Autor: Meseguer Sánchez, Manuel María. 
   No avanzará la marcha verde un metro de más  :   
 Estamos preparados para todas las eventualidades, declaraciones del general Gómez de Salazar, gobernador general del territorio. 
 ABC.    06/11/1975.  Página: 1,96. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

NO AVANZARA LA "MARCHA VERDE" UN METRO DE MAS

«Estamos preparados para todas las eventualidades», declaraciones del general Gómez de Salazar,

gobernador general del territorio»

EL AAIUN, 5. (De nuestro redactor, enviado especial, por teléfono) «Tenemos que cumplir con el deber

de que la "marcha verde" no avance un metro de más», declaró esta mañana a los periodistas el

gobernador del Sahara, general de división Federico Gómez de Solazar, en el curso de la rueda

informativa que todos los días mantienen las autoridades militares con las representantes de la Prensa de

los cinco continentes.

El metro de más al que se refiere el general Gómez de Salazar no debe ser circunscrito al paralelo 17º 40´,

frontera geográfica del territorio, sino a la frontera militar que conviene a las fuerzas españolas y que

viene a estar a la altura de la ciudad de Daora, a unos treinta kilómetros de la raya con Marruecos y a

otros tantos de El Áaiun. Entre la frontera militar y la «política existen dos amplios campos de ruinas

debidamente señalizados que tendrá que salvar la «marcha verde» o su avanzadilla de chimpancés antes

de darse de bruces con las armas españolas. ¿Que ocurrirá entonces?

ALTERNATIVA.—La marcha que se inicia mañana podría optar por dos soluciones: o bien por

adentrarse una docena de kilómetros en la frontera geográfica, levantar campamentos y dar por terminada

la aventura o, por el contrario, continuar su camino.

En el primer caso, la diplomacia encontraría un respiro para llevar adelante los acuerdos que considera

convenientes.

En el segundo habría que elevar una suplica que acompañara a la respuesta esperanzada del general

Gómez de Salazar. «Es imposible llegar a El Aaíun y estoy seguro de que los políticos del país disuadirán

a Hassan II de esa barbaridad.» Para terminar diciendo: «Nosotros estamos preparados para todas las

eventualidades.»

Y nosotros, los periodistas, también. En previsión de lo peor pronto se nos adjudicarán los destinos en las

distintas unidades del frente para cubrir convenientemente la información de los acontecimientos que se

hayan produciendo. Los observatorios militares y las mismas unidades desplegadas serán, si todo sigue su

ritmo, el ambiente habitual de los informadores desplazados a El Aaiun.

CONTINUA LA EVACUACIÓN.- Por lo demás, la evacuación quema etapas y todo hace prever que su

primera fase podría estar concluida incluso antes del día 20, prefijado por las autoridades encargadas de la

misma. Esta tarde zarpó el «Plus Ultra» con 117 pasajeros, cuatro bodegas de enseres y equipaje a tope, y

152 automóviles. El reducido número de pasajeros —el «Plus Ultra» tiene una cabida de quinientas

personas— hay que achacarlo a las resistencias de cierta población civil a ser evacuada y que han

motivado la imposición de una docena de multas por valor de 50.000 pesetas cada una a cuantos morosos

no encuentran el momento para salir del territorio.

Es posible que en este momento la población civil europea —además de Fos-Bucraa, que merece un

capítulo aparte— se limita a unas 1.100 personas de las 10.000 que contabilizaba el último censo

efectuado en la capital del Sahara. Hoy mismo he podido ver cómo se abría al público la oficina de

indemnizaciones. En la misma se les proporcionaba a los viajeros un certificado para que cobraran en

metálico en la Delegación de Hacienda de El Aaiun en Las Palmas.

INDEMNIZACIONES. Cada cabeza de familia cobra 20.000 pesetas y otras 5.000 por cada miembro de

la misma. Al mismo tiempo se les proporcionan 2.500 pesetas como bolsa de viaje para los cinco días que

se supone puede durar el desplazamiento a los distintos puntos de destino. En total, la «Operación

Golondrina», en su aspecto exclusivamente civil y de indemnizaciones, supondrá para las arcas del

Estado un desembolso de mil millones de pesetas.

La actividad en los barracones de la Sección Femenina es incesante durante todo el día, las colas corren

parejas con los problemas y los montones de bultos son recogidos por los camiones para su posterior

transporte hasta el pantalán de Fos-Bucraa, donde se encuentra el barco. Cincuenta soldados prestados por

las distintas unidades colaboran en esta enorme labor de evacuación.

Cuando la primera fase concluya, solamente quedarán en El Aaiun los militares y las empresas necesarias

para la vida de los saharauis. Por ejemplo, la farmacia, los hospitales e incluso sobre el papel estaba

previsto que el legendario cabaret El Oasis dejara sus puertas abiertas hasta el último momento. No ha

sido así y ha sido de los primeros en echar el cierre y marcharse a lugares más tranquilos y rentables.

LAS DESPEDIDAS. — En el pantalán del puerto se pueden seguir escenas verdaderamente emotivas.

Desde el muchacho que lleva sus palomas en una jaula y su ardilla del desierto sobre el hombro hasta la

mujer que arracima junto a ella sus nueve hijos, y a quien lo que verdaderamente le gustaría es marcharse

a Brasil, donde la vida parece que promete toda clase de paraísos.

Los pasajeros son transportados por una grúa y descargados sobre la cubierta del barco. No sé si por

casualidad o porque se quiere acelerar la despedida, nadie quiere permanecer al aire libre y todos se bajan

a sus camarotes a comenzar la difícil etapa del olvido y de la añoranza. Mientras la excitación todavía les

abre la risa, comentan de buena gana sus últimas jornadas: la voraz marcha compradora de los saharauis

de casa en casa pidiendo sillas —ellos que siempre se sentaron en el suelo—, preguntando por armarios

con cajones —ellos que nunca guardaron nada porque nada tuvieron que guardar—, comprando

frigoríficos nuevos por 6.000 pesetas —ellos que tuvieron la leche de camella como único sustento de

vida v también de muerte.

Hay como una tristeza gorda que se confunde con los negros maletones de los evacuados. Una tristeza

que se agiganta con la frase de un millar de personas cuando preguntan: ¿Y qué será de Fos-Bucraa?

¿Qué será de los que estamos trabajando allí?

FOS-BUCRAA.—En los últimos días se han registrado diversas actitudes de irritación en los trabajadores

europeos de la empresa ante lo que califican falta de información para con el personal trabajador. Anoche

mismo un centenar y medio de productores se concentró ante el edificio del Gobierno General para

presentar sus reivindicaciones. Según portavoces autorizados de los trabajadores de Bucraa, todos ellos

quieren irse del Sahara si continúa la evacuación y, por consiguiente, la sensación de peligro. Pero

quieren irse con todos los derechos adquiridos, sin tener que renunciar a toda una vida de trabajo para

poder salvar la piel.

POLISARIOS «EN EL MONTE».—Al mar-gen de que pueda parecer exagerada o no esta postura, hay

que convenir en su lógica si es cierto que la empresa no ha llegado a darles fecha alguna de su salida del

territorio. El problema se acrecienta de día en día y no tardará mucho en que haya que proporcionarle la

solución más justa.

En cuanto al elemento saharaui existe una hermosa frase para decir de algún miembro del Frente Polisario

que no se encuentra en la ciudad: «está en el monte» Yo no sé a qué monte se referirán ni siquiera si no

será todo producto de sus lecturas de la revolución cubana, pero lo que sí parece cierto es que los jóvenes

airados del F. P. están dispuestos a cobrar muy caros los deseos anexionistas de sus vecinos.

Mientras siguen en el «monte» o en el «campo», noticias procedentes del Frente aseguran que Mauritania

ha vuelto a admitir campamentos del Polisario en su territorio, lo que supondría un espectacular vuelco de

la política seguida en estas últimas fechas por la joven nación vecina.

No hay duda de que en esta hundida capital del Sahara (geográficamente hablando) no solamente

confluyen los ríos fósiles del desierto, sino los más mínimos rumores de lucha, de vida y de muerte que se

producen en sus arenas.—Manuel María MESEGUER.

 

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