Por un proceso pacífico en el Sahara. 
 España solicita, a través de Egipto, la colaboración de la Liga Árabe  :   
 Discurso del ministro español de Asuntos Exteriores en la cena ofrecida al viceprimer ministro egipcio. 
 ABC.    14/06/1975.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

MADRID, SÁBADO 14 DE JUNIO DE 1975 - NUM. 21.591 OCHO PESETAS

ABC

DIRECTOR; JOSÉ LUIS CEBRIAN BONE DEPOSITO LEGAL; M -13 - 1958 -152 PAGS.

POR UN PROCESO PACIFICO EN EL SAHARA ESPAÑA SOLICITA, A TRAVÉS DE EGIPTO, LA

COLABORACIÓN DE LA LIGA ÁRABE

Discurso del ministro español de Asuntos Exteriores en la cena ofrecida al viceprimer ministro egipcio

España confía en la colaboración de la Liga Árabe a la hora de configurar el futuro del Sahara occidental.

Así lo manifestó anoche el ministro español de Asuntos Exteriores, señor Cortina Mauri, en la cena

ofrecida al viceprimer ministro de Egipto, Ismail Fahmi. Y el Gobierno español también confía en que

Egipto, por su posición relevante en la Liga, coadyuve al objetivo de que la descolonización del territorio

no afecte a la estabildad del Magreb y se mantenga la paz en aquella región.

Al término de la cena, el ministro español de Asuntos Exteriores pronunció el siguiente discurso:

Señor vicepresidente:

Quiero ante todo expresaros mi sincero agradecimiento por haber aceptado la hospitalidad que os ofrezco

en la casa que hoy se ve honrada con vuestra presencia y la de vuestra distinguida esposa. Deseo también

manifestaros mi admiración por la manera como, bajo la dirección prudente y tenaz del presidente Sadat,

de quien sois preclaro consejero e intérprete, estáis llevando a cabo una lúcida política exterior

encaminada al logro de ese bien supremo que es la paz, paralela a una política interna orientada al

desarrollo y la prosperidad del pueblo egipcio. Estoy seguro de que el éxito ha de acompañar vuestros

esfuerzos, como deseo sinceramente.

Vuestra presencia en España proclama a un tiempo la amistad de nuestros dos países y, lo que es muy

importante, la permanente afinidad del español con el con-junto de la nación árabe.

Los pueblos árabes y España sabemos el verdadero significado de la coincidencia histórica de nuestras

civilizaciones, cuya huella sigue siendo un lazo de unión que inspira muchas de nuestras actitudes. Ver en

ella sólo un lejano antecedente sin actual vigencia sería no comprender su capacidad de motivar no pocas

de las paralelas posiciones que adoptamos actualmente.

Y es que nuestro diálogo ha sido siempre de vivencia y continuidad y no de conveniencia y situación,

como tantos intentos ajenos que han respondido más bien a fines interesados. Por esto—una vez superada

la etapa de repliegue frente a la preponderancia temporal de otros pueblos— hemos adoptado una

conducta similar para hacer sentir de nuevo nuestra voz en el concierto de las naciones, habiendo seguido

mi país una política de colaboración que ha observado sin pausa desde que el desenlace de la última

contienda abrió para la nación árabe los horizontes de su resurgimiento.

Entre las muchas acciones de solidaridad de España a favor de la reafirmación árabe destaca su clara

política ante el conflicto arabe-israelí y la que concretamente siguió cuando a Egipto se le discutía el

ejercicio de sus facultades soberanas sobre su propio territorio nacional. Me refiero al conflicto del canal

de Suez en 1936 y a su intento de arreglo en la Conferencia de Londres, donde España no vaciló en

respaldar la tesis—discutida entonces— de que la nacionalización del Canal era un derecho inherente a la

soberanía territorial, independientemente de los problemas económicos de indemnización o los de libre

paso por aquél.

DIALOGO MILENARIO

Si cito estos antecedentes es para poner en evidencia la continuidad de una conducta que encuentra su

última justificación en el diálogo milenario de España con el mundo árabe. Diálogo que, por tener raíces

tan profundas, no puede sufrir mengua por el hecho de la descolonización del Sahara occidental.

España no persigue con esta descolonización otro fin que dar cima pacíficamente a su acción, convencida,

como está, de que ha promovido un territorio desértico y ha puesto en valor sus recursos naturales,

asentando la mayor parte de la población nómada, la cual ha podido capacitarse y segregar una minoría

dirigente gracias a la labor docente desarrollada. Esta realidad la ha llevado a colocar la descolonización

bajo los auspicios de las Naciones Unidas por entender que era la solución más apropiada a la situación.

El Gobierno español tomó esta determinación contando con que los demás miembros de las Naciones

Unidas iban a cumplir su obligación de respetar el procedimiento emprendido por exigirlo así las

disposiciones de la Carta. En este sentido, los países árabes están llamados a desempeñar un papel

importante, porque está en juego el futuro de una parte de la nación árabe, aparte de que a su condición de

miembros de las Naciones Unidas se une la de su pertenencia a la Liga Árabe, que persigue hacer más

fácil la solución de cuantos problemas puedan afectarles. Como esa descolonización es uno de estos

problemas, la Liga ha de prestar la debida atención a la actuación del país que tiene hoy la

responsabilidad del territorio, porque su amistad con el mundo árabe está por encima de cualquier

equívoco que haya podido producirse respecto a dicho problema.

COLABORACIÓN

Egipto, por su relevante posición en la Liga Árabe, se encuentra en condiciones de que ésta coadyuve a la

realización del objetivo español dirigido a que la descolonización no afecte a la estabilidad del Magreb y

a que se mantenga la paz en la región. España confía en la colaboración de la Liga a la hora en que el

Sahara occidental trata de configurar su futuro. Las pretensiones de terceros sobre el territorio no pueden

afectar al proceso de descolonización como tal ni pueden dar lugar a conflicto alguno con España, que por

efecto de ese proceso ha de transferir la soberanía sobre aquél.

PROCESO PACIFICO

Esta es la razón decisiva que justifica la colaboración de la Liga para que pueda llevarse a término de

manera pacífica ese proceso y evite que España pueda verse en la necesidad de poner término anticipada

y unilateralmente a su presencia en el territorio con todas las consecuencias implícitas que esto puede

traer consigo. Por estar seguro el Gobierno español de que puede contar con esa colaboración, os pido que

seáis el intérprete de esta convicción, que es a su vez el testimonio de su estima por los vínculos de

amistad que unen al mundo árabe con España.

Señor vicepresidente, levanto la copa por las amistosas y cordiales relaciones entre Egipto y España y su

progresivo desarrollo, por la cada vez mayor compenetración entre mi país y el milenario pueblo egipcio,

al que le está reservado un gran destino; por el presidente Anwar El Sadat y por vuestra ventura personal.

 

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