Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
 Sahara. Rabat: declaraciones del ministro de Estado marroquí, doctor Benhima, a Informaciones. 
 Marruecos y España están ya de acuerdo sobre el Sahara     
 
 Informaciones.    12/11/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 26. 

RABAT: DECLARACIONES DEL MINISTRO DE ESTADO MARROQUÍ, DOCTOR BENHIMA,

A «INFORMACIONES»:

"MARRUECOS Y ESPAÑA ESTAN YA DE ACUERDO SOBRE EL SAHARA"

* NO TODO HA SIDO FÁCIL; LAS CONVERSACIONES HAN PASADO POR

MOMENTOS DIFÍCILES HASTA LLEGAR A ESTE GRAN RESULTADO

* RABAT HA DADO YA EL PRIMER PASO Y MADRID DEBE DAR AHORA EL SUYO

* ABDELKEBIR EL FASSI REVELA QUE EL PRINCIPE DON JUAN CARLOS LE DIJO:

«QUIERO MUCHO A TU PAÍS»

Por Abel HERNÁNDEZ (Enviado especial de INFORMACIONES.)

RABAT, 12.

No hay en este momento ninguna dificultad, ni por parte de Marruecos ni por parte de España, para llegar

a un acuerdo sobre el Sahara», me dijo ayer tarde el doctor Mohamed Benhima, ministro de Estado y ex

primer ministro, principal consejero de Hassan II y el verdadero artífice en la sombra, en contacto

constante con el palacio real, del entendimiento hispano-marroquí.

Acudí a la cita con el doctor Benhima acompañado del Jefe del gabinete del Ministerio de Información,

señor Ben Moufty, que actuó de interprete en nuestra conversación. «Son las primeras declaraciones que

concedo a un periodista —me dijo— desde ha ce cuatro años.» Tras largos días y largas noches de tensión

—todavía jugaba nervioso con sus manos—, el «viejo» y sabio Benhima había recobrado la sonrisa

«No todo ha sido fácil. Las conversaciones han pasado por momentos difíciles —confiesa.—. Este gran

resultado que hemos obtenido debemos ahora consolidarlo entre las dos partes. El pueblo español se ha

dado cuenta al fin de los verdaderos sentimientos que mi país alberga hacia España.»

—¿Qué espera en estos momentos Marruecos de España?

—Ahora que Marruecos ha lanzado sus brazos a España tiene el convencimiento de que España

responderá de la misma forma v tratará a mi país en igualdad de condiciones. Y una vez hecho esto, es

mucho lo que los dos países juntos pueden llevar a cabo Somos dos pueblos unidos por lazos de sangre,

de cultura, de historia y de vecindad.

—Hablemos —doctor Benhima— de la cooperación si le parece.

—Desde que se declaró la independencia de Marruecos no ha habido una verdadera cooperación entre

nuestros dos pueblos, cooperación que, por ejemplo, existe entre Marruecos y China a pesar de la gran

distancia que nos separa. Hoy debemos unir nuestras manos, tratar de superar las pequeñas diferencias

que aún existen y edificar una verdadera amistad y cooperación entre España y Marruecos. No es el

momento todavía de hablar con detalle de los capítulos de esta cooperación porque usted ha venido aquí a

cumplir otra misión informativa en este viaje. Espero que vuelva pronto y pueda contemplar las posibi-

lidades reales de Marruecos Los dos países pueden llevar a cabo juntos grandes empresas en el ámbito de

la cultura, de la economía, del comercio y de la tecnología. ¡Ah! y no olvidemos el turismo. Curiosamente

conozco todos los países del mundo menos España...

Le digo que bien merece unas vacaciones en España, y que podría ir acompañado del embajador español,

señor Martín Camero, que también ha hecho méritos suficientes al premio de un pequeño descanso. «¿Ve

usted la puerta de este despacho? —me señala la que tiene a su espalda, a la izquierda—. Es como si fuera

el despacho del embajador de España. Ahí nos vemos constantemente.» Una gran amistad une a estos dos

hombres. Esta vez la amistad ha servido para edificar algo tan práctico y tan trascendental como es el

entendimiento entre dos pueblos. Don Adolfo Martín Gomero, que desde ayer se encuentra en Madrid, se

ha visto durante estas tres semanas de la peligrosa crisis saharaui con el doctor Benhima a cualquier hora

del día y de la noche y sin ningún tipo de protocolo. Los teléfonos han hecho el resto.

—¿Y qué pueden hacer juntos, realmente, señor ministro, España y Marruecos?

—España y Marruecos pueden hacer juntos lo que ninguno de los dos por separado puede hacer con

ningún otro país.

—Doctor Senhima, volviendo a la cuestión saharaui, ¿qué queda por hacer?

—Hay que estar constantemente en contacto. Marruecos ha dado ya el primer paso, y España debe dar

ahora el suyo. En los contactos directos entre los grandes responsables no hay ni vencedores ni vencidos:

siempre hay victoria para las dos partes. Insisto en que no hay ningún obstáculo en este momento para

llegar a un entendimiento concreto.

Ayer mismo se reanudaban en Madrid estos contactos de alto nivel con la llegada a la capital de España

de la importante delegación marroquí, compuesta, entre otras personalidades, por el primer ministro,

señor Osman, y por el jefe de la diplomacia marroquí, señor Laraki, Se trata de ultimar detalles y for-

malizar el acuerdo bilateral global.

A LA ESPERA DE LA DECLARACIÓN ESPAÑOLA

La opinión pública marroquí está un poco desconcertada y descontenta por la decisión del Rey Hassan II.

Incluso, sabemos de buena fuente, que algunos de los participantes en la «marcha verde» han opuesto

cierta resistencia a abandonar el Sahara y desandar el camino hacia Tarfaya. Aunque esto ya se está

llevando a cabo con rapidez y normalidad. Las elites políticas, sobre todo, consideran que la decisión del

monarca ha sido unilateral y esperan ansiosamente la correspondiente declaración oficial española, que, al

parecer, no se hará esperar y será a muy alto nivel.

No parece oportuno, se opina en medios solventes, que Madrid guarde silencio demasiado tiempo, porque

podría, entre otras cosas, deteriorar la imagen del soberano alauita ante su pueblo, lo que en absoluto

interesa ahora a Hispana. Posiblemente la opinión pública marroquí quedará satisfecha con la visita a la

capital de España de esta delegación marroquí hoy mismo y la esperada declaración pública española.

Cuando entraba en el despacho del doctor Benhima me he encontrado en la puerta con el secretario

general del Istiglal. señor Buceta, que salía de conversar con el ministro. Tanto el ministro como el

político parecían satisfechos.

Todo indica, y lo destaca esta mañana la Prensa de Rabat, que el factor determinante de Hassan II para

hacer regresar la «marcha verde», tras su encuentro con el ministro español, señor Carro, en Agadir, fue

1a necesidad y el deseo de Marruecos de consolidar la incipiente monarquía del Príncipe don Juan Carlos,

así como evitar que la cuestión saharaui se internacionalice. El papel de la Organización de las Naciones

Unidas es tangencial y secundario en estos momentos: dar el visto bueno al acuerdo bilateral hispano-

marroquí consumado. Esta es la tesis conjunta, por lo demás, de Giscard D´Estaing y Burgiba. El

Presidente Sadat llegará hoy a Marraquech para entrevistarse con Hassan II. Una vez más, Madrid tiene la

palabra.

CON ABDELKEBIR EL FASSI

El señor Ben Moufty, una vez en la calle, ha despedido el automóvil oficial en el que hemos acudido a la

cita con el ministro de Estado y me ha invitado a pasear por las calles de Rabat. Caía la tarde sobre la

ciudad y el sol daba a las calles una blanca luminosidad. Hemos bajado por la avenida Mohamed V y

hemos entrado en el patio-terraza del café Balima, cubierto de tupidos árboles cargados de pájaros, que

interpretaban una bullanguera sinfonía. Allí hemos encontrado, tomándose su té, al señor Abdelkebir El

Passi, setenta y cinco años, uno de los más grandes intelectuales y diplomáticos marroquíes. Hemos

charlado de lo divino y lo humano El Passi fue Jefe del Protocolo Real en tiempos de Mohamed V y

acudió a Madrid con todas las delegaciones marroquíes que intervinieron en las negociaciones para la

retrocesión de Ifni.

Unos días antes de la «guerra de los seis días», en 1967, conoció en Jordania, donde era embajador, al

Príncipe don Juan Carlos, con el que conversó. «Recuerdo que me dijo: Quiero mucho a tu país.» y el

anciano Abdelkebir El Passi, que es un pozo de sabiduría, apoyando su mano en el bastón, me dice: «Sé

que el Príncipe don Juan Carlos va a comenzar su reinado en España con ciertas dificultades, pero no era

posible que lo comenzara con una guerra con Marruecos.»

Me cuenta abundantes y sabrosas anécdotas históricas. Recuerda, por ejemplo, que el teniente general

García Valiño reconoció públicamente durante la boda de su hija con un marroquí que «el Sahara es de

Marruecos». Piensa Abdelkebir El Passi que la muerte del capitán general Muñoz Grandes, «que fue un

hombre que comprendió bien a Marruecos», quebró el entendimiento entre los dos pueblos.

«España jamás ha sido materialista —afirma— Su fuerte es el espíritu. Durante el descubrimiento de

América el oro de Perú pasaba por sus manos y seguía la ruta de Europa. No era el oro lo que le

interesaba. Sin embargo, vendo al lenguaje práctico, es cierto que España puede beneficiarse

económicamente de Argelia, aunque con ciertas dificultades y, por supuesto, mucho menos que de

Marruecos. Nos separan catorce kilómetros de mar. Somos dieciocho millones de habitantes. Dentro de

tres años seremos veinte. Marruecos puede convertirse en el gran mercado de España. (Cerca de aquí, ahí

mismo —señala con su bastón—, hay un establecimiento propiedad de un judío cuyas mercancías proce-

den todas de España.) Y no solamente un gran mercado, sino la puerta para todo el continente africano.

¿Cómo se puede hablar tras ocho siglos de convivencia de enemistad peculiar?»

Se ha hecho de noche sobre Rabat. Va cediendo la música de la pajarería. Si uno tuviera que elegir una

palabra antes de abandonar Marruecos se quedaría con la palabra amistad o con la palabra reencuentro,

que para el caso es lo mismo. El problema saharaui, que ha estado a punto de convertirse en la piedra de

la discordia, parece que va a servir para unir a dos pueblos que vivían de espaldas incomprensiblemente.

INFORMACIONES

12 de noviembre de 1975

 

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