Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
 Sahara. 
 Rabat: la suerte está echada     
 
 Informaciones.    27/10/1975.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

RABAT: La suerte está echada

Por Abel HERNANDEZ (Enviado especial de INFORMACIONES.)

MABBAKECH, 27.

LA suerte parece echada para España. Ahmed Laraki, ministro de Asuntos Exteriores marroquí, ha venido

de Madrid rebosando optimismo. El entendimiento de principio hispano-marroquí, el acuerdo sobre que

haya acuerdo, se da por hecho. Kurt Waldheim, secretario general de las Naciones Unidas, se entrevistó

ayer aquí con el Rey Has-san II y partió para Nuakchott, acompañado del jefe de la diplomacia marroquí.

De allí, en una vertiginosa gira, irá a Argel y a Madrid. Se trata de limar las diferencias que pudiera haber

y dar las bendiciones de la O.N.U. al diálogo amistoso entre Madrid y Rabal. España necesita que las

Naciones Unidas hagan suya esta decisión bilateral. Dentro de muy poco, según hemos podido saber de

fuentes marroquíes dignas de crédito, se iniciarán las negociaciones normales hispano-marroquíes para la

firma del acuerdo definitivo.

«Estoy convencido - declaro el señor Laraki a su llegada a Rabat - que estas conversaciones abren nuevos

horizontes y una nueva página en la historia de nuestros dos países. Con estas entrevistas respondemos al

llamamiento del Consejo de Seguridad. Hemos estudiado con nuestros amigos españoles el camino y los

medios para poner fin a la situación que ha hecho que se convocara el Consejo de Seguridad, y poder así

asegurar que estamos en el buen camino.»

Kurt Walldeim, ademas de entrevistarse con el Rey Hassan II, acompañó ayer al Soberano a inaugurar las

obras de la presa de Sidi Cheho, a unos 140 kilómetros al norte de Marrakech, que ha sido bautizada,

antes de nacer, con el nombre de «La Marcha Verde». El Rey llevó al príncipe heredero y al segundo de

sus hijos. Asistió al acto todo el cuerpo diplomático, el Gobierno, la Prensa internacional y un inmenso

gentío - campesinos y campesinas - con trajes de fiesta y gritos y cánticos de Júbilo, que, en número de

unos 40.000, habían plantado en aquel desierto sus tiendas desde sabe Dios cuándo y habían ocupado toda

la pelada colina, como en la escena bíblica del sermón de la montaña. De vez en cuando, entre cántico y

cántico, palmas rítmicas y agudos sonidos de las antiguas tribus del Atlas, gritaban: «El Sahara es nuestro

Sahara.»

El Rey pronunció un discurso en el que indicó que esta inauguración significaba que la marcha hacia el

Sahara no paralizaba la vida económica y el desarrollo del país, Hassan II quiso, sin duda, aprovechar este

acto puramente administrativo para que su pueblo y el mundo entero lo vieran con el secretarlo general de

la O. N. U. y todos los embajadores a su lado.

Observe al embajador de Argelia, sonriente, en la tribuna diplomática, y eso que la tensión argelino-

marroquí, a propósito del Sahara, es palpable no sólo en la Prensa, sino en los círculos oficiales. Al final

de la ceremonia y cuando ya el Rey habla marchado, con Kurt Waldheim en el mismo automóvil, vi a los

embajadores del este europeo reunidos en circulo. El más precavido había sido el soviético, que llevaba

una graciosa visera para protegerse del sol abrasante.

ENTUSIASMO POPULAR

Mientras tanto, el entusiasmo popular por la «marcha verde», que hoy ha entrado en su séptimo día, no

decae. Las gentes, al borde de la carretera, salen con banderas y trapos de colores a saludar a los

voluntarios que pasan, apiñados en los camiones de caja alta, como si fueran los héroes que vuelven de la

guerra. Los hombres y las mujeres van en camiones separados. Llevan ramas de árboles y banderas y

exhiben el retrato de Hassan II. Cuando pasan por los núcleos de población agitan sus brazos v cantan y

gritan. Las mujeres llevan pañuelos verdes en la cabeza. Los hombres se cubren con el turbante y la

chilava. El signo de la victoria está de moda en este país.

A estas horas ya deben haber llegado unos 150.000 participantes de la «marcha verde» a Tarfaya, donde

esperan la señal para pisar la «tierra prometida» del Sahara Sin embargo, en conjunto, se sigue notando

una cierta detención de la marcha, a medida que se aceleran las conversaciones con España.

La impresión que prevalece (condicionada ciertamente por la especial situación interna española) es que,

con el acuerdo hispano-marroquí consumado -, Laraki piensa volver a Madrid muy pronto -, la «marcha

verde», a la que están uniéndose numerosas representaciones de países árabes, tocará simbólicamente la

arena del desierto saharaui y «aquí paz y después gloria». Esto parece que no se llevará a cabo antes do

noviembre.

FONDO

¿Y cuál va a ser el futuro del Sahara? El sábado por la noche los periodistas españoles cenamos aquí, en

Marrakech, con el jefe del Gabinete Real y el anterior embajador en Madrid. Aseguran que el Sahara será

una provincia más del reino de Marruecos, pero, al menos en la primera etapa, una provincia «sui

géneris». Rabat no puede tragarse con rapidez esta inmensa boa. Tendrá que ser muy gradualmente. Será

gobernada por los actuales saharauis, y todo quedará, según parece, poco más o menos como está, al

menos durante los seis primeros meses.

Con Mauritania no habrá problemas. «Las fronteras están reconocidas Internacionalmente.» Marruecos se

llevará, por supuesto, la parte de león. Mauritania, la del ratón o nada. Mauritania - me dice otra

personalidad marroquí - lo que quiere es dinero y la amistad con Marruecos; no le interesa más desierto.

«El Sahara tendrá un "status" especial dentro de Marruecos», declaraba anoche a este cronista Jalihenna

Rachid, secretario general del P.U.N:S., que abandonó El Aaiún el pasado día 19 de mayo, fecha en que

llegó a Marruecos.

Jalihenna Rachid, veintisiete años, casado con una española y padre de un niño, es uno de los personajes

más perseguidos estos días por la gran Prensa internacional. Aquí él sigue considerándose secretarlo

general del P.U.N.S., tiene libre acceso al palacio real y está señalado en amplios sectores como el

próximo primer gobernador de Marruecos en el Sahara.

«Quiero quitarme de encima - me decía - la leyenda negra que tengo en España, a raíz de mi marcha a

Marruecos. En primer lugar, no es cierto que me vine con el dinero del P.U.N.S. Esto quiero que quede

definitivamente aclarado. Después me gustarla subrayar que mientras que permanecí en el Sahara fui

siempre leal a España. Un día comprendí claramente que la solución estaba en la anexión a Marruecos. El

Sahara, entre otras cosas, no tiene ni capacidad económica, ni administrativa de ningún tipo para

convertirse en un Estado independiente. En veinticuatro horas decidí venirme a Marruecos y me sentí

plenamente marroquí. Desde entonces he trabajado arduamente por el entendimiento entre Marruecos y

España. El tiempo me está dando la razón.»

A juicio de Jalihenna Rachid, todos los del P. U. N. S. son de la misma opinión y todos le consideran a él

su jefe. Y el 90 por 100 de los miembros de la Yemaa son del P. U. N. S. «Los saharauis - declaró - están

con el más fuerte.»

El P. Polisario - unos 3.000 ó 4.000 miembros dentro del Sahara, a su juicio - en el futuro inmediato

previsible tiene dos opciones: o aceptar la mano tendida del Rey Hassan II o estar fuera de la ley. Su

«cordón umbilical» hasta ahora ha estado en Argel.

Jalihenna Rachid insiste en que «el Sahara tendrá más autonomía económica y política que las demás

provincias marroquíes y serán los mismos saharauis, como ha dicho el Rey, los que se encargarán de la

administración del territorio. Además, en estos momentos se tiende en Marruecos a una politización

descentralizadora».

Está convencido Rachid de que con la amistad hispano-marroquí se abre un nuevo capítulo. «Los campos

de cooperación son inmensos: cooperación económica, tecnológica, pesquera, turística, cultural, etc. Los

militares españoles no tendrán que abandonar el Sahara precipitadamente. Para ello dispondrán de varios

meses por delante. Incluso quizá podrían tener allí una base militar. Y los fosfatos se explotarían

conjuntamente: con capital y tecnología españoles y mano de obra marroquí, o sea saharaui. Todo está

dispuesto para el entendimiento, que no puede traer sino beneficios para los dos países, y que no puede

tardar ya.»

 

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