Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
 Sahara. El rey apareció en televisión emocionado y cansado. 
 La decisión de Hassan no es un cheque en blanco  :   
 Absoluto secreto sobre la actividad diplomática que ha logrado la marcha atrás. 
 Informaciones.    10/11/1975.  Páginas: 2. Párrafos: 15. 

EL REY APARECIÓ EN TELEViSION EMOCIONADO Y CANSADO

La decisión de Hassan no es un cheque en blanco

ABSOLUTO SECRETO SOBRE LA ACTIVIDAD DIPLOMÁTICA QUE HA LOGRADO LA

«MARCHA ATRÁS»

Por Abel HERNÁNDEZ (Enviado especial de INFORMACIONES.)

RABAT, 10.

HA terminado la «marcha verde». El Rey de Marruecos pidió ayer a los 350.000 voluntarios que

desandarán el camino y volvieran a casa. La decisión de Hassan II tras veinticuatro horas de intensas

conversaciones con el ministro español de la Presidencia, señor Carro, en Agadir, parece tener relación

con un acuerdo negociado con España sobre el Sahara.

«La marcha ha cumplido sus objetivos. España no es sólo un país amigo, sino también un país vecino y

hermano. Los voluntarios deben retornar a Tarfaya. Yo mismo regreso a Marrakech para velar por la

marcha de los asuntos del Estado.» Estas fueron las afirmaciones fundamentales del Rey Hassan II en su

discurso radiotelevisado de apenas diez minutos de duración.

El Rey apareció en la pequeña pantalla acompañado del príncipe heredero y de su segundo hijo, así como

de su hermano, Mulei Ab Dala. Vestía un traje negro a rayas y llevaba corbata también negra. Habló con

voz grave y emocionada, y se le notaban grandes ojeras y aspecto de cansancio en el rostro.

Gran parte del discurso real estuvo dedicado a elogiar la proeza de los participantes en la «marcha verde»

y su gran esfuerzo. Subrayó la unión que habían demostrado con el Rey, a la que él corresponde, y tuvo

también palabras de encendida gratitud para los países que le habían apoyado en esta empresa. Las

delegaciones de estos países —numerosos pueblos árabes y africanos— estaban presentes en la sala desde

donde Hassan II se dirigió al país.

La importante decisión del Rey de Marruecos, aun con el riesgo de que algunos sectores políticos se

sientan defraudados y se vuelvan ahora contra él tras haber emprendido entusiasmados la ruta del desierto

saharaui, significa que ha puesto su confianza y su corona en manos de España. Es de suponer que no se

trata de un cheque firmado en blanco. El acuerdo Rabat-Madrid vuelve a tocarse con las manos.

RIGUROSO SECRETO SOBRE LAS CONVERSACIONES

El más riguroso secreto cayó desde el primer momento sobre las conversaciones del ministro español de

la Presidencia en Agadir. Su acompañante, el embajador de España en Rabat, señor Martín Gamero, de

cuya positiva, patriótica, difícil y generosa gestión algún día habrá que dar pormenores, se empeñó en el

más riguroso mutismo, y ni a sus más íntimos colaboradores —somos testigos de excepción de ello— dijo

una palabra de la trascendental gestión diplomática. Su único comentario a su más íntimo colaborador

fue: «Lo siento, pero es secreto.» El embajador pasó el domingo en su despacho, solo, preparando el

largo acto de las negociaciones.

Se ha pasado, en unos minutos del cero al infinito.La colonia española en Rabat, los diplomáticos y los

periodistas celebramos anoche con champán el anuncio del Rey a Marruecos.Numerosas familias

españolas en Marruecos habían abandonado el país silenciosamente a altas horas de la madrugada el

pasado viernes y habían huido hasta España. Hubo un momento en que todo estuvo a punto de estallar en

tragedia. Anoche estalló la fiesta. La pesadilla había pasado.

EL HONOR DEL EJERCITO EN ALTO

De esta peligrosa crisis, el honor de nuestro Ejército del Sahara ha quedado en alto y engrandecido. Una

vez más, ha dado pruebas de lealtad y disciplina. La figura del Príncipe don Juan Carlos, futuro Rey, ha

quedado afianzada. El Gobierno español que preside ese hombre abnegado que se llama don Carlos Arias

ha hecho, según todos los indicios con acierto, una opción histórica. El Rey Hassan II ha prestado con su

decisión un gran favor a España, que vive unos momentos de delicada transición, y ha demostrado con

hechos sus insistentes afirmaciones de amistar y cooperación hispano-marroqui.

La Impresión aquí es que de un momento a otro algúna personalidad marroquí acudí rá a Madrid, si es

que no ha llegado ya a estas horas, para ultimar detalles de la negociación. No se cree que Hassan II haya

decidido ordenar la vuelta a casa de los que marchaban sobre el Sahara con la fe de los antiguos cruzados

sin tener ciertas seguridades por parte de España.

La «marcha verde» pasará a la historia de Marruecos como la epopeya de un pueblo en busca de sí mismo

y de su tierra prometida. Hay que haber visto de cerca las interminables caravanas de camiones cargados

de hombres mujeres, con banderas y cánticos y brazos en alto, atravesando carreteras y ciudades, y las

impresionantes escenas de miles de personas de toda edad y condición caminando a pie, con el Corán en

la mano, por la arena del desierto saharaui, para comprender la grandeza vital, épica y hasta

cinemascópica de esta aventura increíble, digna de la Edad Media. Marruecos ha utilizado para alcanzar

el Sahara su más poderosa fuerza: la de la debilidad de los humildes, la de la violencia pacifica de los

pobres.

RABAT Y SU PROBLEMA CON ARGEL

Si el Rey Hassan, que embarcó a su pueblo en esta «marcha verde», fracasara ahora en su intento de

lograr su propósito, nadie duda de que peligraría su Corona. Argelia, y en general el mundo socialista, van

a intentar todavía por todos los medios torpedear la operación Washington, según fuentes dignas de

crédito, apoyará ahora decididamente la tesis de la anexión del Sahara a Marruecos. Las Naciones Unidas

deberán dar el visto Dueño al eventual acuerdo hispano-marroquí. A la larga o a la corta, Rabat tendrá

que solucionar, por las buenas o probablemente por las malas, su problema con Argel. Pero España habrá

salvado la cara en el Sahara y habrá sorteado «in extremis» una peligrosa y profunda crisis.

Parece que ha llegado la hora de supurar recelos y desconfianzas mutuas y abrir una nueva etapa de

cooperación a un lado y a otro del Estrecho. Este es el clima en Rabat. En la maraña de intereses

multinacionales que se entrecruzan en las arenas del desierto del Sahara, España debe mirar

definitivamente por los suyos. A la solución política del problema del Sahara debe seguir un amplio

abanico de acuerdos económicos y culturales. España y Marruecos, efectivamente, están condenados a

entenderse.

 

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