Autor: Carrascal Rodríguez, José María. 
 Sahara. ONU. 
 A un clavo ardiendo  :   
 Se quiere acoger Marruecos en su batalla diplomática. 
    Páginas: 1. Párrafos: 18. 

O. N. U.

A UN CLAVO ARDIENDO

se quiere acoger Marruecos en su «batalla diplomática»

NACIONES UNIDAS, 24. (De nuestro corresponsal, José María CARRASCAL.)

La Asamblea General dedicará todo el día de hoy a debatir en conjunto los temas de descolonización,

para dejar a su Cuarta Comisión, la especializada en ello, concretar el debate sobre el Sahara por la noche.

Ambos debates van a añadir, sin embargo, muy poco a lo que ya el grupo africano ha señalado. A saber,

un proyecto de resolución donde:

1. Se reconozca el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.

2. Que en la consulta que se haga para ello, bajo el patrocinio de la O. N. U., se le presente no sólo la

posibilidad de la independencia, sino también si desea unirse a cualquiera de los Estados Vecinos.

. EL REPLIEGUE ESTRATÉGICO MARROQUÍ

Los marroquíes llegaron aquí con muchas ilusiones, pero han tenido que ir replegándose, a medida que no

alcanzaban sus objetivos. Escalonadamente, éstos eran:

a) Obtener el visto bueno de la O. N. U. al acuerdo tripartito de Madrid.

b) A falta de ello, buscar una fórmula ambigua, que se limitase a confirmar el derecho de los

saharauis a la autodeterminación, pero sin especificar cómo. Haciéndolo a través de la,«Yemaa» se

cumplían siquiera las apariencias. Pero tampoco eso satisfizo aquí, donde se pide que la consulta sea

garantizada por la O. N. U.

c) No alcanzados sus objetivos, Marruecos parece intentar ahora que, al menos, la Asamblea

General no condene los acuerdos de Madrid, introduciéndose en la resolución un párrafo, donde se

«lamente que dichos acuerdos no hayan tenido en cuenta al pueblo saharaui». Es en lo que está.

. EL ARTÍCULO 103

¿Por qué esta batalla, que parece teórica, tras no haber conseguido la ratificación del acuerdo tripartito?

Pues porque aunque es teórica, puede ofrecer el último clavo ardiendo al que agarrarse. El artículo 103

de la Carta de las Naciones Unidas dice que en caso de que un acuerdo firmado entre sus Estados

miembros sea contrario a la Carta, prevalecerá ésta. Según ello, cualquier alusión en la resolución a

aprobar por la Asamblea General que contradiga los acuerdos de Madrid, ilegalizaría aquéllos. Y

Marruecos, aunque está decidido a no hacer caso a la resolución sobre el Sahara si ésta no le es favorable,

quiere evitar, naturalmente, incorporarse el territorio sobre bases inválidas internacionalmente.

Es verdad que sus representantes dicen que las soluciones de hecho que ellos con España y Mauritania

ofrecen son mil veces más valiosas que las teóricas que la O. N. U. puede ofrecer, pero a nadie gusta ir

contra la ley.

. ESPAÑA

Ante esta batalla diplomática en y tras la escena, España ha adoptado una postura de casi pasividad,

limitándose a exponer su actitud y dejando batallar a Marruecos con sus escasos pero decididos aliados

frente a Argelia, con la mayoría, detrás.

Esta postura de ver y esperar pensamos que es prudente, sobre todo ante la posibilidad de mucho perder y

nada ganar saltando a la arena. Ya hemos estado expuestos en todos los terrenos últimamente en el

Sahara.

Ello no impide, sin embargo, irse haciendo una pregunta: ¿qué hacer si de aquí sale una resolución

contraria ya directa, ya implícitamente a los acuerdos tripartitos? Es una posibilidad en la que muy bien

podemos encontrarnos en escasas semanas.

He tratado de recoger opiniones por estos pasillos, y no he encontrado críticas frontales a la actitud

española e incluso a los acuerdos de Madrid como medio de hacer frente a la «marcha verde». Pues todo

el mundo está convencido de qué ésta sólo podía detenerse o a tiros o negociando. Y ante el hecho de que

el Consejo de Seguridad no fuese capaz ni siquiera de condenar esa marcha —recuérdese que sólo la

«lamentó»— a nadie extraña que España no intentase ser más estricta defensora de los principios de la

O. N. U. que la O. N. U. misma.

Lo que en cambio se piensa es que esos acuerdos han ido demasiado lejos, son demasiado cerrados, al no

dejar a la O. N. U. ni una alternativa de salvar la cara. ¿No sería posible todavía un compromiso? —he

oído a más de uno de estos delegados, apabullados por la necesidad de elegir no sólo entre los principios

y la práctica, sino también entre la amistad de Marruecos y Argelia—. ¿No puede compaginarse la

administración provisional de Marruecos y Argelia con un papel más o menos grande de la O. N. U.?

Nadie se opone a que el Sahara sea anexionado por sus vecinos si lo desean sus habitantes. ¿Y no nos

están diciendo que la inmensa mayoría desean esa integración? ¿No parece que al «establishment», jefes

de tribu, personalidades, etc., del territorio, con amplios medios para convencer a sus súbditos, se han

vuelto pro marroquíes, ante la amenaza de un Polisario que, sin duda, está manejado desde Argelia? ¿Por

qué entonces no se celebra una consulta que daría a Marruecos y Mauritania legalmente el territorio; a

Arge1ia, satisfacciones; a la O. N. U., tranquilidad de conciencia, y a España, el saber que ha,

descolonizado hasta el final, según el derecho y sin haberse enemistado con ningún país?

 

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