Autor: Arias Navarro, Carlos. 
   Por amor a España y en servicio al Rey     
 
 ABC.    12/05/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. JUEVES 12 DE MAYO DE 1977. PAG. 3

POR AMOR A ESPAÑA Y EN SERVICIO AL REY

Por Carlos ARIAS NAVARRO

«Franco se presenta». Con ésta y otras frases análogas algunos medios de comunicación social se

han referido a mi candidatura para el Senado. No lo han hecho, ciertamente, con el respeto que,

al menos, exigía la figura del hombre que condujo el rumbo de nuestra Patria durante cuarenta años,

sino queriendo lanzar sobre mi persona no sé qué clase de oprobios, dictando, al tiempo, una

sentencia que me descalificase en la contienda electoral.

Los que así escriben, los que tienen sobre sus hombros la grave responsabilidad de conformar y no

de deformar la opinión pública, esta vez se han equivocado. Franco no se presenta. Pueden estar

tranquilos.

¿Estarán, también, tranquilos los que ayer mismo juraban lealtad a unos principios que han olvidado

tan fácilmente?... Allá ellos con sus conciencias. Pero el pueblo español, ante el que ahora alardean

como campeones de las libertades y de la democracia, tiene derecho a preguntarse: ¿Serán tan débiles

sus convicciones de hoy como lo fueron las de ayer? Vivimos tiempos decisivos y, especialmente,

difíciles. Lo que está en juego es la sociedad misma, amenazada en sus cimientos por el totalitarismo

marxista. Ante ese riesgo hacen falta hombres dispuestos a servir, sin reservas, una ideología y no a

servirse de una ideología para sus intereses. Nada nos autoriza a pensar, sino al contrario, que

mañana vayan a ser leales los hombres que hoy no lo son.

Franco no se presenta. Pero la carga de intencionalidad con que han aparecido las portadas de

determinadas revistas, lejos de constituir una tacha, suponen, respecto a mí, el reconocimiento de

una línea de conducta que no se ha quebrado, ni ha querido acampar en las guaridas del despecho, el

arribismo o la traición.

El 12 de febrero de 1974, en mi primera intervención ante las Cortes Españolas como presidente del

Gobierno, señalaba que «la más exacta y cabal manifestación de lealtad consiste en saber actualizar

la vigencia de unos Principios Fundamentales permanentes, buscando su traducción exacta a las

demandas de una sociedad cambiante» y después de señalar que si en razón de circunstancias históricas

de excepción el consenso nacional que, en torno a Franco, se expresaba en forma de adhesión, habría

de expresarse en el futuro en forma de participación, invitaba a todos los españoles a que asumiesen

conscientemente su cuota de responsabilidad comunitaria, sin otras exclusiones que las de aquellos

que se excluyesen por su maximalismo, la violencia, el resentimiento o el odio, la pretensión bárbara

de partir de cero o la elección de vías subversivas para modificar la legalidad.

En mi última intervención ante la misma Cámara, el 28 de enero de 1976, al enunciar el programa de

Gobierno, en los umbrales de una nueva etapa, regida por la Corona, quise dejar bien claro que en mi

ánimo estaba «muy presente la firme Voluntad de un pueblo, que no toleraría ni la estéril

contemplación de lo conseguido..., ni menos, aún, la aventura suicida de dinamitar los cimientos de

un orden tan dolorosamente alcanzado. Por esto, precisamente por ésto —decía—, tenemos que acertar

con ese punto medio que nos permita sintonizar con las aspiraciones del momento, sin poner en riesgo

los valores fundamentales».

Al presentar mi candidatura por «Alianza Popular», en nada rectifico ni me aparto de mi posición,

sintetizada en los párrafos, a los que me he referido, de mis dos discursos al frente del último

Gobierno de Franco y del primer Gobierno de la Monarquía. Por el contrario, en las actuales

circunstancias, considero, sinceramente, que el programa de «Alianza Popular» es el único capaz de

dar una respuesta adecuada a las exigencias de la sociedad de nuestro tiempo.

España, para nosotros, es lo único importante. España, que es bastante más que una abstracción o un

proyecto. La España viva, con un pasado ir renunciable que no queremos olvidar, ni menos destruir.

España, en la encrucijada de un presente que quisiéramos sin rencores y sin el sonrojo de un

entreguismo que no es ingenuo, sino suicida. España, sin utopías, con la ilusión de un futuro de

concordia, de justicia social, de prosperidad y crecimiento.

Estamos en lo cierto, y si alguna duda tuviésemos, nos la disiparía completamente la campaña lanzada,

al unísono, contra «Alianza Popular», desde los distintos ángulos de las formaciones marxistas.

Queremos la moderación y rechazamos los extremismos y, precisamente, por ello, sabemos que no han

cambiado, más que de táctica, quienes todavía no enseñan las uñas, pero asoman ya las orejas del

revanchismo. «Somos los mismos, que llevamos cincuenta años de lucha», decía el secretario general

del «Partido Comunista» en el mitin celebrado en Madrid el 8 de mayo pasado. ¿Se ha enterado ya el

presidente del Gobierno que son los mismos de hace cincuenta años los que celebran su último discurso

o sigue leyendo, todavía, los estatutos que sirvieron de base a su legalización? ...

Nunca he rehuido el trabajo, ni la responsabilidad, por enojosos que fuesen, y apenas reintegrado a

mis actividades profesionales y a la vida familiar, he resuelto volver a la vida política, sin ningún

género de apetencia, sin ningún tipo de ambición. Os transmití un mensaje inolvidable: «Manteneros

alerta y unidos». En los momentos actuales, mi conciencia me hubiera reprochado marginarme en la

pasividad.

Con la credencial de una vida entregada a unos ideales: por amor a España y en servicio al Rey, he

presentado mi candidatura al Senado y os pido vuestro voto. Yo he cumplido con mi deber. Ahora teniés

vosotros la palabra.—C. A. 

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