Autor: Aranegui, Manuel. 
   La cuestión del Sahara     
 
 ABC.    08/07/1975.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LA CUESTIÓN DEL SAHARA

Leo en A B C el razonado artículo de Pablo Magaz «¿Por qué no antes?» y estoy totalmente de acuerdo

con él. Esto me trae a la memoria una fecha: 21 de octubre de 1971. Aquel día estuve en Nueva York con

Mr. Derwinski, jefe del Grupo de Estados Unidos en la Unión Interparlamentaria, que me presentó en su

Delegación, situada frente al edificio de Naciones Unidas, al embajador de su país en la Organización,

Mr. Bush. Pasamos los tres juntos a la O. N. U. y recuerdo bien que en la puerta me dijeron lo siguiente:

- Tengan ustedes cuidado con la cuestión del Sahara, que les va a dar un disgusto. ¡Hagan ustedes el

referéndum cuanto antes!

De vuelta a Madrid, y sin pérdida de tiempo, envié una nota escrita al ministro de Asuntos Exteriores

indicando que yo lo había tomado como una advertencia seria de los Estados Unidos, pero por lo visto la

nota cayó en el olvido, bien por no darle importancia, bien porque en aquel entonces se pensaba que, por

las apetencias de Marruecos, Mauritania y Argelia, se podía aún defender el asunto, olvidando que en este

caso los tres estaban de acuerdo en una cosa: en que España debía abandonar el territorio.

Quizá si entonces se hubiese atendido el buen consejo de los americanos se hubiera podido evitar lo que

ahora ocurre y, sobre todo, la reivindicación ya planteada de las plazas de Ceuta y Melilla Entonces era

aún tiempo de haber hecho en el Sahara lo que De Gaulle hizo con Mauritania: crear un país amigo.

Y no olvidemos nunca que si nosotros estamos en las organizaciones internacionales es debido a la

intervención en nuestro favor de los Estados Unidos en la O. N. U. Si este apoyo nos faltase no cabe duda

de que seriamos expulsados de todas ella con resoluciones condenatorias. Es bien sabido que el mundo

internacional necesita siempre países a quienes condenar, bien sea África del Sur, Portugal o Chile.

Portugal ha salido ahora de esa situación, pero pensemos que cualquier día puede desatarse una

conflagración contra España.

Pero volviendo al asunto del Sahara, planteado asimismo por el delegado de Mauritania en una

conferencia de la Unión Interparlamentaria celebrada en país africano, en la que dijo que se trata de un

territorio mauritano, contestó la Delegación española que Marruecos (que no se hallaba presente por no

tener Parlamento) dice exactamente lo mismo.

Sin embargo, más recientemente - hace dos meses -, en Colombo, el delegado mauritano presentó una

enmienda en la que expresaba la satisfacción por haber sido sometido el asunto al Tribunal Internacional

de La Haya.

En comentarios por los pasillos, los delegados rusos me dijeron:

- Dejen ustedes que Marruecos y Mauritania se peguen entre ellos y que compren aviones Mirage a los

franceses. ¡Pero ustedes váyanse!

No nos queda otro remedio que girar en la órbita de los Estados Unidos, ya que en la de la otra

superpotencia no podemos hacerlo. El hecho de que Norteamérica no quiera hacer con nosotros un tratado

de defensa mutua por la única razón de que no seria aprobado por el Congreso, y el hecho mismo de

nuestra situación en Europa, hacen pensar que es preciso tomar medidas políticas urgentes para evitar que

tanto en Europa como en el mundo internacional, se desaten las condenas en resoluciones de todo género.

Quizá ahora éstas serían más fácilmente contrarrestables, si es que llega a aprobarse en las Cortes la

forma de elección de concejales que ya admite el sufragio universal, contenido en el artículo 21 de la

Declaración de los Derechos Humanos, de las Naciones Unidas, organización a la que pertenecemos y

cuyas resoluciones hemos de admitir, con más razón esta a la que nos referimos, que ya estaba aprobada

antes de nuestro ingreso.

Y no se olvide que hoy no se puede estar solo y contra el mundo entero no se puede luchar. Por ello se

precisan medidas políticas que aprovechen al máximo en nuestro favor la situación en que España se

encuentra en el mundo.

Manuel ARANEGUI.

 

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