Autor: Fuente Lafuente, Ismael. 
 Sahara. ABC en Agadir. 
 Se intensifican los preparativos para la marcha verde  :   
 Se alzan voces en contra de cualquier negociación que pudiera impedirla. 
 ABC.    28/10/1975.  Página: 11-12. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

ABC EN AGADIR

SE INTENSIFICAN LOS PREPARATIVOS PARA LA "MARCHA VERDE"

Se alzan voces en contra de cualquier negociación que pudiera impedirla

Agadir, 27. (De nuestro redactor enviado especial, por teléfono.) Mientras Kurt Waldheim, secretario

general de las Naciones Unidas, llegaba ayer a Marrakech para entrevistarse con el Rey Hassan y el

ministro marroquí de Asuntos Exteriores, doctor Laraki, emprendía viaje a Nouak-chott para entrevistarse

con el presidente de Mauritania, Ould Daddah, luego de ser recibido por el Rey a su regreso de Madrid,

los preparativos de la gran marcha se incrementan.

Si durante los primeros días de la operación el ritmo de movilización fue lento, ahora que en las capitales

de los países interesados en la cuestión del Sahara han comenzado una verdadera guerra diplomática, los

contingentes de camiones que transportan a los voluntarios hacia Tarfaya se han multiplicado.

DIFÍCIL EXPLICACIÓN.—Si, como parece, las negociaciones llegasen al acuerdo de detener de alguna

manera la gran «marcha verde» sobre El Aaiun, aquí la pregunta que todo el mundo se hace es qué pasara

con los casi ochenta mil voluntarios que ya están acampados en pleno desierto a sólo treinta kilómetros

del puesto fronterizo de Tah entre el Sahara español y Marruecos. ¿Cómo se va a convencer a esta masa y

a la que se dirige hacia el Sur desde todos los puntos del país de que serán las diplomacias de los países

interesados las que resuelvan y de que deben regresar tan pacíficamente como fueron a sus puntos de

origen cuando muchos de ellos lo abandonaron todo para embarcarse en esta aventura libertadora y

colonizadora?

Porque hay algo claro y es que a los árabes, con todos los respetos, no se les puede aplicar en ningún

momento los módulos europeos. Quiero decir que durante mucho tiempo se les ha estado bombardeando

psicológicamente con la necesidad de «liberar» lo que desde todos los órganos de información se llama

«nuestro Sahara expoliado» y que todo lo que el preámbulo de esta gran marcha tiene de folklórico la

tiene también de colonizador.

COLONOS DEL SAHARA.—Camino de Tarfaya, metidos en pleno desierto, en un infierno de arena, sol

y polvo, el oficial que tenía a su mando un sector de la ruta nos decía que muchos de los voluntarios

tenían el proyecto de instalarse en el Sahara. Que llevaban consigo en sus maletas y aperos todas sus

pertenencias y que pensaban establecerse como colonos.

Por otra parte, es mucho lo que se ha invertido en esta operación. Material y políticamente.

Materialmente, porque desde hace tres meses prácticamente todo el aparato administrativo y militar está,

trabajando para la marcha sobre el Sahara.

Y políticamente, porque han sido precisamente los partidos políticos de la oposición los que han

empujado a Hassan a meterse en esta aventura. Es mucho lo que se juega el Rey con esta operación, entre

otras cosas el Trono, posiblemente la vida, y, quizá, lo más importante: la subsistencia de Marruecos

como unidad nacional. Un país que tras veinte años de independencia continúa buscando aún su alma, su

verdadera identidad nacional. Además está el Ejército, que es quien lleva el peso de la organización de la

marcha.

ESPECTACULAR DESPLIEGUE LOGIS-TICO.—Quince o veinte kilómetros antes de llegar a Tarfaya

por la estrecha carretera que avanza hacia el Sur de este país, entre el desierto y el mar, empiezan a

dibujarse en la impresionante soledad del desierto los primeros grupos de personas concentrados en el

campamento al aire libre instalados en los alrededores de esta pequeña ciudad. El despliegue logístico que

se ha montado para esta operación es espectacular. Los grupos de bidones de agua y los camiones-cisterna

de gasolina están distribuidos en pequeños grupos en una línea paralela a la frontera con el Sahara de

varios kilómetros de longitud. Allí se irán concentrando los trescientos cincuenta mil voluntarios, por

provincias. Cada provincia participante en ésta marcha tiene su coto cerrado en el enorme campamento y

a la entrada del mismo (prohibido el paso a los periodistas) grupos de militares van controlando sobre un

enorme tablero la entrada de hombres, camiones, víveres y provisiones.

ZONAS MILITARIZADAS—Los voluntarios no se pueden mover libremente por el campamento ni por

sus inmediaciones, porque en este sentido el control es estricto. A lo sumo les permiten acercarse a las

hermosas playas de la zona. Y la distribución de las comidas obedece a una disciplina realmente

castrense. Las necesidades corporales se hacen en pleno desierto y después se tapan con arena. Se duerme

al aire libre, envueltos en mantas —sólo los enfermos duermen en las tiendas de campaña de la Cruz Roja

marroquí— y las incomodidades son grandes. Pero, peso a todo, no cabe duda de que para algunos de

ellos, que ya llevan allí cuatro días, estas son unas verdaderas vacaciones.

Hay un verdadero despliegue militar en la zona. Tan Tan y Tarfaya, las dos únicas ciudades del desierto

(unos mil habitantes cada una en épocas normales) están totalmente militarizadas en el sentido de que las

guarniciones militares normales se han multiplicado y se han tomado algunas casas de la población civil.

Los contados hoteles de ambas ciudades sirven como cuarteles y, concretamente, la última, donde

logramos entrar un reducido grupo de periodistas es un verdadero fortín militar y allí es donde está

montado el cuartel general del Estado Mayor que dirige esta operación.

CARRETERA CONTROLADA.—La estrecha carretera de alquitrán y asfalto que cruza el desierto por la

que circulan los camiones que conducen a los voluntarios está rigurosamente controlada por soldados

armados y por miembros de la Gendarmería Real. Cada pocos kilómetros, los coches que no son militares

o no llevan el distintivo de la operación, son controlados por estas fuerzas. Incluso en nuestra larga ruta

hasta Tarfaya vivos cómo se transportaban tres cañones del tipo antitanque 105 milímetros. Diversos

vehículos militares transportaban a soldados armados hacia la zona en la que se han construido pequeñas

trincheras donde hacen guardia los soldados. Grupos de helicópteros sobrevolaban las zonas.

A diez kilómetros de Tarfaya, junto a la playa, está instalado el gran campamento militar con pequeñas

tiendas de campaña en las que duermen los soldados. A tres kilómetros de la ciudad, a. la izquierda, está

indicada la desviación de El Aaiun: ciento nueve kilómetros. La carretera es del tipo de la anterior.

Estrecha, llena de arena y muy recta. No está protegida aún por el Ejército y se puede circular, en

principio, libremente por ella hasta el kilómetro veinte, donde está cortada por grandes piedras instaladas

en la misma. Pequeños grupos de obreros con máquinas excavadoras trabajan en ella quitando la arena de

la calzada. No quieren explicarnos por qué lo hacen. Trece o catorce kilómetros más adelante en línea

recta está el puesto fronterizo de Tah, pero la ruta es absolutamente intransitable para cualquier tipo de

vehículos. Hay sitios de la carretera en los que la arena alcanza hasta el medio metro de altura.

El regreso hacia Tan Tan, o Ulinine y Agadir nos da idea de hasta qué punto se han intensificado los

preparativos (lentos en los primeros días). Cientos y cientos de camiones forman caravana de kilómetros

y kilómetros de largo. Y la columna de luz que avanza lentamente en la negra noche del desierto se pierde

en el horizonte.

UN CAMPAMENTO FIJO.—La imagen más familiar del país desde Marrakech hasta la frontera del Sur

es el camión cargado de voluntarios que se dirige haría el Sahara. En Ait-Melloul, a quince kilómetros de

Agadir, se ha instalado un campamento fijo, con más de setecientas tiendas de campaña —muchas de

ellas de la Cruz Roja marroquí—, en las que hacen noche los voluntarios. Se nos informa que este

campamento ha acogido ya a más de ochenta mil. Algunos de los médicos que acompañan a los

expedicionarios nos dicen que el estado de salud de los hombres y mujeres es, en general, bueno, y que

las necesidades sanitarias de la marcha están perfectamente cubiertas.

Mas volviendo, en fin, al hilo del principio de esta crónica, ya han empezado a sonar en todo el país voces

contra la negociación. «La marcha es irreversibles, proclaman los voluntarios intransigentes, y «ha de

hacerse por encima de toda negociación». Es también lo que se piensa a distintos niveles y lo que opinan

los partidos políticos de la oposición. Lo lógico es pensar que esta marcha, con negociación o sin ella,

deberá hacerse de alguna manera. Siquiera simbólicamente. Y esto puede ser uno de los temas de la

negociación que se está llevando a cabo en varias capitales.—Ismael FUENTE LAFUENTE.

 

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