Dignidad en el Sahara     
 
 Informaciones.    03/11/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

DIGNIDAD EN EL SAHARA

SIEMPRE hemos defendido la necesidad de llegar a un acuerdo pacífico en el tema del Sahara. Un

acuerdo que satisfaga a todas las partes en litigio y del que no sufran vidas humanas ni legítimos intereses

nacionales. Y más de una vez hemos tenido que expresar la opinión en nuestras páginas contra una

política de dilaciones y de dudas. La opinión pública ha sabido con demasiada frecuencia sobre

decisiones contradictorias tomadas en el plazo de menos de veinticuatro horas. Tan pronto nos

quedábamos en el Sahara como nos pensábamos ir deprisa y corriendo. Tan pronto preparábamos la

guerra con que parecía amenazar Rabat; como mandábamos a Marruecos enviados especiales en aviones

a reacción a dialogar con el Rey. Tan pronto nos resistíamos a hacer el referéndum, por la imposibilidad

de fabricar un censo fiable, como prometíamos llevarlo a cabo en el plazo más corto posible, olvidando

todos los obstáculos que previamente habíamos aducido. Y cuando todavía el Sahara es legalmente una

provincia española, nos presentamos sin rubor ante la O. N. U. reconociéndonos como potencia

administradora de un territorio colonial.

Pensamos por eso que la situación tan lamentablemente confusa ahora creada, es fruto de haber perdido el

tiempo durante años en hacer algo que teníamos que hacer. Y el azar ha querido que se venga a resolver el

problema de la presencia de España en África coincidiendo con la ascensión al Poder - siquiera sea de

forma interina - de quien está llamado a ser el Rey de España. Hay que reconocer que no se lo han puesto

fácil al Sucesor, y que éste va a encontrar en el problema del Sahara un auténtico «test» de habilidad para

estadistas. Esperamos por eso que no se tome por adulación si decimos que el gesto y la actitud del

Príncipe de España plantándose en El Aaiún ayer a mediodía para hacer visible su solidaridad con nuestro

Ejército de África, nos parece algo más que un noble y valeroso gesto personal.

¿Qué es lo que ha demostrado y qué lo que ha conseguido el actual Jefe de Estado en funciones con su

viaje de ayer? Primero de todo, que es consciente del papel que juega en estos momentos, de las

responsabilidades asumidas y de la respuesta que la nación espera de él al respecto. No es que dudáramos

de la capacidad y prudencia del Príncipe, pero su primera interinidad como Jefe del Estado no estuvo

jalonada de las dificultades de hoy ni se cernían sobre la salud de Franco tan negros presagios como ahora

se hacen. Quiere decirse que la interinidad de hoy es, creemos y decimos en otro comentario de este

mismo número, el primer escalón de la reinstauración real y objetiva del Trono de España.

Pero el hecho trasciende la anécdota personal. Don Juan Carlos de Borbón, en sólo cuatro horas, ha

sabido devolver la confianza a unas tropas al borde de la desmoralización, y la dignidad a un Ejército que

no se sentía verdaderamente respaldado en su actitud por los absurdos vaivenes políticos que se han

venido haciendo con respecto al problema del Sahara. Y ha dejado bien a las claras, al reunir a la Junta de

Defensa Nacional y al tomar las riendas en el tema africano, que es capaz de asumir los riesgos -

inevitablemente graves - que un Rey debe asumir.

Respecto al Sahara, no haremos sino insistir en las premisas apuntadas. Es necesario y deseable defender

todo lo defendible: la situación de los quince mil españoles residentes en Marruecos, la vida de los

sesenta mil saharauis, a los que no es posible abandonar a su propia suerte y el mantenimiento de la paz

en una zona tan delicada como el norte africano. Sabemos de la, delicada situación de Ceuta y. Melilla,

del problema económico de los fosfatos, de las presiones de todo tipo a las que Argelia y Marruecos

vienen sometiendo a nuestro Gobierno y de los deseos españoles, hartó ratificados ante la O. N. U., de

encontrar una solución válida para todos. Pero pensamos que sólo es defendible una negociación, por la

que siempre nos hemos pronunciado, desde situaciones de dignidad nacional. Cuando esto pudo y debió

haberse hecho, no se hizo. Los responsables de nuestra política exterior en los años más recientes sabrán

el porqué y probablemente algún día tendrán que explicarse ante la opinión pública. Querer negociar

ahora en un estado de humillación y bajo chantaje es además de indigno, Ineficaz. España no debe admitir

un diálogo cuyas conclusiones quieran establecerse previamente al diálogo mismo. España debe irse del

Sahara tranquila y dignamente. No por la puerta de atrás.

 

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