La larga marcha de Hassan II. 
 Desconcierto en el Sahara  :   
 España podría pedir cascos azules si el rey marroquí insiste en invadir pacíficament el territorio. 
 Informaciones.    17/10/1975.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

La «larga marcha» de Hassan II Desconcierto en el Sahara

ESPAÑA PODRÍA PEDIR «CASCOS AZULES» SI EL REY MARROQUÍ INSISTE EN INVADIR

PACIFICAMENTE EL TERRITORIO SORPRENDENTE, hábil e increíble han sido los adjetivos con

que se ha calificado el anuncio del Rey Hassan II de Marruecos de invadir pacificamente el Sahara, en

una marcha de trescientos cincuenta mil marroquíes desarmados, con el monarca a la cabeza. Ya están

abiertos los banderines de enganche para esta aventura insólita. Si las autoridades militares españolas

repelieran con las armas la invasión, nuestro país sería acusado de «genocidio». En la marcha de civiles

irán mujeres y niños.

«Si encontramos en nuestro camino otras fuerzas que no sean españolas — dijo el Rey Hassan II en su

mensaje de anoche—, recurriremos entonces a la autodefensa; pero si nos encontramos con españoles, les

saludaremos y les dejaremos disparar sobre nosotros si así lo desean.»

Nada más pronunciar su discurso el Soberano alauita, el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos

convocaba una rueda de Prensa en la O. N. U., en la que confirmaba que la marcha anunciada por el Rey

será «civil, excluyendo todo recurso a la fuerza contra la potencia administradora», y que «si España toma

la iniciativa de un genocidio, estamos dispuestos a responder a eso».

PINIES: «NO LO PUEDO CREER»

La reacción del embajador español ante las Naciones Unidas, don Jaime de Pinies, que también convocó

inmediatamente una conferencia de Prensa, fue de incredulidad. «No lo puedo creer, salvo desde el punto

de vista anecdótico», dijo el diplomático español, quien dio a entender que si esto fuera en serio, España

acudiría a los órganos competentes de las Naciones Unidas. ¿Consejo de Seguridad o Asamblea General?

Parece que Madrid prefiere —según nuestras noticias— plantear el tema en el marco de la Asamblea

General.

Por lo demás, no se descarta la petición española de «cascos azules», lo que supondría su retirada del

territorio. El señor Piniés llegó a afirmar anoche: «Estamos listos para descolonizar. Los retrasos no son

culpa nuestra. Cooperaremos hasta que concluya el proceso, si hay paz. Si hay problemas, nos vamos. No

fuimos nosotros los que quisimos ir a La Haya. No nos vamos mañana, porque somos un país responsable

y no podemos actuar irresponsablemente. Pero si la Asamblea General nos dice que nos vayamos mañana,

nos vamos mañana. Lo único que queremos es salir con paz y con honor.»

Evidentemente, se va a trabajar diplomáticamente en todos los frentes para evitar que esta «marcha»

pacífica de Marruecos sobre el Sahara se produzca. Por todos los canales —oficiales y extraoficiales— se

va a procurar que Hassan II no lleve a cabo su propósito. Lógicamente, el tema se va a plantear en los

órganos adecuados de las Naciones Unidas, que son, tras el informe de la misión visitadora y el dictamen

consultivo del Tribunal de La Haya, las que deben tomar la iniciativa para la autodeterminación del

territorio. Sobre la O. N. U. pesa ahora mismo la principal responsabilidad.

Caso de que Hassan II se empeñara en llevar a cabo la invasión la diplomacia española cedería la decisión

a otros Departamentos ministeriales.

En el Sahara —según nuestro enviado especial—, la situación es de desconcierto y de desconfianza: nadie

se fía de nadie. (Páginas 5 y 6.)

 

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