Autor: Muro, M.. 
   España, cuando se vaya del Sahara, lo hará con la conciencia tranquila  :   
 Declaraciones del general gobernador del Sahara, don Federico Gómez de Salazar, a ABC. 
 ABC.    24/05/1975.  Página: 11-12. Páginas: 2. Párrafos: 47. 

ABC. SÁBADO 24 DE MAYO DE 1975 PAG. 11

«ESPAÑA, CUANDO SE VAYA DEL SAHARA, LO HARÁ CON LA CONCIENCIA TRANQUILA»

Declaraciones del general gobernador del Sahara, don Federico Gómez de Salazar, a A B C

Tres veces hubo que interrumpir esta entrevista, un día por una llamada urgente; otra, ante la llegada de

una relevante personalidad, y la tercera, porque surgió una salida precipitada en la que el general

gobernador del Sahara, don Federico Gómez de Salazar intentó la devolución de las dos patrullas

españolas, que son su constante preocupación hasta afrontar por ellas, y a cuerpo limpio, el mayor riesgo

una vez más.

Decir así, «una vez más» insistiendo, no es casual, sino deliberado para aludir a la experiencia reiterada

que le ha entrenado en el peligro, como si no bastara ya para acreditarlo esa Medalla Militar, la única

entre sus condecoraciones que luce siempre.

Además de la gran seguridad que transmite, si hubiera de definirle con cuatro palabras diría que es

sencillo, infatigable, eficaz y abierto. Tan abierto que responde a todo... O casi todo.

—Si alguna de mis preguntas fuera inconveniente...

—Pregunta, pregunta lo que quieras; no hay nada que ocultar, yo contesto a todo el mundo lo que sea.

—Lo que más urge son noticias de nuestras patrullas desaparecidas. ¿Fue una emboscada o un error?

—Mientras no hablemos con ellos no sabremos realmente la verdad, aunque parece lógico pensar que

cayeron prisioneros.

—¿Se confía en un rápido rescate?

—Desde luego, ahora se renuevan diariamente las gestiones sin descanso, pero se ha hecho y se hará más

de lo posible hasta que regresen.

—Se ha hablado incluso de uno o varios desplazamientos suyos a territorio extranjero.

—Personalmente fui a Mauritana en una avioneta, con un capitán de la Policía para buscar a esas

patrullas, incluso insistiendo en algo que lógicamente habían de negarnos, como era la entrada en su

territorio de otras patrullas nuestras para colaborar en la búsqueda. Muy amablemente se me dijo que se

prestaban a todo, pero que siendo el suyo un país independiente y con medios suficientes no precisaban

nuestra colaboración para realizar la búsqueda. Al día siguiente pudimos comprobar que, en efecto, en la

zona mauritana habían movilizado a unos arqueños que, junto con su Policía, recorrían los sitios

indicados. Al mismo tiempo un oficial nuestro fue a Ai Ben Tili a entrevistarse con el teniente de dicho

puesto, que facilitó también todas las gestiones, pues ya había recibido esa orden del gobernador, y se

acordó que al día siguiente sus patrullas entrarían en la zona española para seguir el rastro desde el lugar

en que había ocurrido el suceso. Entraron y, acompañados de nuestra Policía Territorial vieron que las

huellas desaparecían de territorio mauritano para entrar en territorio español muy al este de nuestras

fronteras, dirigiéndose hacia Argelia, y que ya en zona argelina se encontró con la que al día siguiente

tuvo también la desgracia de caer prisionera de los polisarios. Ambas patrullas fueron llevadas a un lugar

que está situado al oeste de Tinduf, a unos 150 kilómetros. Conocemos el sitio y sabemos cómo están por

un informador que les ha visto y hablado. El ha recibido el nombre de todos, uno por uno, comprobando

que están bien tratados y se volvió a darnos la noticia. Actualmente hemos pedido la colaboración de

Argelia para rescatar las patrullas que están en su territorio.

—¿Cuál ha sido la respuesta? —Tarda, necesariamente, porque mi telegrama para Beichar ha ido vía Las

Palmas, Madrid, Argel y Beichar, cuando lo reciba pedirá permiso a sus jefes para autorizarme a mí a ir

personalmente. Esta gestión está coordinada con otra que lleva a cabo el Ministerio de Asuntos Exteriores

para lograr que el embajador pueda recibirme y hacer esa gestión, y también nuestro agregado militar en

Argelia está haciendo gestiones con el Estado Mayor del Ejército argelino. Son gestiones hasta ahora

eficaces, y tengo unas esperanzas enormes. Además confío en las magníficas relaciones que mantenemos

con Argelia y que su colaboración nos permitirá muy pronta recuperar nuestras patrullas.

—Entre los corresponsales que vinieron con la Delegación de la O. N. U. causó gran sorpresa las

facilidades que se dieron a cinco periodistas marroquíes.

—Es que esos periodistas ya venían autorizados por el Ministerio de Información y Turismo y por la

Dirección General del Sahara e incluso por nosotros mismos. También les he recibido en mi despacho,

atendiendo a sus preguntas con el mismo cariño que hacia cualquier corresponsal, O más aún, porque

nosotros no estamos En guerra con Marruecos; por tanto, además del respeto que para mí merece la

prensa del mundo entero, con ellos me rusto extremarlo por existir el problema fiel Sahara, que es

conveniente aclarar cuanto podamos.

—¿Hacia dónde orientaron las preguntas?

—Fueron muy amables y preguntaron muy bien, interesándose por tres o cuatro terroristas que habíamos

detenido. Dije que se les sorprendió con armas y material, pero que ignoraba otros detalles, que ni puedo

saber ni me interesan, porque son cosas que lleva la Policía. Me dijeron que pertenecían al Istiqlal y que

les había inquietado mucho que el partido F. Polisario se hubiera desbocado aquí sin una dirección

aparente —aunque sin duda la tenía y estaba basada en los países comunistas—, porque sería trágico para

Marruecos que al sur de su país se estableciera un estado comunista, y que en cuanto a España tener en el

borde oriental de Canarias un país comunista tampoco debía ser agradable.

También me preguntaron cómo habíamos permitido que por Radio Sahara se dijesen algunas cosas

desagradables. Contesté que si hemos dado libertad a todos. Radio Sahara debe estar abierta, y lo está, a

todos los partidos y sin ningún control, pues queríamos que las Naciones Unidas vieran la realidad pura y

concreta de lo que pasa en este país.

NADA HA CAMBIADO

—Ante el resultado de esa libertad muchos se preguntan si era quizá el temor a una represalia lo que no

había permitido a los saharauis expresarse hasta ahora sinceramente o si es que algo ha cambiado su

actitud hacia España.

—Creo que nada ha cambiado, sino que al dar esa libertad, gentes incontroladas se han aprovechado del

momento, pues también durante esos días defilaban por mi despacho gran cantidad de personas de todas

las tendencias y edades,lamentando que una minoría absurda e incontrolada,esencialmente compuesta por

mujeres y niños, pretendiera representar al verdadero pueblo saharaui, que sabe el esfuerzo y la ayuda tan

enorme que ha recibido de España, pidiéndonos que no tuviésemos en cuenta y los perdonásemos. Y en

cuanto a represalias serían absurdas, y más tratándose de este pueblo.

—¿Es posible que una mayoría de saharauis quiera aún nuestra presencia?

—Realmente los saharauis deben recibir ayuda de alguien. Nosotros estamos aquí organizados, y, aunque

no fuese más que en la parte civil, quienes están aquí tienen una preparación grande: mecánicos,

albañiles, carpinteros, servicios públicos, médicos, que ellos no tienen o muy escasamente, y yo pienso

que al quedarse solos habrán de pedir a esos hombres que continúen ayudándoles y habrán de llegar a un

acuerdo con algún país. Muchos quieren que sea España, pero será una cuestión a tratar después entre el

Gobierno saharaui y el español.

—¿Ha podido precipitar esta situación la solicitud del referéndum?

—Creo que no; lo único es que la situación de estos días ha clarificado mucho las cosas. Ha convencido a

la Comisión de la O. N. U. de que ellos quieren claramente su independencia, pero a nosotros nos das lo

mismo, que sea los «poliparios» la mayoría o los del P.U.N.S.

—En pura, hipótesis, si realizado el referéndum, la presencia de España fuera rechazada aquí, ¿nos

mantendríamos por la fuerza?

—De ninguna manera, claro.

—¿Y si esa postura nuestra, que sería exclusivamente de prudencia, fuese Interpretada por Marruecos

como una debilidad respecto a nuestras plazas del norte de África?

—Eso nada tiene que ver con esto; aquí mantenemos la actitud clarísima de dar a este pueblo lo que

le convenga con el apoyo de las Naciones Unidas.

—En cuanto a dejar el territorio, ¿qué puede retrasarse aún?

—Seguramente hacia noviembre las Naciones Unidas tomarán un acuerdo. Entonces, hacia abril o mayo,

se haría el referéndum en presencia de esa misma O. N. U. como testigo, y de ello saldría una conclusión.

Este es el plan previsto.

—Si el referéndum aprobara nuestra presencia durante algún tiempo más y Marruecos se opusiera a ella,

¿intervendrían directamente las Naciones Unidas?

—Esto no cabe; España ya no se quedaría aquí de ninguna manera, porque no quiere quedarse Cumplirá

el mandato de la O. N. U., pero saldrá de aquí en el momento que pueda delegar en un Gobierno

independiente, pues habrá cumplido su misión y dejará este pueblo, marchándose tranquila.

LAS INVERSIONES

—¿Fue rentable la Inversión que hizo España aquí, teniendo en cuenta lo que ha debido costar?

—Nunca se pretendió que lo fuera, porque el propósito de España era desarrollar un país pobre, que vivía

en un medio dificilísimo, y eso se ha logrado, pues en un territorio donde sólo había un desierto y unas

cuantas jaimas repartidas, buscando una lluvia que esporádicamente podía caer, ahora hay cinco o seis

ciudadades de bastante importancia, con todos los adelantos modernos, gran cantidad de hospitales,

escuelas e institutos, centros_ culturales y deportivos, carreteras, servicios de comunicaciones, edificios

públicos, y es una labor impresionante que nadie puede imaginar lo que supone aquí, porque no es lo

mismo hacerlo en un lugar productivo que en un desierto tremendo.

—¿Se ha recuperado ese esfuerzo nuestro?

—España no ha intentado nunca recuperar lo que ha invertido aquí, y en cuanto a Fosbucraa, la industria

española, que ha hecho una inversión impresionante, va en marcha, superándose por días y cumpliendo

los plazos previstos. Cuando tuviéramos que irnos del territorio se llegaría a un acuerdo con el Gobierno

que quedase aquí, un acuerdo como hay en todas partes, y esta industria nuestra recuperaría el capital

invertido y los intereses. Lo que pasa es que el Jefe del Estado prometió que los bienes que ha producido

esta industria revertirían en el Sahara, y así se cumplirá. O sea, que podrá recuperarse el capital, pero no

los bienes.

—Haciendo un balance hasta la fecha de hoy, ¿habría que rectificar algo en cuanto a nuestra conducta con

el Sahara?

—No, porque hemos hecho cuanto hemos podido y ha sido muchísimo. Sólo que hubo épocas en que se

podía menos y otras en que se pudo más. Por ejemplo, hasta el año 1960, España tenía muchas di-

ficultades, incluso en el interior. A partir de esa fecha se inició un desarrollo gigantesco y rapidísimo que

produjo una gran riqueza y permitió una mayor ayuda a este país.

NO TENEMOS INTERESES

—Ante el cambio de actitud del Sahara, aparente o no, ¿va a cambiar o ha cambiado también la postura

de España hacia él?

—No existe tal cambio; pero aunque lo hubiese, España seguiría en la misma actitud. Ño tenemos

intereses en este país y nos da lo mismo lo que ellos quieran hacer.

—¿Han comenzado a marcharse ya algunos españoles?

—Creo que algunos están marchándose, no lo sé; pero lo que sí me interesa es la permanencia de nuestros

trabajadores y funcionarios, de nuestros soldados y oficiales. Pero si los familiares prefieren irse o

quedarse no es problema en el que yo haya de intervenir, especialmente cuando aquí no pasará nada y no

hay medidas que tomar.

—Nuestra marcha definitiva del territorio tiene dos posibilidades: una dentro de un proceso normal y la

otra como resultado de una emergencia: ¿esta previsto así?

—Es normal tener prevista una evacuación en todas las ciudades españolas por si hubiese una hecatombe.

Es una misión de nuestro Estado Mayor y aquí tiene preparado un plan de evacuación del territorio ante

las mil calamidades que pudiesen ocurrir exigiendo una salida precipitada. Sabemos las zonas adecuadas,

los medios elegidos, la forma de hacerlo y el material apropiado. Está todo previsto y ordenado y sólo a

una señal se pondrá en marcha el complicado engranaje. M. MURO.

 

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