Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
 Sahara. 
 Calma tensa en Rabat  :   
 El Rey ha apostado todo, incluso su corona, a la carta del Sahara. 
 Informaciones.    07/11/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Sahara

INFORMACIONES

1 de noviembre de 1975

Calma tensa en RABAT

EL REY HA APOSTADO TODO, INCLUSO SU CORONA, A LA CARTA DEL SAHARA

Por Abel HERNÁNDEZ (Enviado especial de INFORMACIONES.)

RABAT, 7.

LA capital del reino de Marruecos acogió en silencio la llegada de la «marcha verde» al Sahara. La fiesta

por el «acontecimiento histórico» no prendió en la calle como había ocurrido con su anuncio. Una calma

tensa, con los oídos pegados a los transistores, invadió la ciudad. Las gentes sentían temor ante la

incertidumbre de qué iba a pasar. A la caída de la noche, con los «peregrinos» acampados a un tiro de

piedra de las líneas militares españolas, las familias se recogieron en casa.

La radio nacional marroquí difundió constantemente «slogans» y noticias en árabe, francés, español e

inglés. La televisión ofreció al final de su programa del día un amplio reportaje de la marcha dentro del

Sahara. Los camiones y autocares que habían llevado a la muchedumbre a la «tierra prometida» desde el

campo de lona de Tarfaya, se quedaron en la orilla. Sólo algunos «jeeps» y autocares para ayuda sanita

ría" penetraron en el territorio. Los «conquistadores» entraron en el Sahara y continuaron la marcha a pie

con el Corán en la mano y el hato al hombro. Al pisar la arena se inclinaron sobre ella, la besaron,

hicieron sus abluciones religiosas con la propia arena y oraron en cuclillas y en silencio.

GRITABAN Y CANTABAN

Fueron entrando en oleada. Abriendo la marcha, el primer ministro, Osman, con nueve miembros del

Gabinete, varios embajadores árabes y africanos y diversas personalidades. Después seguía la multitud.

Muchos llevaban la cara semitapada, y casi todos la cabeza cubierta. Soplaba un leve siroco. La mayoría

iba con chilaba. No era una marcha silenciosa. Gritaban y cantaban. Quizá recitaban versículos del Corán.

Parecían alegres. No se veían caras torvas. En el aire flotaban miles de banderas rojas con la estrella verde

en medio, del Reino de Marruecos, y una docena de banderas de diferentes países.

Eran gentes de toda condición, hombres y mujeres, la mayoría jóvenes, muchos en edad militar. No pude

ver a ningún niño. Puentes oficiales aseguran que gradualmente entrarán en el Sahara los 350.000

componentes de la «marcha verde». Uno se sentía, de repente, en la Edad Media, y se acordaba de los

viejos libros de Historia de España que había estudiado en la escuela. El contrapunto de modernidad eran

los vehículos que aparecían de vez en cuando, y los reporteros de televisión y Prensa que caminaban en

medio de la muchedumbre con las cámaras al hombro.

NO SE ADIVINA EL DESENLACE

¿Epopeya, farsa, tragedia, comedia. ? Sólo se va a saber cuando caiga el telón. En la alta madrugada de

Rabat, mientras escribo esta crónica, la sensación más cierta es que se ha llegado a una situación limite y

que todavía no se adivina el desenlace, aunque parece que tiene que ser inminente. Quizá en unas horas.

El Rey Hassan II ha apostado todo, incluso su corona, a la carta del Sahara.

Llegaban las noticias y las sensaciones atropelladamente: en la N. U. tocaban a rebato un poco tarde. En

Madrid volvía a reunirse la Junta de Defensa. El embajador de España en Rabat se entrevistaba con el

ministro de Estado, doctor Benhima. En las altas esferas no dejaba de sonar el teléfono. Puede que hoy

vuele a Barajas un avión especial de Marruecos. Un diplomático español comentaba. «La situación es

crítica esta noche.» Un alto funcionario marroquí me decía telefónicamente «Los de la "marcha verde´´

duermen bien protegidos acampan cerca del Ejército español.» Menos mal que aún nos queda sentido del

humor..

 

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