Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   Noche de gran oratoria en el Club Siglo XXI     
 
 ABC.    26/11/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 1. 

EN POCAS LINEAS

NOCHE DE GRAN ORATORIA EN EL CLUB SIGLO XXI

Lunes apretado de cosas importantes. Buena conferencia la de Raimundo Fernández-Cuesta en el Club

Siglo XXI, naturalmente vista la Monarquía a través de su prisma de auténtico falangista y adornando su

dialéctica con el clásico estilo del gran orador que fue siempre. Su biografía de la Falange y de José

Antonio fue perfecta. El presidente del Club, Antonio Guerrero Burgos, hizo la presentación del

conferenciante con certeras palabras, las últimas de las cuales fueron las siguientes: «Creo, como tú, que

el futuro de España será realidad fructífera, gracias a esa inmensa mayoría de hombres jóvenes, buenos,

maduros y discretos —¡que yo es bastante!—, que, carentes de todo egoísmo subjetivo, tienen fe en la

firmeza de una Corona que, situada sobre la política, sabrá atemperarse a las exigencias de los tiempos,

desarrollando desde allí su labor arbitral y conciliadora; cerrando filas, abriendo, equilibrando y

evolucionando cuanto sea menester hacia una España en la que todos harán posible los infinitos deseos de

próspera continuidad, perfeccionamiento, concordia, pacífica coexistencia y mejoramiento de nuestro

pueblo, despreciando cuanto separa, dando la paz que merecen cuantos ofrecieron su vida por una España

mejor, buscando tiempre cuanto nos una a todos en bien de la Patria, su unidad, su grandeza, su libertad y

su Corona.» Antes, don Alfonso Osario presentó el libro que recoge todas las conferencias del Club del

curso 1973-74, y después de hacer una clara antología de la Monarquía con palabras de conferenciantes

como el desaparecido Muñoz Alonso, Emilio Romero, Orti Bordas, Gabriel Cisneros, Rafael Pérez

Escolar, Antonio Garrigues, Antonio Hernández Gil, Giménez Torres y Federico Silva dijo estas palabras:

«Un político auténtico, que quiera ser veraz y honesto, debe empezar por ser un hombre que se sienta

como los demás. Y también tener siempre presente, cada día, que lo que importa son los miles de

personas normales de toda nuestra tierra que trabajan, que educan a sus hijos, que ríen, que lloran, que

viven y que mueren. Estas gentes son el país, el nuestro. Son, en definitiva, nuestra grandeza y nuestra

gloria. Nada vale, nada merece la pena, en una auténtica posición ética ante la política, que no esté en

función de ellas. Son las destinatarios finales de toda gran política, pero, no lo olvidemos nunca, nada es

lícito, aunque sea útil, si se prescinde de ellas.» Quedan otras cosas que comentar. Mañana será otro

día.—ARGOS.

 

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