Autor: Calle, Ángel Luis de la. 
 Sahara. 
 El 28 de diciembre no habrá tropas españolas en El Aaiun     
 
 Informaciones.    01/12/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

SAHARA

El 28 de diciembre no habrá tropas españolas en El Aaiún

* SOLO QUEDARÁ UN GRUPO DE CIVILES ENCABEZADOS POR EL CORONEL

RODRÍGUEZ DE VIGURI

* SEÑOR HALIHENNA RACHID: «EL PRINCIPAL CULPABLE DEL PROBLEMA ES

ARGELIA»

Por Ángel Luis DE LA CALLE (Enviado especial de INFORMACIONES.)

EL AAIUN, 1.

LA actualidad sigue polarizada alrededor de la presencia marroquí en El Aaiún, que se ha hecho algo más

numerosa. Desde el lado español, la gran noticia es la fijación de la fecha tope de la presencia española

aquí. Las unidades militares permanecerán en el territorio hasta el 28 de diciembre en la capital y hasta el

10 de enero en Villa Cisneros. A partir de esas fechas, quedará en el Sahara un grupo de funcionarios

civiles, encabezados por el propio secretario general del Gobierno, coronel Rodríguez de Viguri.

Este último ha comunicado oficialmente a comerciantes e industriales de la capital del Sahara que pueden

tomar la decisión que deseen en el sentido de marchar o permanecer en el Sahara al frente de sus

respectivos negocios. En el mismo sentido los representantes marroquíes de la Administración tripartita

continúan haciendo ofrecimientos y ruegos a los españoles residentes ahora mismo en el Sahara para que

permanezcan en sus puestos de trabajo o al frente de sus industrias una vez pasada la fecha tope prevista

por las autoridades españolas para la presencia en el Sahara.

En otro plano, una de las figuras «estelares» de la nueva situación del Sahara, caracterizada, como

decimos, por la presencia marroquí en el territorio es, sin duda, Halihenna Rachid, que ha regresado a su

ciudad tras seis meses de ausencia. El señor Rachid era secretario general del P.U.N.S. (Partido de unión

Nacional Saharaui) desde su fundación y de él se dijo que había huido a Marruecos con parte de los

fondos con que contaba el partido, cuya creación contó con los auspicios y las benevolencias de las

autoridades españolas.

Halihenna vive en el parador nacional de El Aaiún protegido por el mismo sistema de vigilancia y

seguridad que las autoridades marroquíes llegadas aquí para hacerse cargo de la Administración tripartita

del territorio. Viste de forma elegante, a la europea, y hasta ahora no le he visto ponerse una «derrah»,

túnica característica de los saharauis. Si se le ha visto, por el contrario, vestir chilaba y fez para acudir a la

ceremonia religiosa que el sábado se celebró en la mezquita de El Aaiún. Habla con mucha seguridad, y

parece inteligente. En nuestra conversación no ha eludido ningún tema.

Le pido que haga un breve resumen de su impresión personal sobre la forma en que se está desarrollando

la nueva etapa del Sahara. Su respuesta es la siguiente:

—Hay que buscar el origen del problema, que, si ahora existe, es porque aquí ha crecido una ideología

importada, que está costando muchas dificultades a la población del Sahara. La principal culpable es, por

supuesto, Argelia, y luego, en cierta medida, España. Este conflicto se podía haber arreglado hace años,

cuando no existía ningún tipo de reivindicación nacionalista. Argelia no tiene nada que ver en el asunto.

Ha sido Marruecos quien, tradicionalmente, ha reivindicado el Sahara. Pero, de cualquier forma, es

preciso ser realista: España y Marruecos han llegado a la solución más apropiada, y lo perdido por los

españoles en cuanto a la amistad con Marruecos, se recuperará en cualquiera de los planos. Marruecos

tiene los pasos abiertos a España, como el propio Rey Hassan II ha dicho, y a partir de ahora España será

la pasarela definitiva del mundo árabe hacia Europa. Insisto en que es cierto que España pudo haberse

aprovechado perfectamente de la situación hace años. Pero tal vez por inexperiencia política no lo hizo a

su debido tiempo.

—¿Qué opina usted de la situación de los compatriotas, tras su regreso?

—Debo reconocer que me duele mucho lo que he visto. Argelia ha causado muchos problemas a mis

hermanos y ha hecho un gran mal, consentido por España. Argelia ha utilizado a España como cebo y ha

tratado de crear un pueblo que no existe. Me precio de haber estudiado y conocido la mentalidad de mi

pueblo y conozco su versatilidad. El saharaui además observa quién tiene la fuerza y la opinión nunca es

uniforme.

¿Pensaba usted así cuando se creó el .P.U.N.S.?

—Mi proceso mental es muy curioso. Yo he nacido aquí y jamás había tenido ningún contacto con

Marruecos. La idea originaria del partido era precisamente por lo que le he dicho antes acerca de la

inseguridad política de los saharauis, conseguir un consenso mediante el cual pudiéramos saber cuál era la

línea a seguir. El partido trataba de conocer qué quería la población del Sahara. Insisto en la idea de la

psicología saharaui, que solamente puede ser en dos posiciones extremas: o tranquila y sumisa o salvaje,

indomable, irrazonable y extremista.

Se llega a la conclusión de que el Frente Polisario no era la solución ni para el Sahara ni para España. Y al

final acabé decidiendo que el futuro estaba en unir el pasado con el presente, en juntar las viejas

relaciones e influencias de Marruecos aquí con lo que hoy es el pueblo del Sahara. Todo el mundo creyó

que mi marcha a Marruecos era una chiquillada, e incluso se inventó toda aquella historia de la caja y el

dinero del partido que yo me había llevado. Me marché por convencimiento personal, sin llevarme nada,

sin ninguna presión marroquí y convencido de que cualquier proceso de autodeterminación se haría

siempre fuera de la realidad.

—¿Y para quién ha estado trabajando el P.U.N.S. durante su ausencia?

—Lógicamente para mí, que soy su Jefe, y para nuestra idea. Lo prueba el simple hecho de que Duhe

Sinda, que hasta ahora figuraba como secretario general, está ahora mismo en Rabat. Lo que ocurre es

que, de cara al exterior, había que tomar dos opciones: o ser declaradamente promarroquíes, con lo cual

hubiéramos tenido problemas con las autoridades españolas, que en esos momentos no favorecían en

absoluto el acercamiento hacia Marruecos, o seguir la postura que la Administración española propiciaba.

Realmente había que convivir.

—¿Cuál es la razón de su presencia aquí? ¿Va a ocupar algún cargo en la nueva Administración?

—Es pronto para saber lo que yo voy a hacer en el Sahara; de cualquier manera, mi presencia ha dado

moral al partido, aunque su existencia dependa de los intereses nacionales del momento. Mi partido,

lógicamente, se ha debilitado en mi ausencia, sobre todo porque España, que mantenía una postura

favorable a la independencia del Sahara, tenía que agarrarse al clavo ardiendo del Frente Polisario. Pero

dejemos el pasado y miremos hacia el futuro, que es el que nos interesa. Estoy convencido de que se

van a hacer grandes cosas. Es muy importante para España abrir, con su postura realista de los últimos

momentos, una nueva página de la historia de las relaciones entre los dos pueblos, que se caracterizará

por tener más moderación, más realismo y menos propaganda. Y para los que piensen en que las

Naciones Unidas deberían tener un papel importante en esta situación, debo decir que sería mucho más

duro aceptar un problema en esta zona ya conflictiva del mundo. La misión de las Naciones Unidas es

evitar focos de tensión, y si el organismo internacional se muestra al final contra el acuerdo tripartito, lo

que hará es crear un foco de tensión en lugar de evitarlo.

INFORMACIONES

1 de diciembre de 1975

 

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