Autor: Meseguer Sánchez, Manuel María. 
 Sahara. 
 Esta misma semana podría comenzar la evacuación del personal militar  :   
 Ayer se celebró la última jura de bandera en el territorio. 
 ABC.    18/11/1975.  Página: 11-12. Páginas: 2. Párrafos: 26. 

ABC. MARTES 18 DE NOVIEMBRE DE 1978 PAG. 11

ESTA MISMA SEMANA PODRÍA COMENZAR LA EVACUACIÓN DEL PERSONAL MILITAR

Ayer se celebró la última jura de bandera en el territorio

EL AAIUN, 17. (Crónica de nuestro redactor, enviado especial.) Ayer se celebró la última jura de

bandera en el Sahara. No podría distinguir con claridad si se trataba de una apreciación subjetiva o, por el

contrario, se palpaba en el ambiente que se estaba efectuando el último juramento a través de la garganta

de dos millares de muchachos que no verán su servicio militar cumplido en la tierra de las arenas y las

dunas.

En la ciudad, sin embargo, contrastaba la marcialidad de los desfiles con la indolencia de las calles, la

espera pacientísima de los comerciantes ante el cliente, el juego de damas del desierto, la increíble puesta

en venta de gorros marroquíes, paciente ante la chirigota y la broma. Nada hay más apaisado que una

ciudad como El Aaiun en domingo.

Aunque con el semblante semejante, esta ciudad y su desierto han sido tensas protagonistas durante días

de la gran comedia del mundo.

Una tierra que ahora, en virtud del encaje de bolillos que con seguridad han debido ser las negociaciones

tripartitas —Marruecos y Mauritania, por un lado; la O. N. U., por otro, y en medio la población del

Sahara— se convertirá, no sé si con un lugar en las Naciones Unidas, en el enésimo país de la

descolonización.

La situación sahariana desde dentro se muestra cambiante en su estatismo. Para llegar a una aproximación

de urgencia de cuanto allí acontece habría que distinguirla desde dos perspectivas: la fronteriza y la

interior.

LOS FRONTERAS.—Unos cincuenta mil marroquíes, resto desgajado de la «marcha verde» o «marcha

de la liberación», permanecen anclados a las puertas de Tah. Sus poblados de lona constituyen más una

afirmación que una amenaza. Sus gentes saludan a los helicópteros españoles que viajan en misión de

reconocimiento, de la misma forma que se festejaba a los automovilistas que atravesaban los pueblos de

la España de los años cincuenta. Presumiblemente serán los futuros habitantes del Sahara y es muy

posible que no pase mucho tiempo sin que vean su sueño hecho realidad.

No precisamente en la frontera, sino instalados ya en las ciudades de Hausa y Echdeiria se encuentran

sendas compañías del F. L. U., eufemístico nombre que se utiliza para señalar a las tropas formadas por

saharauis que un día quedaron asentados en Marruecos en virtud del trazo de una frontera fantasma: el

tantas veces citado paralelo 27-40.

Según fuentes saharauis, otra unidad con blindados y carros de combate se encontraría más al Oeste, entre

El Aaiun y Smara, a la espera de que la evacuación de la «ciudad santa» por las tropas españolas le

permita acceder a su recinto. Estas tropas marroquíes podrían hallarse en semejante posición de favor, a

partir de una entente diplomática que impediría cualquier posibilidad de enfrentamiento.

ARGELIA.—Por el Noroeste, la frontera argelina es un misterio; sin embargo, teniendo en cuenta que

Tinduf es zona militar —donde no resulta difícil en momentos de paz descubrir las huellas de los

blindados— se puede suponer que persistirá el estado de alerta decretado en días pasados.

No hay duda de que la, al menos aparente, pasividad argelina ha causado no pocas sorpresas en todo este

problema. Bien es cierto que en caso de un hipotético enfrentamiento armado con Marruecos no se

hubiera precisado su concurso bélico para salir airosos de la situación, pero también lo es que sus palabras

en los organismos internacionales no se vieron, en ningún momento, correspondidas.

por una postura firme, como de la que hizo gala España al no admitir negociaciones en tanto que la

«marcha verde» se encontrara en territorio sahariano.

MAURITANIA.—En cuanto a Mauritania, y su larga frontera con el Sahara occidental, el país se ha

convertido en una especie de refugio en el que se guarecen, tanto los miembros del Frente Polisario, como

los tránsfugas del P. U. N. S. Todo es blando en la frontera mauritana y solamente la posibilidad de que

Marruecos hubiera querido acceder por allí al territorio sahariano, le confirió, en su día, una cierta

peligrosidad, que si en fechas anteriores fue efectiva no estaba provocada por Mauritania, sino por las

acciones guerrilleras del Frente de Liberación.

EL INTERIOR.—En el territorio, concretamente en El Aaiun y en Villa Cis-neros, solamente puede

detectarse, por parte de la población española, la desazón de la espectativa ante una salida de la que se

conoce el final aunque no el principio.

Por parte del Ejército, continúa a buen ritmo la evacuación de material. Los acuartelamientos tienen

embaladas la mayoría de sus pertenencias. El rumor sobre el día D para la evacuación del personal se

sucede y se acrecienta cuando se sabe, por ejemplo, que tal compañía ha empacado hasta las literas.

Según diversos indicios, la orden para el día D podría producirse en esta misma semana.

De todas formas, no será una evacuación precipitada la que se lleve a efecto, sino que podría extenderse a

lo largo de los tres meses y medio que aún restan para abandonar el territorio. El sistema previsto sería el

embarque de las tropas en El Aaiun y en Villa Cisneros manteniendo una cobertura táctica y logística

perfectamente estudiada. De cualquier forma los uniformes españoles han vuelto a tener su plaza en los

vuelos regulares a la Península, tras la orden de vía libre a los permisos que fueron cancelados en los

momentos más candentes dé la situación del territorio.

FUNCIONARIOS.—Para los funcionarios considerados imprescindibles, y por tanto sujetos a la segunda

fase de la evacuación, se está acercando el momento de que al menos una parte importante de los mismos

tenga que dejar definitivamente el territorio. La primera fase de la evacuación civil ha sido realizada con

una celeridad tal, que a muchos les ha llegado a parecer excesiva. Los desajustes mencionados en

crónicas anteriores se han venido agudizando ante el sentido, cada vez más evidente, de provisio-nalidad

en el elemento civil. La pregunta ¿quiénes serán los últimos del Sahara? va quedando respondida por la

marcha de los acontecimientos.

Si todo discurre según los últimos planes, sería lógico pensar que el último en salir sea el gobernador del

territorio, general de División Federico Gómez de Salazar, acompañado, claro está, por unos dos mil

soldados españoles. En esta salida definitiva jugaría igualmente un papel importante el secretario general

y el personal dependiente de su Departamento.

POBLACIÓN SAHARAUI.—Por lo que se refiere a la población autóctona del territorio, se especula que

seguirá contando con el avituallamiento y los servicios necesarios para su subsistencia. Si se tiene

presente que España suministraba enormes cantidades de azúcar a la población, así como la mayoría de

los elementos básicos para su mantenimiento, se comprenderá la situación en que queda la población

nativa. Una población joven ( sus tres cuartas partes tiene menos de treinta años) con una evidente

inteligencia natural, aunque inculta, e incapaz, de momento, de sobrevivir por sí misma.

Cuando algunos jóvenes hablan todavía —encendidos los ojos y la palabra— de independencia, aseguran:

«necesitamos a España. Nuestra economía tiene que depender, por fuerza, de España».

La población saharaui va a vivir todavía horas de tranquilidad ante el acaparamiento que se ha detectado

por la salida de los mayoristas del ramo de la alimentación. El desamparo posterior viene influido por

tantos factores que negociados quizá no tengan que jugar forzosamente contra la población autóctona.

Muchos de cuantos se han movido cerca de las esferas españolas pasarán a Canarias o a la Península para

iniciar una vida de extranjeros. Otros, la mayoría, se quedarán en una postura pasiva a vivir de la forma

que dicte la resolución del referéndum. Habrá militantes, sin embargo, que se resistirán a una solución de

compromiso.

EL P. U. N. S.—El Partido de la Unión Nacional Saharaui, con no poco descrédito entre la población

nativa, atraviesa momentos amargos con las continuas defecciones de sus principales miembros. El

nativo, que desde sus inicios se mantuvo excesivamente pegado a los consejos españoles, se encuentra

ahora en la disyuntiva entre la disolución o la plena integración de sus miembros en el Frente Polisario, lo

que sería otra forma de disolución, por cuanto el grupo saharaui en la ilegalidad no admitiría una fórmula

asociada de compromiso. Con la marcha de España del territorio, el P. U N. S. está condenado a la muerte

por inanición, por falta de ideas y por encontrarse ante un frente de liberación al que la lucha le está

confiriendo un especial carisma entre la población.

EL FRENTE POLISARIO.—El Noroeste sigue siendo una zona para la guerrilla y los jóvenes de El

Aaiun no pasan día de semana, que no se acerquen por Hausa, Echdeiría, El Farsía, Angala y Tifariti a

contemplar a sus correligionarios con las armas en la mano, enfrascados en la «guerra secreta» del

Sahara; una guerra en la que existe mucho de idealismo y que es probable que se haya comenzado dema-

siado pronto, si es que en algún momento debió comenzar.

A pesar de sus éxitos, que los miembros del Frente Polisario magnifican mediante la narración épica de

sus gestas, los guerrilleros saharauis están encontrando problemas de repuestos para sus vehículos y de

munición para sus armas. No obstante poseer armamento de procedencia argelina son ellos los primeros

en empezar a quejarse de la postura del país vecino, sin comprender que es posible que la negociación

también pueda haber llamado a las puertas de Argel.

Sin embargo va cobrando cuerpo en el ala más extremista del Frente Polisario la idea de una

palestinización de la situación, lo que conllevaría intentos terroristas y desesperados contra todo lo que

consideren enemigo, y que habría que concitar aun antes de que se lleven a la práctica. Es indudable que

no les faltarían las ayudas y que la desesperación es mala consejera. Los ejemplos de a dónde puede

conducir están demasiados cercanos como para insistir en ellos.

REGRESO.—Concluyo esta crónica desde el avión que me conduce a Madrid. En la cola de la nave viaja

un animado grupo de soldados que cantan sin cesar desde que despegamos del aeropuerto de El Aaiun.

Son las eternas canciones de los muchachos de todos los reemplazos, aderezadas ahora por el «¡Y viva

España!», de Manolo Escobar. Es posible que estos soldados no regresen a la arena ni vuelvan a pasear

por las calles de la capital del Sahara.

Allí abajo, en El Aaiun, se quedan ahora unos hombres y unas vidas singulares cuyas acusadas aristas

contrastan profundamente con lo romo del desierto. Allí abajo, en la ciudad de La Saguía, sigue en su

cochecito rojo Bartolomé Peláez, comendador de la Orden de África, conocedor de cada matojo del

desierto y hombre imprescindible cuando haya de hacerse una aproximación a la historia de la

permanencia de los españoles en aquellas arenas. Y con él permanecen unos hombres que se han hecho en

Marruecos, en Ifni, en Guinea, en El Sahara: hombres para los que la marcha va a levantar ampollas como

globos. Pero así es y así ha de ser. Hoy o mañana, el general Timón Lara entregará el manido del Ejército

del Tercio Don Juan de Austria para marchar a tierras de Gerona. El, que nació con la camisa verde, que

arrió la bandera en Marruecos y luego en Ifni, no tendrá ahora la ocasión de la total despedida. Volverá a

la Península y después lo harán sus hombres. El Sahara se mantendrá en el recuerdo de todos como un

sueño que, en algún momento, pudo convertirse en pesadilla.—Manuel María

 

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