Autor: Fernández Martín, Tomás. 
 Maria Victoria Fernández España, vicepresidenta tercera del Congreso. 
 Alianza Popular busca el centro derecha auténtico     
 
 Pueblo.    13/11/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 27. 

MARIA VICTORIA

FERNANDEZ ESPAÑA,

vicepresidenta tercera del Congreso

ALIANZA POPULAR BUSCA

EL CENTRO DERECHA AUTENTICO

Se siente recién llegada a la vida política. Asegura que no sabe decir no a cuantas propuestas

profesionales te lle-gan. Escritora y periodista, se presentó a tas pasadas elec-ciones encabezando la listo

de diputados de Alianza Popu-lar par la Coruña. Es una de las pocas mujeres que tienen escaño en las

actuales Cortes y la primera mujer que accede a la Mesa del Congreso. María Victoria Fernández España,

más conocida como Victoria Armesto, fue elegida el pasado día 18 vicepresidente tercera del Congreso.

"Cuando salf elegida—nos ha dicho—me pareció algo así como ese caba-llo en las carreras sobre el que

no se apuesta como ganador, pero que de repente, en el tramo final, se mete y sale a cabeza. Soy

consciente de mis limitaciones y por ello pensé que esto me supondría un esfuerzo tremendo paro

ponerme a la altura de las circunstancias,"

"Tenemos que empezar a caminar libres de cualquier sombra del pasado" * "Ir avanzando, pero con

ciertas amarraderas" • "Temo que el cambio actual sea dema-siado brusco" • "A la mujer española que

trabaja se le ha negado la oportunidad de sobresalir"

HACE muy pocos meses, María Vic-toria Fernández. España no pen-saba dedicarse a la política activa.

No perte-necía a ningún partido ni proyectaba afiliarse. Pero allá por el mes de abril tuvo una

convenación con el secretario general de Alianza Popular, Manuel Fraga.

— Fue él quien me metió en este brete. Pero en cierto modo, y sin darme cuenta, me había preparado para

la política. Primero, por una razón que podríamos llamar "genética". Mi abuelo fue durante muchos años

dipu-tado por La Coruña, prime-ro en las Cortes de la I Re-pública y después en la Restauración.

Entonces, es-tas cosas, de algún modo, se heredan; se hereda cierta predisposición, ciertas ten-dencias.

Por otra parte, se daba el hecho también de que a través de mi compe-netración con Galicia, de mi amor a

la tierra, me habla unido mucho a todo el mo-vimiento de reivindicación galaica. Es decir, a raíz de la

publicación de mi libro "Galicia feudal", llevaba ya muchos años dando conferen-cias en gallego por toda

la región y era conocida en casi toda Galicia, Y esto, desde el punto de vista de la política, era una

ventaja, Así, pues, Fraga me llamó para decirme que le parecía la persona más indicada pa-ra abrir las

listas de Alianza en La Coruña. En un primer momento no supe qué decir-le, pero después pensé que era

casi una oportunidad única el formar parte de es-tás primeras Cortes.

—¿Conocía con anterio-ridad a Fraga ?

— Realmente no nos co-nocí amos apenas. Hace tiempo tuvimos algunos ro-ces. Pero todo

esto habla quedado ya olvidado. La primera vez que le traté fue cuando se marchó de emba-jador a

Londres. Le recordé en aquella ocasión el ejem-plo de Gondomar, el gran embajador gallego en Lon-

dres, y ese refrán castellano que dice; "Con todos, gue-rra, y paz con Inglaterra." Después, siendo él

ministro de la Gobernación, le fui a ver un par de veces. Una para recomendarle algunas gentes que

volvían del exi-lio y que estaban en malas condiciones, y otra por moti-vos ecológicos; porque esta-ba

preocupada por ciertas industrias nocivas. En este par de contactos me quedé muy sorprendida por

su enorme talento y me pare-ció que era un hombre de gran corazón. Después, cuando le empezaron

a ata-car tanto, me pareció que era injusto lo que estaban haciendo con él; me pareció que estaban

destruyendo a una persona valiosa. Porque hay cosas peores que matar a un hombre, y es, como dicen

los ingleses, matar un carácter. Y escribí en YA un artículo que llevaba por título "Matar un carácter". No

pertenecía a Alianza, pero escribí aquello por pura generosidad de cora-zón, porque me parecía

un error para España intentar prescindir de una persona que me parecía muy va-liosa.

—En el mes de abril ha-bló con Fraga y acepto su propuesta...

—La verdad es que por entonces no pensaba yo en Alianza. Además, por

posiciones liberales, justas, sociales, regidas por el hu-manismo cristiano, que da contenido y

trascendencia a la vida. Victoria Armesto, ¿no estaría mejor en UCD que en Alianza?

—Creo que no. Sincera-mente, pienso que entre UCD y Alianza las diferencias son mínimas. Lo que pasa

es Ignacio de que "en tiempo de adversidad no es bueno hacer mudanza". Entonces, con gran sagacidad,

dejó que las cosas se decantaran y siguieran su curso. No ha-bla más que dos salidas: o constituirnos en

un partido de extrema derecha, hacia lo que no teníamos inclina-ción ni el señor Fraga ni la

parte, debo decir también que si este partido nuestro se liega a estructurar como tal—porque, de

momento, está todavía en agraz—, puede multiplicarse en po-quísimo tiempo. Las en-cuestas demuestran

que Alianza es un partido en alza. —María Victoria Fer-

aquel tiempo me s e n t ía más a la izquierda; es decir, que de haberme afiliado a algún partido lo habría

he-dió al socialismo histórico, porque siempre he sido muy admiradora de Prieto, Bes-teiro y de las

grandes figu-ras del socialismo. Me hu-biera unido a ellos, o si no, a los liberales de Larroque, que me

parecían las perso-nas más afines a mi manera de pensar. Pero tras la con-versación con Fraga y co-n o c

e r el programa de Alianza, comprendí que, en realidad, no habla, diferen-cias esenciales entre mi

pensamiento y el espíritu del partido.

Libras del pasado

—Coincidencia con. el es-píritu de Alianza. ¿Con sus dirigentes también?

—También debo decir—y no debo ocultarlo—que al-gunas personas, incluso gentes que estallan en aque-

llos momentos iniciales cer-ca de mi, tenían otros prin-cipios más nostálgicos del pasado, más unidos, a

un pa-sado que yo no quería re-cordar. Porque hay una coma muy clara, y es que los muertos no deben

mandar sobre los vivos. Me niego a entrar en la dialéctica fran-quismo-antifranquismo. El franquismo fue

un hecho histórico que ya pasó. Yo, por suerte o por desgracia, no me vi envuelta en ello en su momento.

Y creo que hoy en España no es natural, ni razonable, ni sensato, ni ló-gico que los muertos sigan

mandando sobre los vivos. Tenemos que empezar a ca-minar libres de cualquier sombra del pasado; es

de-cir, tenemos que ir hacia un futuro, olvidando un pasado que si fue duro por un lado, también lo fue

por ei otro. Yo por eso jamás he querido atacar a Carrillo a cuenta de su pasado.

—Alguna vez Victoria Ar-mesto ha dicho que quiere llevar a la derecha a unas

que UCD es un partido su-jeto a muchas contradiccio-nes. Deseo que prospere, para el bien de España;

pe-ro, pese a mi corta expe-riencia política, no acabo de ver cómo un centro puede sustituir a la derecha y

a la Izquierda. En todos los paí-ses hay una derecha, una iz-quierda y un centro peque-ño. Hay en UCD

una ambi-valencia que va a hacer di-fícil su supervivencia en el supuesto de que un día per-diera el poder.

Kilos no so-portarían nunca lo que es-tamos soportando nosotros; es decir, si se ven reduci-dos, como

Alianza, a dieci-séis diputados, ellos no lo resisten. Nosotros lo hemos hecho, y estoy convencida de que

nunca Alianza vol-verá a tener tan pocos vo-tos como los que consiguió en estas elecciones.

—´Entonces, ¿ cómo cree que se va a presentar el fu-turo Inmediato?

—No sé lo que va a ocu-rrir. Pero sf veo que la na-turaleza odia el vacio. Que España necesita un partido

de centro-derecha, es tam-bién para mí clarísimo. Cómo se va a constituir ese partido, es lo que, a pesar

de ser un poquito meiga, como las de mi tierra, no acabo de ver. Me imagino que habrá una democracia

cristia-na—que resurgirá—; que habrá un partido popular o una parte de lo que hoy es centro, y que habrá

una Alianza Popular... Todo ello formará un fuerte núcleo de centro derecha, con una ideología muy afín,

que es lo que hoy no tiene UCD.

Nueva Imagen

—Alianza Popular t e n-dría que cambiar de Ima-gen...

—Creo que ha cambiado ya de imagen. Después de la derrota electoral, muchos pensaron que AP debía

cambiar de nombre. Fraga se resistió a hacer nada, re-cordando la frase de San

mayor parte de sus colabo-radores, o bien volver al ser natural, que se había visto perturbado debido a

unas circunstan c i a s adversas, errores de planteamiento y errores de elección. Pero ne-cesitábamos que

la opinión pública se diera cuenta de ello. ¿Cómo? Pues sencilla-mente; ha bastado que Fra-ga haya

presentado a Carri-

llo en él Club Siglo XXI para que la opinión pública se dé cuenta de que no somos una ultrad e r e c h a.

Nos han abandonado, ciertamente, elementos a «u modo valio-sos, pero que están en otros parámetro»,

Nosotros, por nuestra parte, tenemos que constituirnos en un centro derecha auténtico, en lo que somos. Y

en ese camino estamos.

Partido en alza

—Con la nueva imagen de Alianza, y tras las posi-bles deserciones, ¿ Alianza habrá ganado o habrá per-

dido?

—Es posible que pierda militantes, pero habrá ga-nado electores. Por otra

nández España ha dicho que en algunos de sus plantea-mientos ha estado bastante cerca de los

planteamientos del socialismo histórico.

—Siempre me atrajo mu-cho el socialismo histórico. Me atraía del socialismo lo que significa de libertad,

de amor al pueblo; siempre lo vi como un símbolo de fraternidad. Pero cuando empecé a pensar un poco

las cosas seriamente, me pa-reció que todo sistema so-cialista comporta un au-mento de la burocracia, y

en este país sobra burocra-cia. Por otra parte, estaban mis principios éticos y reli-giosos; la rigidez que el

so-cialismo comporta y en el que me hubiera visto un poco incómoda... También no acallaba de ver claro

si el socialismo español iba a pasar, como el alemán, por Bad Godesberg.

—¿Cuál es, en definitiva, su filosofía política ?

—MI filosofía política es bastante liberal. Creo en el pluralismo democrático; en un sist e m a bipartidista,

donde el relevo de un parti-do por otro en el poder no comporte un trauma, tina tragedia. Yo quisiera

llegar a una Esparta donde todas las tragedias del pasado de-saparecieran; una España donde el eventual

acceso de los socialistas, por ejemplo, al poder no comportara un cambio total de vida y de existencia. Yo

quizá por eso me he unido más a la dere-cha, porque he tenido miedo de que el país cambiara ab-

solutamente de golpe y no dejara títere con cabeza. Me pareció que era conve-niente guardar ciertos valo-

res; porque si se iba todo, se iba también la esencia de Espafta. Temí, y sigo te-miendo, que el cambio sea

demasiado brusco; que sea excesivo y que no Jo poda-mos resistir. Durante mi campaña electoral conocí

a muchas gentes que viven todavía en el antiguo siste-ma de valores. Y a esta

gente la tenemos que sal-var; gente que no está dis-puesta a admitir cierto» cambios que les queremos dar

asi, de la noche a la ma-ñana. Creo que hay que Ir con ana poca cautela. Una cierta prudencia es menes-

ter si no queremos llevar a estas gentes a unas tensio-nes tremendas. Creo que no podemos llevar a esta

socie-dad a unos cambios radica-les; no podemos dejarle sin valores a que aferrarse. Te-nemos que ir

avanzando, sí; pero con ciertas amarrade-ras.

in la Mesa del Congreso

— ¿Esperaba acceder a una vicepresidencia de las Cortes?

—Lo de la vicepresiden-cia no se me hubiera ocurri-do jamás. Hasta es asf que cuando en el seno del

grupo se planteó el tema de las nuevas vicepresidencias, yo di el nombre del que me «pa-recía la persona

más idó-nea. Cuando por iniciativa de Manuel Fraga, y con la aquiescencia unánime de to-dos los del

grupo, me propu-sieron a mi, me quedé, como dicen los franceses, muy "flateé", muy halagada. Pero

pensé que la candida-tura no iba a resultar, que seria uno de tantos proyec-tos que quedan en el papel. Es

más, el día de la vota-ción estaba convencida de que no alcanzaría ni la vice-presidencia cuarta. Desde

luego, al conocerse los re-sultados, no me lo acababa ni de creer; me quedé un poco anonadada.

—¿Por qué su candida-tura por parte de Alian-za?

—Creo que en este caso jugó bastante fuerte mi condición de mujer. Manuel Fraga pensó que la mujer en

las Cortes no tenia todo el relieve que se podría de-ducir del electorado femeni-no; un 52 por 100, como

se sabe. Por otra parte, es de señalar que Alianza es un partido donde las mujeres tienen una influencia

enor-me. Y entonces mi candida-tura era como un homenaje a todo este apoyo que nos prestan tantísimas

mujeres a lo largo de Espafta. —¿ Feminista ? —Soy y he sido muy fe-minista. Sobre todo en cues-tiones

´laborales. Creo que a Iguales trabajos, Iguales sa-. larios; a iguales carreras, iguales oportunidades, En la

vida española, a la mujer que trabaja se le ha negado la oportunidad de sobresa-lir. La mujer ha de tener

siempre en cuenta que si reivindica derechos, está reivindicando también de-beres y, por tanto, no puede

después escudarse en su sexo para no rendir. Por otra parte, siempre he esta-do en contra de la doble mo-

ral. Me parecía injusto que hubiera una moral para el hombre y otra para la mu-jer. Ahora bien, mi natura-

leza no es extremada. Estoy aquí defendiendo valores fundamentales. Y la mujer española, debido a la

discri-minación que ha sufrido du-rante tantos años, no está preparada para afrontar la crueldad de la vida

moder-na. Debemos, pues, procu-rar que esta crueldad le lie» gue a ella lo menos posible; por etapas. Yo

sé que sí ahora comenzamos a votar un divorcio fácil, unan fór-mulas sociales supermoder-nas, muchas

mujeres no van a poder soportar este cam-bio. Hay que luchar porque el cambio venga por etapas.

Tomás Fernández Martín

(Foto María Silver.)

fég, 9 — VA

 

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