Autor: Aguirre López, José María (AMÉRICO VÉLEZ). 
 Sahara.. 
 El Sahara, en el contexto de la política mundial     
 
 Informaciones.    04/11/1975.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

El Sahara, en el contexto de la política mundial

Por Américo VELEZ (Corresponsal diplomático en Europa occidental.)

BRUSELAS, 4. (INFORMACIONES.) — Los focos de la actualidad se proyectan a la vez sobre el

Sahara, sobre el tablado político americano y sobre el inmediato futuro de las relaciones U.S.A.-U.R.S.S.

Los observadores europeos de la evolución del asunto saharaui creen que el Jefe provisional del Estado

español ha entrado con paso firme en la escena internacional al afrontar las responsabilidades que le

incumben en el honorable despeje del actual estado de cosas en esa parte del occidente africano.

Don Juan Carlos de Borbón y sus consejeros, piensan, han adoptado la actitud que corresponde a una

nación del Viejo Mundo resuelta a liquidar los últimos vestigios de un pasado colonizador. España se

atiene a la política que sobre el Sahara han decidido las Naciones Unidas. Evacuará, en el momento

oportuno, el territorio que administra. Pero mientras ese momento llega, las tropas españolas defenderán

vigorosamente las fronteras y sólo se retirarán en la dignidad del deber cumplido.

La mayor parte de los Gobiernos del occidente del Viejo Mundo centran en Madrid su atención en un

momento de trascendencia histórica para un país que consideran prolongación geoeconómica natural de la

Europa en proceso de integración. Apoyan la política española de conservar la autoridad en el Sahara

hasta que la O.N.U. se decida a asumir la administración de esa zona en litigio desde el punto de vista de

los intereses de Marruecos y de los de Argelia, en la confianza de que tal modo de nueva administración

—la internacional de las Naciones Unidas— permitirá que los saharauis decidan libremente sus destinos.

De tal modo, España no será, en ningún caso, responsable de que el problema del Sahara tome, en ultima

instancia, un mal cariz. Tal es el significado que los medios gubernamentales de Europa atribuyen al giro

que, bajo el impulso del Principe Juan Carlos, Madrid a imprimido a la cuestión, situando al mismo

tiempo en actitudes de delicadas opciones, tanto al Rey Hassan II, de Marruecos, como al Presidente

Bumedián, de Argelia.

Las orientaciones que, en todo caso, tome el futuro del Sahara, dependen, sin embargo, en proporción

considerable de la evolución de las actitudes que sobre el caso mantienen por el momento las dos super-

estrellas de la galaxia mundial. Washington sostiene, en forma más o menos abierta, los designios del Rey

Hassan II. Moscú, en una proporción que todavía no han determinado con exactitud los Analistas

oesteuropeos de la política exterior del Kremlin, los del Gobierno argelino.

En los laboratorios europeos que estudian con detenimiento el curso de los acontecimientos en el tablado

mundial, se cree que los retoques que ayer ha dado a su administración el Presidente Gerald Ford tienden,

en primer término, a eliminar obstáculos para que el primer personaje de la Unión Soviética, Brezhnev,

pueda efectuar este invierno su proyectado viaje a Washington. La salida del Pentágono del señor

Sehlesmger puede facilitar un «happy end» de las negociaciones SALT II, en forma que la «cumbre»

americano-soviética tenga lugar antes de la reunión del XXV Congreso del Partido Comunista de la U. R.

S. S., previsto para febrero. Al sustituir a su secretario de la Defensa, el Presidente Ford ha llevado a cabo

un gesto que repercutirá en favor de Brezhnev en su sorda pugna con los ideólogos radicales del

Politburó.

Tales son las ideas que parecen prevalecer en los medios diplomáticos más sofisticados de una Europa

por el momento sin peso específico para intervenir con eficacia en el curso de los asuntos parlamentarios.

La eventualidad de que Moscú y Washington rectifiquen sus, por ahora, encontradas políticas sobre el

Sahara en el sentido de armonizarlas dentro de un cuadro de nuevo impulso de la «détente» influirá sin

duda alguna, en la suerte de los saharauis.

La Unión Soviética multiplica sus maniobras políticas en la región mediterránea y en sus confines. Es una

singular manera de cumplir los principios de Helsinky sobre la coexistencia pacífica entre el Este y el

Oeste. Probablemente Pekín encontrará en esos esguinces diplomáticos la justificación de sus

advertencias a las potencias occidentales sobre el verdadero significado de la «détente». Lo que lleva a

muchos observadores europeos del paisaje político mundial a la conclusión de que, si bien el reajuste que

de su Gobierno acaba de efectuar el Jefe de la Casa Blanca resulta inmediatamente propicio a la

trayectoria del Brezhnev, es susceptible de repercutir adversamente en la preparación del viaje que el

Jefe del ejecutivo americano se propone efectuar en fecha prójima a Pekín.

 

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