Autor: Sinova, Justino. 
 En declaraciones exclusivas a D16. 
 Manuel Fraga censura duramene a Suárez     
 
 Diario 16.    22/03/1978.  Páginas: 2. Párrafos: 52. 

22-marzo-78 / Diario 1 6

En declaraciones exclusivas a D16

Manuel Fraga censura duramente a Suárez

Justino Sinova

Sigue levantándose a las ocho de la mañana, ordenadamente, metódicamente. A las nueve ya está en la

sede central de Alianza Popular, en el número 23 de la calle Silva, en Madrid, donde ocupa un despacho

que es la séptima o la octava parte de los despachos ministeriales a los que estaba acostumbrado. Allí

trabaja sin cesar. Almuerza y cena habitualmente fuera de casa, siempre con un tema político entre las

manos. Regresa a su domicilio a eso de la una de la madrugada. Y en sus ratos libres escribe artículos y

algunos fines de semana va a pescar o a cazar.

—Pues tanto trabajo y tanta dedicación a estas alturas no se entiende si no es medio para subir a la

Presidencia del Gobierno...

—Se puede aspirar a muchas cosas, y yo no pongo mis ambiciones solamente en ese puesto. Estoy

dispuesto a servir en otros. Estoy dispuesto a ser, ¡qué sé yo!, ministro de Defensa, por ejemplo. Tampoco

estoy dispuesto a aceptar cualquier cosa, y menos a dejarme tentar por el hecho de ser ministro;

justamente porque ya lo he sido y sé lo que es la parte exterior de esas cosas, y sé que hoy no se puede

aceptar un cargo más que para hacer cosas, no para lucirlo.

—Pero debo decir que yo jamás he trabajado por el resultado o por el premio, sino por el sentido del

deber. Y eso me hace dormir tranquilo.

Manuel Fraga Iribarne, de cincuenta y cinco años, ministro por dos veces (de Información y Turismo con

Carrero Blanco y de Gobernación con Carlos Arias), cabeza de Alianza Popular, para algunos continúa

siendo una alternativa y ahora más que nunca.

De algún modo, Fraga está al acecho. Y ya no parece el hombre temido sobre todo por sus arranques. Hay

alguna diferencia entre el Fraga que, recién tomada posesión como ministro en 1962, corta el hilo del

teléfono porque le molesta durante una reunión con corresponsales extranjeros de prensa y el Fraga que

hoy habla en inglés por teléfono con otro corresponsal.

Han pasado los años y la política se parece tanto a la que él practicaba como la noche al día. Hoy es un

hombre con el que se puede hablar; al menos, yo pude hablar con él durante una hora en la que sólo dos o

tres salidas «a lo Fraga» rompieron la serenidad de una conversación; realizada, por cierto, ante un

magnetofón y luego no revisada por él. Esto habría sido imposible hace poco.

La única condición que puso a la entrevista, ya al final, de pasada, fue que recogiera sus palabras

fielmente. Fue más un ruego que una condición; y de que lo he hecho así puede estar seguro. Para

empezar la entrevista, pedí a Manuel Fraga que expusiera un balance de la situación. Y el político se

explayó:

—La transición política está todavía en un, momento de máxima provisionalidad y expectativa, porque el

debate constitucional está todavía en sus comienzos, porque el equilibrio de las fuerzas políticas no ha

quedado definitivamente establecido en las elecciones del 15 de junio, también porque ha coincidido un

momento de máxima inestabilidad en el entorno internacional y también porque hay un momento de

recesión económica mundial. Estos cuatro factores son evidentes y cada uno tiene su impacto. Aparte de

eso, se echa de menos un Gobierno que, además de una mayor o menor habilidad para resolver los

problemas del día, de la semana o del mes, fuese capaz de mostrar un plan de futuro, un calendario

profundo y unas acciones más capaces de dirigir la crisis y no simplemente de sobrevivir en medio de

ella.

—Bien; el debate constitucional. Acaba de terminar sólo la primera fase, y ciertamente la más difícil, y es

indudable que siete meses ha sido demasiado tiempo; al final se notaba una tendencia al deterioro dentro

de la ponencia constitucional. Estas cosas no pueden durar tanto tiempo. De hecho, en ningún periodo

constituyente español anterior se tomaron tanto tiempo en la preparación de un anteproyecto. No es

menos cierto que es la primera vez que esto se ha intentado hacer por consenso entre las grandes fuerzas

políticas. Ha pasado demasiado tiempo y aquí también creo que le incumbe una gran responsabilidad al

Gobierno, que no tuvo su propio proyecto y cuyos tres ponentes, muy distinguidos, no siempre tuvieron

las instrucciones ni el tiempo necesario para actuar en la Comisión, distraídos por otros trabajos

parlamentarios y extraparlamentarios.

Provisionalidad que alarma

—Usted dice que falta por terminar esta etapa de provisionalidad y...

—Ahora mismo no hay un cuadro constitucional y la provisionalidad es más profunda y más grave de lo

que parece. Por ello, el Gobierno debería haber hecho más para salir de ella cuanto antes. Esta situación

de provisionalidad abruma profundamente a las personas que tienen una experiencia histórica y se sienten

con responsabilidad política.

—¿Usted es optimista sobre las posibilidades de salir pronto de este estado de provisionalidad?

—Yo soy optimista en cuanto que veo que no hay obstáculos graves para ello. Lo que sí creo es que, tal

como he visto manejar el tema constitucional desde el Gobierno, hay un motivo de preocupación serio.

Ahí es donde se ve la diferencia entre un Gobierno que vive al día y otro que ve las cosas con una

dimensión.

—¿Este Gobierno vive al día?

—Este Gobierno vive muy al día. Eso es justamente lo que le impide salir del estado de provisionalidad.

Es un tema del que el país debe tomar conciencia para que todos presionemos.

Tercera guerra mundial

—Un dato analizado sumamente interesante: el entorno internacional, sobre todo tras el último suceso

italiano.

—El suceso italiano tiene una importancia extraordinaria, no tanto como revelador de una situación

nueva, sino como una demostración más del mundo en que vivimos. Es evidente que la historia no es un

lugar de quietud, sino que las cosas están siempre cambiando y que hay épocas en que el dinamismo es

mayor; ésta es una de ellas. El mundo creado después de la segunda guerra mundial se ha derrumbado

poco a poco, de modo que ni el equilibrio entre los continentes, ni el equilibrio económico, ni, en

definitiva, ninguno de los acuerdos básicos que se crearon tras la guerra están en pie. Y no hay la menor

duda de que una de las cosas que ha sucedido es que han surgido nuevas formas de dar salida a las

tendencias violentas o belicosas que, desgraciadamente, existen en el fondo del alma humana. Cuando se

habla de que el hombre es un ser pacífico y benéfico hay que recordar que lo primero que hicieron los dos

hijos de Adán y Eva fue matarse el uno al otro.

—Se ve claramente que las tendencias violentas son profundas en el alma humana. Algunos han creído

que se iba a lograr una pacificación, pero lo cierto es que cuando no hay guerra en el Sudeste asiático la

hay en el cuerno de África, y que cuando no la hay allí surge el problema en Argelia. En ese sentido, el

aplazamiento de contiendas globales, lejos de ser una garantía de paz, es la apertura de nuevos frentes de

guerra. De alguna manera se podría decir que la muerte de los cinco policías italianos, en el secuestro de

Aldo Moro, es un acto de guerra, de la tercera guerra mundial.

Ejecutar terroristas

—Algunos quisieron hacerse la ilusión en España de que, resueltos los determinados problemas del

cambio político, la situación mejoraría. Pero la gente sigue muriendo en Vizcaya o en las cárceles de

Carabanchel por razones muy profundas. Estoy hablando claramente de que hoy en el mundo se está

rompiendo el equilibrio y se está pasando a otro y de que la guerra se hace ahora de muchas maneras y de

que el asesinato de los policías de Aldo Moro y por supuesto su secuestro es un acto ya de la tercera

guerra mundial. Eso no admite duda de ninguna clase. Y toda ingenuidad al respecto, todo lo que sea

vaciar las cárceles y poner a los criminales más facilidades para actuar, todo lo que sea proposiciones de

abolir la pena de muerte, que a los terroristas tendría que aplicárseles...; ¿por qué razón se ya a aceptar

que ellos utilicen la pena de muerte y los demás no puedan hacerlo? En el siglo pasado, ¿cómo se

acabó con la piratería y con la trata de negros? Pues porque quien cogía a un pirata le colgaba y luego se

ponía a hablar del asunto. Y en estos días falta un acuerdo internacional el que todo terrorista que cause

pérdidas humanas fuese ejecutado inmediatamente por el primer Estado que lo cogiera, mediante un

juicio que identificase al personaje, por supuesto.

Yo he creído siempre que un país se hunde mucho antes por una política, exterior mal llevada que por

unos fallos determinados en su política interior.

—Que ese es uno de los males que puede aquejarnos ahora.

—Bueno; nos está aquejando ya. En este momento la política exterior se ha convertido otra vez en un

sujeto sumamente activo para nosotros y tengo que decir que tampoco ahí veo yo claro que se haga

distinción suficientemente eficaz entre lo que son relaciones públicas exteriores y política exterior. Son

cosas muy diferentes. Una cosa es sonreír y que haga una declaración favorable la ministro de Asuntos

Exteriores de Suecia y otra cosa es una política exterior donde se sopesan unos intereses, donde se juega

midiendo las fuerzas´ de cada uno, y creo que es muy urgente la formación de esa política exterior

revisada para España. Y la reordenación de la Administración exterior, evidentemente.

Imaginación y maniobras

—Usted manifiesta, por lo que ha dicho hasta ahora, un gran pesimismo sobre las posibilidades de este

Gobierno.

—Este Gobierno es minoritario y no ha demostrado hasta ahora ninguna imaginación ante los grandes

problemas del país, sino una gran habilidad ante las maniobras inmediatas. Y creo que, más pronto o más

tarde, tendrá que plantearse la realidad de un Gobierno de base mucho más amplia y con personalidades

de más peso. Estoy convencido de ello.

—Ahí está el tema. Usted ha insistido últimamente en la esperanza de un Gobierno de coalición.

Viniendo de usted, este sentimiento significa que la coalición ha de formarse con UCD, que ya está en el

Gobierno, y con AP.

—Yo desde el verano estoy diciendo que habría una o dos revisiones en el Gobierno. La primera ha sido

la «económica»; yo espero otra más amplia antes del verano. Y, después de eso, yo estoy convencido de

que cuando se entre en los temas de fondo, pasado el tema de la Constitución, no habrá más remedio que

ir a un Gobierno de base más ancha. Eso tiene que ocurrir. Este Gobierno no da el peso suficiente para

afrontar los grandes temas planteados.

¿Un Gobierno con AP?

—Un Gobierno de coalición antes de las próximas elecciones generales tendría que formarse con Alianza

Popular, ¿no?

—Yo no voy a hacer ningún comentario concreto sobre eso. Es absolutamente obvio que nosotros no nos

excluiremos de ningún arreglo importante que pueda servir al país. Pero yo en este momento no esto

afirmando nada más que eso tiene que ocurrir, que puede ocurrir con distintos parlamentarios. La mayoría

se puede formar de distintas maneras. Pero en este momento sería más lógico que se formase por el

camino de la lógica que por el camino de la antilógica.

—Para resumir este tema, dígame: ¿Usted confie en que la democracia se instaurará en España?

—En primer lugar, considero que eso es necesario o, altamente conveniente; que es enormemente

deseable y nosotros lo pretendemos. Segundo, que eso se logre o no dependerá de lo que hagan la mayor

parte de los españoles que están en el conjunto de las fuerzas políticas. Y, efectivamente, es un

experimento que desgraciadamente España ha emprendido en varias ocasiones y hasta ahora no ha

logrado por largo tiempo. Lo cual revela que no es un experimento fácil. No lo es en ningún país y quizá

no lo sea especialmente en España. También afirmo que el pueblo español, por primera vez, tiene una

oportunidad seria de hacer ese experimento. Antes no la tuvo, porque esa forma tan difícil que es la

democracia exige unas condiciones mínimas de nivel económico-social, de educación general, de

movilidad social, de contactos informativos amplios, que no se dieron antes. Creo que hoy, por primera

vez, esas condiciones sociológicas mínimas existen; pero en eso no radica todo. Y yo creo que lo que

definirá el paso a una democracia se mide en torno a estas tres coordenadas: primero, que el Gobierno sea

capaz de poner en orden un mínimo de política económica seria; segundo, que sea capaz de mantener una

fase mínima de seguridad en el orden público; tercero, el éxito que tenga la nueva ordenación del país en

función del reparto de competencias territoriales, llamadas autonomías. Por ahí se rompió otras veces el

consenso. Se rompió ya en la primera y en la segunda Repúblicas.

La última oportunidad

—Claramente, ¿esta posibilidad de que se instaure la democracia está defendida por las fuerzas —

digámoslo así— más poderosas de esta sociedad? —Yo creo que sí. Yo creo que no hay duda ninguna

acerca de que la mayor parte de las fuerzas del país están por la construcción de la democracia. También

es verdad que, justamente por ello, no habría que perder esta oportunidad, porque podría ser la última. Si

esta vez fracasase el experimento, podría ocurrir que alguna de esas fuerzas que ahora están sumamente

colaboradoras o, por lo menos, comprensivas con este desarrollo, otra vez no lo estuviera.

—Y en este contexto, ¿es posible una alianza entre AP y UCD?

—Hay, según las encuestas de opinión, un cuarenta por ciento de indecisos y yo tengo razones para

pensar que ahí no hay muchos votos de la izquierda. Hay mucha gente, por lo tanto, que no está satisfecha

con la presentación actual de las fuerzas políticas. Tomándolo de otra manera: lo que no es marxista, lo

que no es separatista y lo que no es ultra o antidemocrático forma un campo muy grande que muy bien

podría dar lugar a una fuerza parecida a lo que es el partido conservador en Gran Bretaña o lo que es la

mayoría presidencial en Francia. Sea de una forma o de otra, a mí me parece necesario. Y hay un hecho

cierto: en los debates constitucionales se vio claramente que a la hora de la verdad había dos posiciones.

Lo mismo está ocurriendo a la hora de la verdad de los votos en las Cámaras. Saque usted la

consecuencia. Eso es posible, es necesario, y nosotros estamos actuando bajo esos supuestos.

—UCD no habría ganado un buen número de votaciones en el Parlamento sin el apoyo de Alianza

Popular.

—UCD ha estado usando una serie de debilidades que se han agotado ya. Hoy pacta con un grupo,

mañana con otro... Ultimamente se ha visto que se exigen unos pactos más permanentes. Pues bien:

nosotros creemos que hay que actuar en esa vía coordinativa. Y cuantas noticias se producen estos días

me dan la impresión de que parece que eso es lo que empezamos a entender todos.

—Entonces, ¿se puede prever, según eso, un gran partido de derecha?

—Rechazo la pregunta. Porque yo no he hablado de un gran partido, sino de diversas formas de

entendimiento, ni he hablado de derecha, sino de lo que no es izquierda marxista, de lo que no es

separatismo y de lo que no es ultra. Yo suelo usar la expresión centro derecha a la cual creo que tengo un

cierto derecho a aludir, porque sistemáticamente he hablado de centro y nunca ha hablado de centro

izquierda; pero yo rechazo la palabra derecha como tal porque eso nos llevaría a otro tipo de

planteamientos.

—¿Cuáles son las afinidades de AP y UCD?

—A la hora de ver las bases es evidente que tienen una gran similitud. Al hablar del programa, con más

motivo, porque fue lisa y llanamente copiado del nuestro. Y a la hora de ver cómo funcionan los grupos

en el Parlamento se pueden ver también. Justamente el problema está en saber por qué razón se produjo

una división en su momento, que no me toca a mí comentar porque no soy responsable de ella.

Las relaciones de Fraga

—Pasemos, si le parece, a ver cuáles son sus relaciones con el Rey y con los principales líderes políticos.

¿Cómo son sus relaciones con el Rey?

—Mis relaciones con el Rey son las de un leal súbdito, que cree que le ha servido bien y que siempre que

le ha visto le ha dicho la verdad. Y creo que él lo aprecia así.

—¿Y con Suárez?

—Son correctas. Durante mucho tiempo hemos tenido una relación buena y la seguimos manteniendo,

aunque naturalmente tengamos diferencias importantes y notorias en este momento.

—Con Felipe González?

—¿Con Felipe González? mis relaciones son más recientes. Nos vemos de vez en cuando y yo entiendo

que son buenas.

—¿Con Santiago Carrillo?

—Con Carrillo las relaciones son más distantes, como es natural, porque hay una distancia política. Yo,

sin embargo, he tenido con él algunos gestos de alguna importancia que revelan mi deseo de convivencia.

También después, cuando entiendo yo que él se equivocó, le he recordado que lo cortés no quita lo

valiente. Las relaciones son correctas.

—¿Y se iría usted mañana de pesca con Carrillo?

—No sé si sabe pescar el señor Carrillo. Yo no voy a pescar más que con buenos pescadores.

 

< Volver