándose a hablar de

descolonización —como en las negociaciones se debe hacer, como prescriben las resoluciones de la O. N.

U—, sólo pretendían que España relajara su prohibición de sobrevuelo en la zona del Campo de Gibraltar.

Esto, dijo el embajador español, tiende, no a descolonizar, sino a proteger la situación colonial del peñón.

26 de noviembre de 1974

 

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