Autor: Luca de Tena y Brunet, Torcuato (MERLÍN; ABC). 
   ¿Estamos seguros?     
 
 ABC.    27/06/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA ROSA Y LA ESPADA

¿ESTAMOS SEGUROS?

Por Torcuato LUCA DE TENA

De la Real Academia Española

¿Estamos seguros de haber acertado, de estar acertando, en nuestra política saharaui? ¿Los pasos que

hemos dado, que estamos dando, son los debidos? ¿Hemos eludido, estamos eludiendo, con la prudente

sabiduría que el caso requiere, «los riesgos innecesarios?» Caso de que estas interrogantes siguieran

abiertas, ¿no cabría adecuar las próximas andaduras a la realidad de los hechos, en lugar de ceñirlas al

estricto cumplimiento de una línea de actuación preestablecida, con toda seguridad bien intencionada,

pero más legalista que práctica?

Ante la realidad geopolítica de vecinos harto más poderosos que las tribus nómadas saharauis ¿cuáles

serán las banderas que ondearán en el Sahara Occidental dentro de quince, veinte o cincuenta años? En

ningún caso será la española. ¿Por qué no apoyar y facilitar de buen grado, por tanto, lo que ha de ocurrir

ineludiblemente con o sin nuestro consentimiento? ¿Cabe imaginar en el futuro una perpetua sangría de

hombres y material, una inacabada guerra latente para defender a los nómadas del desierto de una

hipotética ocupación por parte de sus vecinos y hermanos de lengua, religión y raza?

Si España pretendiera prolongar su admirable misión en aquel territorio, mis palabras serían muy otras.

Mas no siendo esto así, carece de sentido oponerse a lo que sólo podría evitarse con la fuerza de

las armas.

Los intereses españoles (y muy especial el derecho a la pesca; a la explotación de los fosfatos; a futuras

prospecciones de yacimientos de los que hay indicios plausibles, e incluso una declaración formal del

reconocimiento de nuestra soberanía de Ceuta y Melilla) antes serían salvaguardados con pactos inteli-

gentes que no queriendo sostener un dique con la mano. A nadie se le ocultan las complejidades

diplomáticas, militares y económicas que el caso requeriría. Mas preguntémonos: ¿Es viable la existencia

futura de un Sahara Occidental independiente? No. No lo es. y, por no serlo, España no debe, jugar a

defender lo imposible. La pacificación de la zona en el difícil momento del cese oficial de nuestra

soberanía (y lo que es más importante: el futuro mantenimiento de esa paz) no podrá llevarse a buen

término sin la colaboración de los vecinos del territorio. Para obtener esta colaboración, para transformar

la hostilidad en apoyo, para asegurar el futuro de nuestros intereses, es necesario que España no cierre las

puertas «a priori», por un mal entendido orgullo, a ninguna solución posible. A ninguna. Aunque tal o

tales soluciones no hubieran sido previstas al iniciarse los tanteos de la fase descolonizadora.

—T. L. DE T.

 

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