Autor: Urbano, Pilar. 
 Manuel Fraga Iribarne. 
 Se gobierna poco y débilmente  :   
 Hay que exigir al PNV que se defina de una vez sobre la unidad de España. 
 ABC.    18/07/1978.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 30. 

ABC. MARTES, 18 DE JULIO DE 19 7 8.

MANUEL FRAGA IRIBARNE

«SE GOBIERNA POCO Y DÉBILMENTE»

“Hay que exigir al P. N. V. que se defina de una vez sobre la unidad de España"

Nadie que haya seguido los debates constitucionales, hasta hoy, puede poner en duda el fuerte rol de

«astro del podio» que Fraga ha venido jugando, sesión tras sesión: «Aquí echo yo de menos a las grandes

figuras, a los líderes de los partidos mayoritarios...», decía el otro día, recorriendo con la mirada en

«travelling» de desafío, los escaños que van desde el azul de Suárez hasta el rojo de Felipe González, dos

importantes gargantas mudas en el hemiciclo, representadas por «segundos».

Hoy, Fraga se entregará a fondo en una enmienda a la totalidad, al llegar la hora crucial del título

«Territorios Autónomos». Hay una atención política especialmente pendiente de sus intervenciones

parlamentarias en este escarpado tramo.

Todo ello y la integración de A. P. en el bloque electoral Nueva Mayoría, me llevan a este diálogo con

Manuel Fraga.

«No se puede confundir E. T. A. con otros grupos democráticos»

—Ante la situación actual de «desorden público», desearía usted un señalamiento de «culpas»,

«responsabilidades» y «posibles soluciones». —El desorden público nace, por supuesto, de causas

diversas. Unas son de base sociológica: la juventud se ve frustrada porque se la ha invitado a un disfrute

anticipado, sin un esfuerzo previo, y se cometen muchos delitos contra la propiedad para conseguir dinero

fácil; se han roto muchas barreras religiosas y morales de tipo tradicional, sin que la educación haya

consolidado una nueva formación; la transferencia rápida de muchas familias del campo a la

ciudad ha producido desarraigo, y así sucesivamente.

Pero las causas básicas son de orden político, y la responsabilidad le incumbe básicamente a un gobierno

que ha dejado destruir el principio de autoridad y ha desarmado al Estado frente a sus enemigos. En estas

circunstancias es muy difícil la acción de las Fuerzas de Orden Público, las cárceles no funcionan y los

instrumentos de defensa de la sociedad se deterioran. Los actuales gobernadores, en muchos casos, se

dedican, sobre todo, a U. C. D. y a sus carreras personales, y no se enfrentan bien con los problemas de

orden público, sacrificando a la imagen las cuestiones de fondo. En una palabra, se gobierna poco y

débilmente.

—En línea con sus declaraciones en otros momentos conflictivos y ahora, le pregunto, señor Fraga, ¿por

qué dice usted que el Gobierno no está a la altura de su misión? En su opinión, ¿cómo tendría qué

afrontar el Gobierno la situación del País Vasco y de Pamplona?

—Desde la debilidad no se pueden afrontar los problemas de una difícil transición política. Los terroristas

de E. T. A. no sólo no agradecen las amnistías y las autonomías parciales, sino que redoblan sus esfuerzos

de ruptura total. No se les puede confundir con otros grupos democráticos, sino que hay que separarlos

del resto de la población, y aplicarles medidas de excepción. A todos los simpatizantes de E. T. A. se

debería poder confinarlos indefinidamente, para restablecer la paz civil, como cuestión previa; antes

de lo cual, toda concesión da lugar a nuevas demandas abusivas. Por otra parte, al P. N. V. hay que

exigirle que se defina de una vez sobre la unidad irreversible de España y sobre la condenación

incondicional de la violencia.

—¿Cree usted posible, probable, una espiral creciente de disturbios y violencia en otras zonas españolas?

—Creo que sin autoridad ejercida de modo enérgico y responsable, y sin soluciones claras al paro y a

otros problemas urgentes, todo es posible.

—El «ejercicio de la autoridad» que usted recomienda, ¿puede entrañar algún tipo de intervención

militar? ¿Sería conveniente? ¿Estarían dispuestos a ello, hoy por hoy, los «jefes» del Ejército?

—La declaración del estado de guerra (en la nueva Constitución, estado de sitio) no puede ser excluida, si

continúa la escalada. Pero ése es un remedio último, y antes podrían ensayarse otras cosas; por supuesto,

enviando otro tipo de gobernadores. En, cuanto a las Fuerzas Armadas, estoy seguro de que sabrían

cumplir su deber con España, como siempre.

NO A UN GOBIERNO DE CONCENTRACIÓN

—En esta coyuntura y hasta que el pueblo haya refrendado la Constitución, o incluso hasta la cita de

urnas próximas, ¿le parece políticamente recomendable, y viable, un Gobierno de coalición, o uno de

concentración? ¿Qué fuerzas políticas deberían entrar en él? —No creo en un Gobierno de

concentración, en el cual entrasen todas las fuerzas políticas sin distinción. En España, como en todas

partes, hay dos orientaciones básicas: una, nacional, conservadora, tradicional, defensora del orden,

partidaria de una economía de mercado; la otra, marxista, progresista, partidaria de la acción callejera,

poco propicia al ejercicio fuerte de la autoridad, partidaria de una economía socializada. Hoy las fuerzas

del primer grupo tienen clara mayoría parlamentaria, si se siguiera un modelo como el inglés y el francés;

pero el Gobierno y la U. C. D. se empeñan en imponernos el modelo italiano, que bien claro está adonde

nos puede llevar. Esa coalición, de todo lo no marxista y no separatista, representaría a la mayoría

natural del país, y podría gobernar con energía. En todo caso, después de reiteradas declaraciones

recientes de diversos portavoces de U. C. D. ya sabe la opinión nacional quién se opone, y quién divide el

centro-derecha de España; como igualmente se ha visto en el debate constitucional, cómo la U. C. D. ha

cedido indebidamente en la cuestión familiar, en la escuela libre, en el término nacionalidades,

en la defensa de la propiedad y de la empresa libre, etcétera.

—Ante el refrendo de la Constitución, qué actitud adoptará Alianza Popular? No ignorará usted que «se

ha dicho» que A. P. podría recomendar la abstención, por el tema de «las nacionalidades».

—Alianza Popular no decidirá su posición definitiva sobre la Constitución hasta que el Senado y, en su

caso, la Comisión Mixta, hayan dicho la última palabra. Entonces recomendará el sí, el no, la abstención,

el voto libre o el «sí, pero...».

—¿Cómo ve Alianza Popular esa «estrategia electoral conjunta» que se llama Nueva Mayoría? ¿Qué

posibilidades de éxito tiene?

—La Nueva Mayoría que deseamos es la que indiqué anteriormente. Mientras la U. C. D. no se decida á

participar en ella, o no se divida al respecto, los demás grupos implicados seguiremos trabajando

seriamente, con la esperanza de que la opinión pública nos dé la razón. El resultado de las elecciones

parciales de Alicante y Asturias es muy interesante al respecto.

—¿A qué atribuye usted ese «complejo vergonzante» de algunos sectores de centro-derecha a buscar

sus acuerdos y concomitancias con la derecha española democrática?

—Yo creo que ese sector de opinión, en gran parte engañado el quince de junio, está ahora en franca

evolución. Claramente defraudado por el Gobierno y una Unión de Centro Democrático orientada al

centro-izquierda, puede y debe dar un vuelco importante en las próximas elecciones. Pero estas decisiones

son naturalmente lentas.

—Parece que hay acuerdos «sobre el papel» entre Areliza, Osorio y Fraga.

-- Bien, ¿tendrá esa Nueva Mayoría un gobierno colegiado, un liderazgo tripartito compartido una

división de poderes y funciones?

—Es pronto para hablar de esos detalles. Espero que antes de agosto podamos designar un Comité de

coordinación, y después producir un documento conjunto.

APLAZAMIENTO DE LAS ELECCIONES

—En la calle del rumor empieza a oírse la especia de un «dilata» sine die a las elecciones generales, e

incluso a las municipales. ¿Qué dice usted, señor Praga?

—Espero que no ocurra semejante cosa. El intento de canonizar los resultados del quince de junio, por

medio de gestoras y otros procedimientos desviados, quitaría toda autoridad al Gobierno, a los partidos y

a una democracia traicionada en su propia raíz.

—¿Puede gobernar con soltura, con manos libres, el actual Gobierno con el número de escaños de que

dispone? —Podría, si quisiera; pero ni quiere, ni sabe, ni puede, a fuerza de acumular compromisos

absurdos.

—¿Se prevé algún trasvase de diputados y senadores «desgajados» entre los distintos grupos

parlamentarios? ¿En qué sentido se insinúa el éxodo? —Algo ha comenzado ya. El grupo más afectado,

por las razones indicadas, es U. C. D. El P. S. P. puede tener también algunos problemas, con los

miembros menos satisfechos con la incorporación al Partido Socialista Obrero Español. Los partidos

aguantan mal que se les vote por una cosa y luego hagan otra.

—¿Es usted partidario de termina la Constitución cuanto antes, «deprisa corriendo>, toda vez que, en

virtud del pacto y el consenso, «lo escrito, escrito está»?

—Creo, en efecto, que no podemos seguir por más tiempo en período constituyente hay que terminar de

una vez. Y la Historia nos juzgará a todos, por lo que dijimos e hicimos, y también por lo que callemos,

omitimos y consentimos.

Pilar URBANO

 

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